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Que el gallego salga de dentro

Olga González Alonso
sábado 13 de diciembre de 2008, 18:31h
Presentaba el otro día la secretaria general de Política Lingüística de la Xunta de Galicia una nueva campaña para promover la lengua gallega, una más de esas ideas creativas diseñadas con el objetivo de que los gallegos mejoren las estadísticas relativas al idioma, aunque sea a costa de cambiar sus costumbres y sus gustos y dejar de hablar como les place para hacerlo como manda el bipartito.

Un cambio que hay que promover muy desde el inicio. Tanto, que el nuevo producto de marketing se dirige a los recién nacidos. No contenta con la imposición del gallego en la enseñanza infantil, primaria y secundaria, la secretaria general quiere dar un paso más y pretende que hablen esa lengua los que aún no tienen capacidad para hablar ninguna. Con esa finalidad, va a distribuir 15.000 maletines entre otras tantas mujeres embarazadas con una especie de kit del neonato autóctono, cuyo contenido va desde un listado de posibles nombres gallegos hasta pegatinas para el coche, pasando por poemas musicados y consejos para criar al bebé en clave de país, que diría Quintana.

Dijo la secretaria, cuando presentó la cosa, que la intención es que el gallego “le salga de dentro de forma espontánea” al recién nacido, sin pensar, seguramente, en lo poco que puede salirle de dentro a alguien que acaba de nacer, salvo algún que otro llanto o gruñido y otros elementos espontáneos que, por su carácter escatológico, prefiero no mencionar. Que el gallego nos salga de dentro es lo que quisieran estos que se hicieron gobernantes a costa de vendernos la libertad que ahora nos coartan. Y es justo lo que no consiguen, porque aún no han aprendido que lo de imponer es contraproducente y que contra las costumbres no valen decretos ni horas de asignaturas y poco pueden hacer las campañas por mucho maletín que les pongan. Si uno está acostumbrado a hablar en castellano, seguirá haciéndolo aunque se empeñen en querernos convencer de que es ese un hábito tan nocivo que hay que empezar a erradicarlo tan pronto sale uno del útero de su madre.

Así lo demuestran las estadísticas, contra las que la Xunta lucha con acciones verdaderamente llenas de creatividad. Una de ellas, por ejemplo, consiste en organizar, a través de la página de la Secretaría en Internet, un concurso de epitafios en lengua gallega en el que, entre las ideas aportadas por los participantes, se pueden leer propuestas como “murió con las bragas puestas” o “perdonen, señoras, pero ya no se me levanta”, en una clara demostración de que la lengua gallega es tan multifuncional como cualquier otra y, como las ideas geniales del bipartito, no está reñida con el mal gusto.

Lo del kit para embarazadas y lo de los epitafios forman parte de una rama algo obsesiva de la política de desnormalización lingüística de los bipartitos que, hartos de comprobar cómo al común de los ciudadanos el gallego no les sale de dentro, se empeñan en que lo utilicen los que no pueden hablar de ninguna manera, unos por demasiado pronto y otros por demasiado tarde. Una idea que tuvo su primer paso en una propuesta para galleguizar los entierros, los funerales, las coronas de flores, las lápidas, los cementerios y, si les dejan, hasta los propios muertos.

Pero todo esfuerzo tiene su recompensa, y así, en Galicia podemos presumir de vivir en una Comunidad en la que, gracias a tanta política lingüística y a la inestimable aportación de la LOGSE, nuestros niños y jóvenes cometen faltas de ortografía en dos idiomas, ahí queda eso. Y es que nadie parece preocuparse de que, en gallego o en castellano, sea la cultura en general la que salga de dentro.

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