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RESEÑA

El abrazo poético de Félix Maraña: Vivir entre comillas

Javier Mateo Hidalgo
lunes 15 de diciembre de 2025, 17:15h
Actualizado el: 15 de diciembre de 2025, 19:53h
Portada de 'Vivir entre Comillas', de Félix Maraña.
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Portada de 'Vivir entre Comillas', de Félix Maraña. (Foto: Ediciones Búho Búcaro)

Dentro de este maremágnum que es hoy el mundo, resulta cada vez más difícil advertir las luces que, como faros guía, orienten nuestro navegar. Incluso en el ámbito cultural —refugio por excelencia de la lucidez o de la luz mental—, cierto revoltijo de voces parece imponerse en nuestro paisaje, fundiéndose en una sola y confusa. Su proliferación nos somete a una noche diurna o a un día sin sol constante y desesperanzador. La tierra, en otro tiempo verde y nutricia, ahora se insinúa yerma como la ceniza. Por fortuna, aún quedan espíritus brillantes que hacen de la existencia algo acogedor y con sentido, animándonos a persistir en nuestro optimismo. Autores que dejan una caligrafía propia en cualquiera de sus textos impresos. Uno de ellos es, por derecho propio, Félix Maraña (León, 1953). Porque su letra, su contenido, es reflejo de su alma, transparente y lucífera. En fin, una persona buena que nos hace sentir “nostalgia del futuro”, creer en lo que vendrá. Su forma de ser, siempre entregada por desinteresada y generosa, deja tras de sí un reguero de hermandad. Él lo ha dicho muchas veces: la poesía, según su amigo y maestro Gabriel Celaya, “crea amistad”. Quien esto escribe da fe de ello, pues su amistad me ha llevado a otros autores y —lo que es más importante— a nuevas e imperecederas amistades. Ahora, nos brinda un nuevo poemario que es plaquette y que destina al sello Búho Búcaro, siempre generoso y entregado con la causa lírica. Los encargados de pilotar la nave editorial, Óskar Rodrigañez Flores y Pilar Sastre Tarduchy, han diseñado un magnífico número sesenta de su colección, convertido en objeto de deseo para el coleccionista bibliófilo y amante de la poesía.

Vivir entre comillas es una auténtica enciclopedia ilustrada e ilustradora de afectos. No sólo por el contenido siempre cálido y certero de los poemas que contiene, sino por los dedicatarios de los mismos y por quienes homenajean al autor mediante diversas ilustraciones. En la primera categoría se encuentran amigos —a cuyo nombre acompaña una descripción afectuosa por parte del poeta— como Valentín Martín, Carmen Gual Barrios —motivo para un poema tanto en español como en catalán—, Javier Lostalé (“que canta la poesía del mundo”), Enrique Gracia Trinidad y Soledad Serrano (“gracia y valor perpetuo de la poesía”), Susana Agustín y José Antonio Expósito (“en el camino”), Marcela Filippi (”que canta la poesía de todos en el idioma de Dante”), Víctor Claudín (“memoria y cultura”), Ana Urrutia Jordana (“en la Universidad y en la vida, de mar a mar”), José Blanco (“poeta siempre y sin dejar de serlo”) o Luis María Pérez Martín (“que metió el rock en el soneto”). También aparece homenajeado en el interior otro amigo íntimo, Gabriel Celaya —en un poema que recuerda el día en que esparcieron sus cenizas—, así como el recientemente desaparecido poeta y músico Pablo Guerrero en la contracubierta —a quien Maraña tuvo siempre un gran cariño: “no sabría decir cuánto te quiero, / te pareces al hombre que quisiera / para labrar la nueva sementera, siembra y cosecha del mejor tempero”. Igualmente se celebra a la artista de la vanguardia histórica y esposa de Pablo Neruda, Delia del Carril Iraeta (Posiblemente viernes). En la segunda categoría figuran imágenes surgidas de creadores como Concetta Probanza, Jorge Oteiza, los “juevesianos” José Antonio Fernández “Fer” o Joaquín Aubert “Kim”, Adolfo Luzuriaga “Txispas” o Luis Ramón Mendiguren “Menta”. Ni son todos los que están, ni están todos los que son en esta reunión libresca —resulta milagroso que en un formato tan bello por humilde quepan tantas almas— pero, en fin, sirva como muestra este botón. Entre unos y otros, por cierto, figura este servidor, lo cual nunca agradecerá lo suficiente.

Los temas que conforman Vivir entre comillas se presentan variados y cruciales: la Herencia de un tiempo gris como fue el de la dictadura, tras el cual se impuso la reescritura del argumento de la vida por parte de quienes lo vivieron: “de todas las verdades que nos dieron, / la mayor parte había caducado. / Tuvimos que inventarnos otro mapa / donde dibujar sin ira algún futuro”. También la presencia actualmente y en otros lugares de la pena de muerte, como en Estados Unidos, sirve para abrir la espita crítica del autor, como en La libertad de morir fusilado: “El mundo hoy tiene más motivos / para sentir que la vida / es un bien que cotiza a la baja”. Los poetas, en su sentir, se muestran vulnerables ante las injusticias del mundo (Juan Gelman, profundamente herido); a su vez, a través de su lírica, pueden sanar, como en Súplica: “Escríbeme un poema lentamente, / que taladre distancias. Recluta / los nombres del amor y, cual cicuta, / se imprima en los veneros de mi mente”. Se reivindican los momentos de felicidad plena, asociándolos con la infancia: “Por eso son tan importantes / la escuela / y la memoria / en pantalón corto” (Nostalgia). Hay también una crítica desde el humor hacia la poesía escrita por los poetas actuales: “No saben los poetas de ahora / que Google no es dios, / que Dios no existe. / Pero estas cosas ya deberían saberlas / y tenerlo por cierto / a eso del mediodía y no lo saben”. Hay igualmente lugar para el Testamento vital, en el que se pide que “ no se oficien oficios ni rituales, / ni se cante mi vida, ni se mienta. / Hice cosas muy malas y otros males, / hice cosas, si buenas, mejorables. / Nada pude corregir en el trayecto / pues solo fui un hombre mientras tanto”. La vida es Tiempo de descuento desde que se nace, mientras que “sólo se muere de haber vivido” (Amanece algunas veces). Como no se puede uno “morir todos los días” ni “vivir fuera de tiempo”, al menos hay que evitar que nos den hecho aquello que de nosotros no merecíamos (Vivir sin aire). Maraña alude a nuestra vanidad recordando que “no somos nada y nos creemos dioses con territorio” en Cerezas.

Como afirma en el prólogo el cantautor navarro Javi Martín, debería haber más Félix Maraña en el mundo —a ser posible, uno en cada pueblo—. Falta más de su amor por las cosas que lo valen, su humor e ironía, su sentido crítico y su emoción. Por eso, aunque haya quien no le conozca en persona, bastará con que lea de Félix Maraña ese abrazo que dedica al mundo a través de su cuidada escritura. Más allá de la técnica, está su sentir. Ya lo dice Ramón Eder de los sonetos de nuestro autor hechos “soñetos”, a modo de epílogo del poemario: “Soñetos serían sonetos con corazón, no sólo bien escritos desde el punto de vista técnico, sino poemas cordiales que, por lo menos uno, habría que aprender de memoria”.

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