España y el resto del mundo dan la bienvenida a un nuevo año.
Tras un año marcado por los escándalos de corrupción del PSOE y el Gobierno, en este año nuevo que arranca se suman las voces que piden a Pedro Sánchez un adelanto electoral para salvar a España del deterioro institucional y de credibilidad en el que se encuentra el país.
Las causas judiciales en las que se encuentra inmerso el PSOE, cuyas cuentas investiga la Audiencia Nacional, y el encarcelamiento de dos de sus secretarios de Organización han provocado un tsunami en las propias filas socialistas, entre quienes dirigentes históricos han pedido sin ambages un cambio de rumbo.
Con un presidente del Gobierno ampliamente cuestionado arrogarse el resto de poderes del Estado y entre acusaciones de colonizar el resto de instituciones, el hastío se palpa en todos los estratos de la sociedad, de todo color y condición.
Por mucho que intente ocultarlo o disimularlo o tergiversarlo, 2025 ha supuesto un año nefasto para el jefe del Ejecutivo, que encara el nuevo año de nuevo sin Presupuestos y con tres nuevas citas electorales - Aragón, Castilla y León y Andalucía - que pondrán a prueba una vez más el respaldo a su partido en las comunidades tras haber experimentado ya un batacazo histórico en Extremadura, donde los votantes castigaron su gestión.
El año que arranca ahora servirá también para seguir tomando el pulso a los apoyos del Gobierno en el Congreso en un juego de equilibrios que evidenciará votación a votación la debilidad parlamentaria del Ejecutivo, rehén de sus socios de investidura.
Y, mientras presume de éxito económico, España termina 2025 encabezando las listas del paro y la pobreza infantil en la UE, retos a los que, junto a la vivienda, deberá hacer frente Sánchez desde un sillón en la Moncloa que se resiste a abandonar pese al clamor popular.