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Novela

Agustín Gómez Arcos: Marruecos

domingo 11 de enero de 2026, 17:20h
Agustín Gómez Arcos: Marruecos

Cabaret Voltaire. Madrid, 2025. 332 páginas. 21, 95 €.

Por Óscar Baamonde Castro

La novela sigue la historia de Jalil, un niño ciego y pobre apodado “Marruecos”, cuya vida desde los cinco años transcurre en un entorno de extrema precariedad. Trasladando al lector por las calles de Marrakech, la narración describe cómo Marruecos debe sobrevivir llevando a cabo los trabajos más exigentes y ayudando a su madre en un contexto marcado por la miseria.

La obra perfila un estilo que nos remite tanto al clásico Lazarillo de Tormes como a la obra de Chukri. Por lo tanto, despliega un recorrido por los códigos propios del género picaresco, poblado de personajes singulares y situaciones inesperadas. La narración combina momentos crudos con otros profundamente humanos y afectivos, a la par que ofrece un retrato vívido y colorido de la vida cotidiana en Marruecos. Al mismo tiempo, la obra funciona como homenaje literario, mostrando cómo la dureza de la vida no es suficiente para opacar las virtudes de un país y su gente.

Marruecos se inscribe dentro de la obra del autor, Agustín Gómez Arcos, como un relato que apunta hacia la infancia, la marginalidad, la miseria, la dignidad del individuo, la construcción de la identidad, en determinados contextos, y el espacio geográfico. Un enfoque desde una perspectiva simbólica y social, en cuanto a la formación del carácter y el espíritu del individuo. En este caso, la novela se construye en torno a la figura de Jalil. A partir de este punto de partida, se desarrolla un relato de supervivencia con la experiencia del protagonista como eje central de la obra y su discurrir narrativo, además de buscar expandirse desde lo particular hacia lo colectivo, por medio de una realidad marcada por un contexto de pobreza, exclusión social y desigualdad estructural. Para representar esto de manera eficaz e inteligente, el protagonista es encarnado por una figura que combina dos aspectos que pueden parecer opuestos, fragilidad y resiliencia.

La estructura de la novela responde a un recorrido episódico, como mencionábamos, cercano al modelo picaresco. Jalil se desplaza por distintos espacios y entra en contacto con una galería de personajes marginales, como él. La supervivencia diaria se impone como la única salida posible, situando la narración en un tiempo continuo. El espacio adquiere una función central en la obra. Cuando accedemos, a través de la óptica del protagonista, al espacio narrado, nos encontramos con que la ciudad de Marrakech se percibe como un escenario vivo, dinámico y, a menudo, hostil. Por sus calles, sus mercados y los lugares de tránsito, la pobreza aparece normalizada y se incrusta en la vida cotidiana.

El estilo narrativo del autor español se caracteriza por un lenguaje directo, con imágenes sensoriales y una prosa que combina el estilo poético y descarnado, sin buscar énfasis en un discurso moral, delegando en el lector cualquier posible interpretación ética sobre los hechos narrados.

La novela no propone un recorrido de un punto A hacia un punto B, ni una estructura clásica de introducción, nudo y desenlace, sino que expone una realidad social compleja a través de la frágil voz de la experiencia.

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