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CRÍTICA DE CINE

El apartamento: la comedia más amarga del mundo

Shirley MacLaine y Jack Lemmon en un fotograma de 'El apartamento'.
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Shirley MacLaine y Jack Lemmon en un fotograma de 'El apartamento'. (Foto: United Artists, The Mirisch Corporation)
Joaquín del Palacio
jueves 22 de enero de 2026, 23:15h

El cine tiene el don de tocar los sentimientos a veces mejor que la vida real. Desde tu butaca contemplas lo que les sucede a los actores y la empatía humana lo transforma en sentimientos propios. Todos sabemos que es un juego, y nos prestamos a él con la única condición de que tanto el relato como los intérpretes sean capaces de llegar a nuestros corazones. Solo cuando lo consiguen estamos delante de una obra que merece nuestro aplauso. Pero hay algunas películas que llegan aún más lejos y desarrollan historias que nos conmueven, nos hacen reír, nos duelen y nos enamoran, haciéndonos olvidar que es ficción. El apartamento es una de esas películas que lo tiene todo, romance, comedia mordaz, drama, incluso crítica social, y está tan bien estructurada, tan bien pensada y tan bien actuada que sin duda es una de las mejores películas de la historia del cine, donde todo encaja, hasta un supuesto final feliz sin alharacas cursis.

Billy Wilder

Decir que Billy Wilder era un genio es quedarse corto. Cuando Fernando Trueba recogió su Oscar por Belle Epoque se lo dedicó íntegramente a este director, y poco me parece, porque ningún otro como él ha sido tan capaz de adentrarse en los sentimientos humanos y regodearse con ellos, retorciéndolos, confundiéndonos y mostrándonos que la vida puede ser oscura dentro de las inocentes risas y que nada es lo que parece a primera vista.

Después del éxito que le supuso Con faldas y a lo loco el año anterior, Wilder decidió rescatar una historia que no pudo filmar antes debido a que el código Hays prohibía hablar del adulterio sin condenarlo explícitamente. Esa ley se derogó en 1958 y el guion de El Apartamento, que había comenzado a elaborar en 1945 se puso en marcha y se convirtió en una película ganadora de cinco Oscar, tres de los cuales fueron directamente para él, como director, guionista y mejor película. Fue también la última vez que ese galardón cayó en una cinta filmada en blanco y negro (La lista de Schindler tiene escenas de color). Su anterior película antes mencionada no ganó el Oscar por enfrentarse a Ben-Hur. En uno de esos guiños cinéfilos, hay una escena al comienzo con cientos de extras entrando en los ascensores como si fuera una carrera de cuadrigas. Wilder decía que sus comedias eran el drama de sus propios personajes y en esta película eso es rigurosamente cierto. En esta que nos ocupa, la idea principal del guion le surgió viendo Breve encuentro de David Lean.

A Wilder, de origen alemán, le gustaba EE. UU., pero también observaba sus defectos y deficiencias. En muchas de sus películas es capaz de criticar con mordacidad esa sociedad y hacerlo de un modo cómico, de tal manera que ni el publico ni la censura se diesen cuenta de manera directa de sus intenciones. En El apartamento hace una crítica mordaz de esa sociedad, sobre todo del mundo de la empresa, los despachos, los directivos, el poder y la ambición que tan a menudo obligaban a los mandos intermedios a tomar pésimas decisiones personales solo por satisfacer a sus jefes. También nos hace ver un cambio de actitud hacia temas como la identidad sexual, la prostitución, el adulterio y las relaciones dentro del ámbito laboral. Su éxito respaldaba la propuesta e indicaba la existencia de un público cada vez más deseoso de que se abrieran esas fronteras mentales. Uno de los aspectos más interesantes de su cine es que es tan divertido que nos hace pasar de largo sobre aspectos importantes del ser humano y sobre su manera de ser, es decir, logra un equilibrio sutil entre el drama y la comedia, como pocos o ninguno antes fue capaz de hacer. En sus películas está todo, y en concreto El apartamento reúne el sueño de todo guionista, con el mejor guion de cine de la historia.

El argumento

Buddy Baxter (Jack Lemmon) es el típico empleado anodino de una gran aseguradora. Presta su piso de soltero a ejecutivos de Consolidates Life —no existía aún Airbnb— para que vayan con sus amantes y con ello consigue trepar en la jerarquía de la empresa, especialmente cuando se lo deja a Sheldrake (Fred MacMurray), el jefe de personal. Al tener su piso dedicado al fornicio adúltero debe buscar ocupaciones varias durante la noche y eso genera comedia pues a veces está enfermo en medio del parque mientras nieva, otras veces trabaja hasta altas horas de la noche, pero no por cobrar horas extra sino porque no tiene dónde ir. Y como es un "sin sangre", no tiene vida privada y cuando está en su casa se limita a ver la tele con una cena fría. Lemmon es el mejor actor posible para enternecernos con su patetismo entrañable de americano medio y a la vez hacernos reír con su vis cómica. Su oscuro y pequeño piso es la antítesis de las enormes oficinas de Consolidates life, donde los ascensores representan la subida al cielo, y la ascensorista Fran Kubelik (Shirley Maclaine) encarna al ángel que te transporta hasta allí. Dadas las bacanales que se montan en su casa, sus vecinos le tienen por un fenómeno y le sonríen al verle pasar. Pero Wilder no se conforma con la comedia y nos introduce en una historia de amor, en la que cada día Baxter se enamora de Fran al verla en su ascensor. Lo que desconoce es que esa misma chica es la que yace en su propia cama con Sheldrake, el jefe. Y eso perturba a nuestro protagonista, especialmente cuando ella intenta suicidarse. Del delicado equilibrio entre drama y comedia de esa escena dependía el futuro de la película, y Wilder lo sabía. Una carcajada a destiempo echaría a perder el tono y el trabajo previo. La escena de la reanimación de Fran es solemne y creada para resultar molesta al espectador, con un vecino médico, Dreyfuss, que cree saber lo que sucede en ese apartamento y cuyo tratamiento consiste en abofetear a la mujer para que no se duerma. Lo curioso es que el intento de suicido de Kubelik no hace reflexionar al que lo provocó, Sheldrake, sino a Baxter, que ahí se da cuenta de las consecuencias de prestar su casa para que se consume un abuso y un engaño. Eso le lleva al fin a abandonar su trabajo cuando entiende que ha perdido toda dignidad. Según el propio Wilder "El apartamento era una película moralizante que nos descubre a dos personas emancipándose". La crítica del momento lo calificó de "cuento de hadas sucio", y el director replicó que para que el público entendiera la emancipación había que mostrarles de qué se emancipaban. Y aunque no lo dijo expresamente, a mi entender, se emancipaban de las mentiras, del trabajo alienante, de una vida mediocre y del abuso despiadado.

En el guion se usan muchos objetos icónicos cuya mera exposición evita el dialogo, como las llaves del apartamento que circulan de mano en mano o el espejo roto con el que Baxter descubre que la amante de su jefe es la mujer de la que él está enamorado.

Después de ver esta película varias veces a lo largo de la vida, hay un tema repugnante que me parece que desborda a los demás. Se trata de la idea de la oficina como lugar maquiavélico donde los poderosos utilizan a los mediocres, donde el ansia de ascenso te obliga a arrastrarte para colmar los deseos de quienes te pueden ayudar. Porque no creces por hacer bien tu trabajo sino por ser servil y pasillero. Teóricamente se venden seguros, pero en realidad es una máquina de triturar personas débiles que no se saben defender de los abusos. La vida en Consolidates life supone una metáfora muy clara de la realidad de la sociedad americana de esa época de rascacielos, ascensores y despachos, muy alejada de la falsa moral imperante, que lamentablemente aún perdura.

Algunos secretos de El apartamento

-La fiesta de Navidad en la oficina fue rodada en las navidades del 59 coincidiendo con la fiesta de navidad real del equipo, por lo que no fue necesario que se actuara. Wilder aprovechó la coyuntura para filmar casi todo en una primera toma: "Me gustaría que siempre fuese tan fácil. Hoy, sólo he tenido que gritar 'acción' y retirarme", dijo posteriormente.

-La banda sonora corre a cargo de Adolph Deutsch, pero el popular Theme from The Apartment fue creado por el compositor británico Charles Williams, muy conocido por sus partituras para dramas de BBC radio.

-Sheldrake era el nombre favorito de Wilder, y lo usó en tres películas más: en Bésame, tonto, en El crepúsculo de los dioses y en El gran carnaval.

-En la escena en la que Baxter duerme en el Central Park en medio de la lluvia, Billy Wilder le roció con anticongelante para evitar que se helase el agua que corría por su abrigo.

Epilogo

A menudo nos preguntamos qué hace grande una película. Quizá nadie, ni siquiera Wilder tenía esa certeza con carácter previo, pero una vez hechas y vistas es fácil entender ciertas cosas. Es importante que la película nos interese desde el comienzo, según nos cuenta él mismo: "Me encanta contar historias y conseguir que en una mesa grande todos suelten los tenedores para escucharme. Me imagino al público del cine de una manera parecida. Quizá sea ese el motivo por el que mis películas empiezan con una historia que llama la atención". Es decir, que comenzar con fuerza es fundamental. También lo es servirse del humor para diluir cierta tensión emocional, sin dejar por ello de contar lo que pretendes. El mensaje es importante, tanto como que el espectador esté entretenido, mecido por una historia y unos personajes que le hacen olvidarse de que esa mañana tuvo una inspección de hacienda o un curetaje de encías.

Acabamos con una frase que demuestra mucho de lo que este genio pensaba sobre el cine, la industria y la crítica. Porque Wilder, además de cineasta, era un hombre muy ingenioso en la vida real: "El público nunca se equivoca. Un miembro del público puede que sea un imbécil, pero si juntas a mil imbéciles en la oscuridad del cine tendrás a un genio de la crítica".

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