Fuerzas armadas y externalización
martes 16 de diciembre de 2008, 21:26h
Uno de los efectos más positivos de la reciente y lógica ruptura del corsé que ceñía el número de efectivos militares españoles en el exterior y que ahogaba a veces a nuestros contingentes, ha sido el de poder ponderar la externalización de servicios, en su justa medida.
Un Jefe de Estado Mayor me decía recientemente, que durante unas semanas hubo algo más de 3.000 soldados en el exterior, debido a solapes imprescindibles, a presencia de especialistas en satélites de comunicaciones o de mecánicos de los nuevos blindados. Temía que una noticia de prensa, desencadenase un aluvión de acusaciones políticas.
Los jefes de contingentes y los mandos que los proyectan sea a Líbano, Afganistán o a los Balcanes, ante la limitación de efectivos militares, se apoyaban cada día mas en empresas de servicios, no sujetas a control político. Debe reconocerse, en el caso español, que estas empresas normalmente asociadas en UTEs han dado un muy buen rendimiento.
Pero, la excesiva externalización, también puede producir atrofias a medio y largo plazo. Las Fuerzas Armadas deben conservar su total capacidad de autonomía operativa y logística, estén donde estén, asumiendo por supuesto, que deberán apoyarse en empresas civiles cuando sea necesario. Pero una fuerza militar, proyectada a miles de kilómetros no puede depender totalmente en alimentación y otros servicios, de una empresa sujeta a regulaciones de empleo, a selecciones de personal, incluso a huelgas.
Un interesante seminario organizado en el Centro Internacional de Prensa de Barcelona, con apoyo del Ministerio de Defensa y con el empuje de dos profesoras de la Facultad de Derecho de su Universidad –Güell y Toroja- abordó recientemente este tema. En el extremo más crítico apareció el nombre de Blackwater, la empresa de seguridad norteamericana que dependiendo de la Secretaria de Estado, tantos problemas creó a las fuerzas dependientes de la Secretaria de Defensa, es decir a las Fuerzas Armadas norteamericanas y a las de otros países de la Coalición, entre ellas las españolas.
En España, vivimos otra atrofia preocupante: la de la Sanidad Militar. Decisiones políticas muy discutibles, contaminadas -en mi opinión- por la presión de una pujante medicina privada, desguazaron un prestigioso Servicio, vital para nuestras Fuerzas Armadas, vital para su proyección exterior. El mero hecho de que no dependan de la cadena de mandos militares, sino de la Subsecretaria del Departamento ya señala la dirección con la que se diseñó su desmantelamiento. Se tardaron pocos meses en destruir, incluso físicamente, un prestigioso Hospital del Aire, básico para el control de nuestros pilotos militares y civiles. Se cerraron hospitales que ya tenían convenios cerrados y eficaces con la Seguridad Social. Hoy, traumatólogos y cirujanos búlgaros atienden a nuestros soldados en Herat. Nuestros heridos más graves son evacuados a hospitales norteamericanos ubicados en Alemania.
Es que no hay ingresos de médicos en nuestras Academias. Es que no hay suficientes voluntarios para nuestras misiones en el exterior, que se cubren con un núcleo duro de facultativos a quienes nunca pagaremos su valor y su gesto. Pero no es esto. La Sanidad Militar es un servicio fundamental no solo para las Fuerzas Armadas sino para la Sociedad. Son una reserva hospitalaria imprescindible; deben formar a los mejores especialistas en traumatología, quemados y cirugía de guerra; apoyar a los formaciones sanitarias diseñadas para catástrofes; apoyar a nuestras tropas en el exterior.
Que con la misma lógica con que se ha roto el corsé de los 3000 efectivos, con el mismo grado de responsable consenso político, se aborde seriamente el problema de la Sanidad Militar. Todos saldremos ganando. Porque, no todo es externalizable.
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General de Ejército
Luis Alejandre es general.
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