El Pentágono ha publicado esta semana la Estrategia Nacional de Defensa de los Estados Unidos, que de alguna forma complementa la de seguridad que se publicó a finales del año pasado. Al igual que aquel documento, en este que ahora ve la luz se cataloga como principal amenaza a la República Popular China. La introducción indica que«China y su ejército se han hecho más poderosos en la región Indo-Pacífico, el mercado más grande y dinámico del mundo, con importantes implicaciones para la seguridad, la libertad y la prosperidad de los propios estadounidenses». La estrategia frente al avance chino va a ser «disuadir a China en el Indo-Pacífico mediante la fuerza, no la confrontación». A continuación señala que «El presidente Trump
busca una paz estable, un comercio justo y unas relaciones respetuosas con China, y ha demostrado que está dispuesto a dialogar directamente con el presidente Xi Jinping para alcanzar esos objetivos pero [...] también ha demostrado lo importante que es negociar desde una posición de fuerza».
En términos prácticos, pues, cabe esperar que las acciones estadounidenses frente a la República Popular China se moverán en el plano económico y comercial como, por otra parte, viene haciendo con los países europeos y con Canadá, a quien ha amenazado con aranceles del 100% por el acercamiento de Ottawa a Pekín. En particular, la acción contra Venezuela que ha terminado con Nicolás Maduro en prisión busca no sólo facilitar a los Estados Unidos el acceso a los recursos naturales venezolanos, sino también impedir que la República Popular China (y la Federación de Rusia) puedan acceder a ellos. En esta misma línea es de esperar que actúe la diplomacia estadounidense en el resto del mundo y, en especial, en las Américas, donde la influencia china ha crecido en los últimos veinte años por todas partes.
Sin embargo, no se descartan por completo los escenarios bélicos que incluirían a «los aliados», es decir, Japón y Taiwán. «Levantaremos una sólida defensa de negación a lo largo de la Primera Cadena de Islas (FIC)», dice el documento, y «también instaremos y capacitaremos a los principales aliados y socios regionales para que hagan más por nuestra defensa colectiva». Se vienen, pues, presiones para la adquisición de más material bélico estadounidense y, en general, una mayor inversión en defensa. Al igual que viene haciendo con los países europeos, Washington defenderá a quien dedique recursos a su propia defensa y lo hará por un precio. No en vano la propia estrategia habla de «aumentar el reparto de cargas con los aliados y socios de Estados Unidos». Así, dado que se va a priorizar «la defensa nacional y la disuasión de China, pero otras amenazas persistirán [...] nuestros aliados serán esenciales para hacer frente a todas ellas». Podría entenderse que a Corea del Sur le corresponderá asumir mayores responsabilidades respecto de Corea del Norte, a los europeos respecto de la Federación de Rusia y a Israel respecto de la República Islámica de Irán.
En suma, se trata de alcanzar una «paz mediante la fuerza», es decir, «negociar desde una posición de fuerza con el fin de mantener la paz en la región Indo-Pacífico».
A lo largo de este primer año, la República Popular China ha respondido con una paciencia estratégica de modo que las propias decisiones del gobierno estadounidense desplieguen todos sus efectos; incluidos, claro está, los negativos. Así, ha bastado esperar para que Canadá -el aliado más firme de los Estados Unidos en todo el continente y, en especial, respecto a China- haya tratado de recomponer las relaciones deterioradas por detenciones y procesos judiciales contra ciudadanos chinos acusados de espionaje. Ahora Ottawa llama a la puerta de Pekín en busca de un amigo. Algo similar ha sucedido con Groenlandia, donde los Estados Unidos se han encontrado con un frente unido de países nórdicos y atlánticos.
En estos días, se popularizaba una canción que preguntaba, a propósito de la operación militar de captura y encarcelamiento de Nicolás Maduro, «¿Dónde está China? ¿Dónde está Rusia? ¿Por qué no actuaron? ¿Cual es la excusa?». Responder a esto daría tema para otra columna así que baste señalar por ahora que las cosas en Venezuela no han terminado. De momento, este año, en los Estados Unidos, hay mid-term elections en las que han de renovarse la Cámara de Representantes y parte del Senado. Un resultado desfavorable para el movimiento MAGA (acrónimo de Make America Great Again) podría suponer una mayoría de demócratas y de republicanos contrarios a Trump -recuérdese que el actual presidente es un outsider del partido- que pusiera límites al poder que ahora tiene. La victoria de Zoran Mamdani en la ciudad Nueva York, así como de otros candidatos demócratas en las elecciones a gobernador de Nueva Jersey y Virginia permiten augurar un 2026 trepidante.
Mientras tanto, la República Popular China espera y teje alianzas, retoma relaciones y aprovecha oportunidades.