El presidente del Gobierno y el ministro de Transportes eluden su responsabilidad y dejan solas a las familias por miedo a ser increpados.
Huelva ha despedido este jueves en el Palacio de Deportes Carolina Marín, y ante 5.000 personas, a las 45 víctimas mortales de la tragedia de Adamuz, 28 de las cuales eran naturales de distintos municipios de la provincia, con un funeral católico presidido por los Reyes. Para esta despedida, la Virgen de la Cinta, patrona de Huelva, ha sido trasladada al Palacio de Deportes para presidir el altar, un gesto de gran calado simbólico en una ciudad de arraigada tradición mariana.
La misa ha estado marcada por dos inexplicables ausencias: la del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y la del ministro de Transportes, Óscar Puente; para muchos, responsable último de la catástrofe ferroviaria.
En su lugar, la encargada de representar al Gobierno ha sido la vicepresidenta primera y ministra de Hacienda, María Jesús Montero -en precampaña para las próximas elecciones andaluzas-; y los ministros de Política Territorial, Ángel Víctor Torres, y Agricultura, Luis Planas. También han estado presentes el presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno y el líder del PP, Alberto Núñez Feijóo.
Sánchez estaba convocado este jueves en el Senado, precisamente para dar explicaciones sobre los accidentes ferroviarios mortales de Adamuz y de Gélida (Barcelona), con 46 fallecidos. Sin embargo, el socialista ha optado por refugiarse en La Moncloa, escudándose en que comparecerá en el Congreso el próximo 11 de febrero. Aparte de esta cita en el Senado, a la que no ha asistido, su agenda estaba despejada.
Puente, por su parte, sí ha acudido a la cámara alta, donde ha sido recibido con gritos de "¡dimisión!". Allí, además de negarse por enésima vez a dejar su cargo, ha dicho cosas como que "no se puede gestionar mejor la tragedia"; que "el sistema ferroviario en España es muy seguro"; que "miraría a las víctimas a los ojos"; que no tiene "nada que ocultar"; que desde el domingo ha dormido "tres horas"; o que tiene la cabeza "bien alta" y la conciencia "muy limpia".
Este funeral, en principio concebido como una celebración más íntima surgida del deseo de la diócesis de Huelva de despedir a los fallecidos, ha adquirido una mayor relevancia después de la cancelación de un esperpéntico homenaje de Estado -similar al de la dana- previsto inicialmente para el próximo sábado 31 de enero. Acordado inicialmente por Pedro Sánchez y Juanma Moreno apenas tres días después del accidente, el pasado día 25 anunciaban su aplazamiento sine die, tras las protestas de las familias, que mostraron su malestar por la gestión del accidente y su rechazo por el carácter estrictamente laico que se pretendía dar al acto original. Algo que desde Moncloa trató de enmascararse aludiendo a la "falta de disponibilidad" de los familiares.
Por esta razón -y por el miedo a ser el blanco de la indignación de los asistentes- ni Sánchez ni Puente han hecho hoy acto de presencia en Huelva para dar su último adiós a los españoles que han muerto -para algunas familias, asesinados- en la segunda peor tragedia ferroviaria de la historia reciente del país. Todo ello en una semana en la que el Gobierno sí ha tenido tiempo para conceder papeles a medio millón de inmigrantes ilegales.
Los actos solemnes han estado oficiados por el obispo de la diócesis, Santiago Gómez Sierra, junto al presidente de la Conferencia Episcopal, Luis Argüello, y el obispo emérito, José Vilaplana. Gómez Sierra ha reclamado un compromiso de la sociedad entera y de quienes tienen responsabilidades públicas para que se esclarezca la verdad, de tal forma que el sacrificio de las víctimas y sus familias "no sea olvidado y para que, en la medida de lo posible, se eviten tragedias semejantes en el futuro".
Los Reyes han consolado a los familiares de las víctimas a las que han abrazado, escuchado y dado el pésame durante cerca de una hora. Entre ellos, han saludado cariñosamente a niños que se encontraban en silla de ruedas y a otros heridos que han asistido junto a los allegados de los fallecidos a la misa, que ha acabado con las emotivas palabras de Liliana Sáenz, hija de Natividad de la Torre, una de las 45 víctimas del siniestro.
Sáenz ha asegurado en nombre de las familias que este funeral era el único que querían y que lucharán "por conocer la verdad desde la serenidad" en un contexto de "una sociedad polarizada que comenzó a resquebrajarse": "La única presidencia que queremos a nuestro lado es la de Dios".