El equipo portugués se jugará su supervivencia europea tras una insólita escena que enrarece el ambiente que se encontrarán los merengues.
En el fútbol europeo todavía se ven estampas de una época cada vez más caduca dentro de las fronteras españolas. En el Viejo Continente todavía hay clubes de la élite del balompié que permiten a sus ultras irrumpir en los centros de entrenamiento para quejarse insultando y amedrentando a los futbolistas, entrenadores y directivos. Como si las amenazas funcionasen para que una plantilla de jugadores compita mejor de lo que lo estaba haciendo antes de ser apretado por energúmenos.
Pues bien, uno de los equipos que sigue padeciendo esta suerte de enfermedad es el rival del Real Madrid en la última jornada de la Fase Liga de la Liga de Campeones. Los merengues se jugarán este miércoles su acceso directo a los octavos de final del torneo en Lisboa, ante el Benfica. Lo harán en un ambiente enrarecido porque los lusos sufrieron la visita de la facción ultra de su afición la pasada semana, antes del encuentro que jugaron frente al Estrela de Amadora. El pasado sábado unos 200 radicales se plantaron en las instalaciones de entrenamiento de la entidad lusa.
Más de una hora de charla ultra
La prensa local ha desvelado que comenzaron su maniobra reclamando a gritos que alguien saliera a escucharles. Al no recibir respuesta, pasaron directamente a bloquear el acceso del Benfica Campus a los propios futbolistas. Durante más de una hora estuvieron allí, en plena carretera, lanzando insultos y amenazas al personal. Todo por una mala racha de resultados que ha visto cómo este coloso del fútbol portugués viaja en la tercera plaza de su liga (a 10 puntos del líder Oporto), ya ha sido eliminado de la Copa y en la Liga de Campeones tiene muy complicado no quedar eliminado a las primeras de cambio. No en vano, este miércoles sólo les vale ganar al Madrid y rezar que otros tres equipos fallen.
Los gerentes del club terminaron por acceder a los reclamos del grupúsculo violento. Se ha sabido que fue Mario Branco, el director general de la entidad, el encargado de autorizar la entrada de los ultras, que, además, pudieron reunirse con algunas de las figuras más importantes del equipo para mostrarles su descontento a su manera. Sus interlocutores, con cara de circunstancias, fueron los capitanes Nicolás Otamendi, António Silva, Tomás Araújo y Fredrik Aursnes, el director técnico Simao Sabrosa (leyenda del club) y el entrenador, Jose Mourinho. El único que se libró del esperpento fue el presidente y mito, Rui Costa.
Ante el escándalo generado por una reunión que duró en torno a una hora, el club tuvo que emitir un comunicado. Eso sí, se limitó a comentar que la charla se desarrolló "en un clima de cordialidad" y aseguró que la particular conversación, definida como "espontánea", se dio de manera "pacífica". Mourinho, que cuenta con un carácter fuerte bien conocido en el planeta, tragó con la situación y en la rueda de prensa posterior esquivó las preguntas relativas a la escena descrita. Con esa atmósfera va a enfrentar el Benfica al Real Madrid.