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Rectificar

Ángel Duarte
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aduarteelimparciales/8/1/8/20
miércoles 17 de diciembre de 2008, 16:43h
El pasado domingo, en esa proverbial columna que bien merece que nos acerquemos al quiosco, aunque éste quede lejos y el día haya amanecido gélido y lluvioso, Jon Juaristi evocaba a Octavio Paz. Lo hacía para recordarnos que hemos pasado, en un santiamén, de un tiempo en el que proliferaron las conversiones y las retractaciones a otra época: la de las inocencias estúpidas y la de las exigencias retrospectivas de penitencia. Lo hacía para avisarnos, a sus lectores, a los de Paz y a los del propio Juaristi, “que es inútil e indecente pedir perdón al público que aplaude o bosteza en su butaca”.

Leía a Juaristi y pensaba hasta que punto iba esa lectura a modificar las notas que tenía garabateadas para pergeñar esta glosa. El título lo tenía decidido: Rectificar. Como pueden comprobar, decidí tirar para adelante. Decidí que, con todo, me parecía sensato reclamar que se rectifique, que rectifiquemos en ese proceder alegre y rudo del insulto político. Del insulto a destiempo, origen de la degradación del otro tanto como de la propia. Solicitar que, a partir de ahora, quien use de la palabra en el ágora prescinda de exabruptos y supuestas gracias coloristas y plebeyas que no aportan nada al debate de ideas, que no ayudan en nada a mejorarnos; ni en lo personal ni en lo colectivo. La palabra soez, en definitiva, revela el concepto pervertido de la política, la incapacidad de unir los intereses propios, legítimos, con los generales. Requerir, por eso mismo, que se rectifique también por parte de quien no ha escupido odio, pero ha decidido que tiene que ampararlo. Que tiene que disculpar a quien llama tonto de los cojones al que no vota como nosotros. Que no da importancia a eso de ponderar a los nacionalistas “colgándolos de algún sitio”. Rectificar, que no pedir perdón.

Rectificar, ya puestos, la decisión de facilitar la entrada de ANV en los ayuntamientos vascos. Rectificar el diseño –o la ausencia de diseño- del Estado de las Autonomías, haciendo ver que las exigencias de bilateralidad están de más o que la administración central quizá deba recuperar funciones, recursos y sentido propio. Rectificar la política exterior. Avisar de que la presencia en el mundo exige sacrificios y contrapartidas, probablemente en Afganistán. Que se nos diga con claridad, para que podamos asumirlo. Rectificar en todos los niveles de la educación, incluyendo la Universidad. Recuperando el carácter central de los contenidos y los saberes. Esclareciendo cómo avanzar, sin precipitaciones y sin equívocos, hacia un genuino espacio educativo superior europeo.

En fin, el listado sería inacabable. No estoy pidiendo perdón ni, a los demás, actos de contrición. Estos conviene reservarlos para la sincera intimidad. Tampoco reclamo autocríticas entusiastas; esas que sirven para el rescate de reputaciones entre los herederos del estalinismo. Estoy exigiendo el derecho, y el deber democrático, de rectificar cuando el camino por el que se ha optado no resulta el oportuno. Incluso, si es necesario, el de volver sobre nuestros pasos para reencontrarnos, si fuese posible, en esa encrucijada en la que optamos por la vereda equivocada. Porque ni somos inocentes, ni nunca lo hemos sido.

Ángel Duarte

Catedrático de Universidad de Gerona

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