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TOROS

Crónica taurina en El Imparcial. Valdemorillo: la Puerta Grande de Ortega

lunes 09 de febrero de 2026, 08:05h
Actualizado el: 09 de febrero de 2026, 08:11h

Los toros de Torrealta salían al albero de la Candelaria con una velocidad de vértigo. Tuvieron la buena presencia, sin exagerar, pero algunos pecaban de poca o justa fuerza para enfrentarse a las exigencias de la lidia. Además, las varas no siempre se ajustaban a la fuerza del contrario.

Uceda Leal veroniqueó a Saltavallas (1º 1/22) dirigiendo su embestida y parando su ímpetu. La faena de muleta, por ayudados y un remate de pecho, se vino abajo con el toro que se vino abajo porque tenía las manos flojas. Una de las mayores dificultades fue mantenerlo a pie. La obra no cuajó por la espada. Su segundo, Vencido (4º 1/22) de nombre, fue un jabonero con carácter: impetuoso, pero reflexivo, muy observón. Despanzurró el capote del maestro y se emplazó observando todo a su alrededor. Esto no fue el impedimento para la faena valiente y medida cuando Uceda Leal se iba imponiendo a la embestida descompuesta, lo abordó por la derecha, pero pronto cambio y le sacó una media docena de series expuestas al natural. El entusiasmo y la fuerza de voluntad del diestro han sido fundamentales para ganarle la batalla al noble bruto. El público flojeó con la petición y la presidencia no tuvo criterio para premiar la obra. Una vuelta al ruedo.
Chulapo (2º 11/21) de Juan Ortega, también tenía la fuerza justa, pero el diestro decidió torear hasta con el estaquillador dandole pinchacitos casi imperceptibles para el público en los costados del animal. Éste sacaba las fuerzas de la flaqueza para una y otra serie corta, pero elegante. La espada defectuosa. Petenero (5º12/21) salió como una bala y Ortega tuvo el acierto en ahormar su embestida con verónicas. La muleta en mano lo cito con los ayudados por alto y el bicho se entregó: no veía nada más que la pañosa y la seguía como si se le iba la vida en ello. La cadencia, el ritmo, la firmeza, unos adornos de buen gusto, todo se juntado en esta faena para que Ortega triunfara. Lo que no esperaba nadie fue la estocada: a la primera y hasta la bola. No lo esperaba ni Ortega que saltaba sobre el albero como un niño sorprendido por un regalo anhelado. Dos orejas.

Brincador (3º1/22), un toro salpicado de imponente mirada, embistió con gran voluntad y ligazón en el saludo capotero. Prometía mucho. Por lo menos una faena llena de belleza y de ligazón. Nada. Pablo Aguado se empeñó en subir la muleta y en cortarle la embestida y el toro se enfadó y se “desfondó” como suelen decir los expertos. Lo peor fue la espada: unos cuantos pinchazos y el diestro, viendo que no podía con él, decidió descabellar al toro “entero” provocando una peligrosa arrancada. Zurcido (6º 11/20) resultó ser un toro inválido para la lidia, porque en el primer tercio se vio que tenía las manos delanteras algo dañadas. Aguado se empeñó en lidiarlo hasta el final. Una faena sin faena ni estocada en condiciones. El animal murió por agotamiento o de pena.

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