El Gobierno protesta por no haber sido invitado al encuentro previo a la cita informal de los Veintisiete en Bélgica.
El Gobierno de España ha trasladado formalmente su malestar a Italia por la celebración de una reunión de líderes europeos previa a la cumbre informal de los Veintisiete celebrada este jueves en Bélgica, encuentro del que ha sido excluido, como viene siendo costumbre desde hace mucho tiempo, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.
Los jefes de Estado o de Gobierno de la UE se reunieron en el castillo de Alden Biesen, en la localidad belga de Bilzen, convocados por el presidente del Consejo Europeo, António Costa, para debatir sobre la profundización del mercado único y la mejora de la competitividad europea en un contexto de tensiones geopolíticas y presión económica de Estados Unidos y China.
Sin embargo, antes del retiro informal a 27, una veintena de líderes comunitarios participaron en una reunión de coordinación impulsada por Italia, Alemania y Bélgica. Entre los asistentes figuraban la primera ministra italiana, Giorgia Meloni; el canciller alemán, Friedrich Merz; y el presidente francés, Emmanuel Macron. En ese foro reducido abordaron cuestiones como el refuerzo del mercado único, la simplificación regulatoria, la reducción de los precios de la energía y el diseño de una política comercial más ambiciosa y pragmática.
Desde el Gobierno español subrayan que no han pedido formar parte del grupo, pero sí han querido expresar su desacuerdo por la iniciativa. “No hemos pedido estar en esa reunión; hemos expresado nuestra opinión”, señalan fuentes gubernamentales, que insisten en que este tipo de encuentros paralelos reabren de facto una “Europa a varias velocidades” por vías informales.
El Ejecutivo dirige sus críticas principalmente a Italia y a la primera ministra Meloni, al considerar que Roma fue uno de los primeros convocantes, aunque reconocen que Alemania y Bélgica también promovieron el encuentro. Según el Gobierno español, este tipo de formatos limitados, que pretenden repetirse antes de futuras cumbres —ya se prevé otra reunión similar en marzo—, pueden alejar las soluciones en lugar de acercarlas y debilitar el espíritu comunitario.
La exclusión resulta especialmente significativa porque, a finales de enero, el canciller alemán impulsó la idea de un núcleo duro de grandes economías —conocido en Bruselas como el “E6”— para avanzar con mayor rapidez en competitividad y defensa. Ese grupo incluía a Alemania, Francia, Italia, Polonia, Países Bajos y España. Moncloa interpretó entonces la iniciativa como un reconocimiento del peso político y económico de España en la UE.
La fotografía de este jueves, sin embargo, evidenció un nuevo equilibrio: un club de 19 países coordinándose antes del debate formal y sin la presencia española. En el Ejecutivo preocupa que las decisiones estratégicas sobre competitividad comiencen a fraguarse en foros cerrados liderados por el eje Berlín–Roma, dejando a España fuera de la construcción previa de consensos.