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ARQUEOLOGÍA

Los humanos de hace 40.000 años ya utilizaban un precursor del lenguaje escrito

La figurilla de Adorant de la cueva de Geißenklösterle, de aproximadamente 38.000 años de antigüedad, consiste en una pequeña placa de marfil con una figura antropomorfa y múltiples secuencias de muescas y puntos. La aplicación de estas marcas sugiere un sistema de notación, sobre todo en las filas de puntos del reverso de la placa.
La figurilla de Adorant de la cueva de Geißenklösterle, de aproximadamente 38.000 años de antigüedad, consiste en una pequeña placa de marfil con una figura antropomorfa y múltiples secuencias de muescas y puntos. La aplicación de estas marcas sugiere un sistema de notación, sobre todo en las filas de puntos del reverso de la placa. (Foto: Museo Estatal de Württemberg / Hendrik Zwietasch, CC BY 4.0)
lunes 23 de febrero de 2026, 21:48h

Hace más de 40.000 años, los primeros Homo sapiens ya grababan secuencias de signos en herramientas y esculturas. Ahora, una nueva investigación liderada por el lingüista Christian Bentz, de la Saarland University, y la arqueóloga Ewa Dutkiewicz, del Museum für Vor- und Frühgeschichte, concluye que esas secuencias poseen un nivel de complejidad y densidad informativa comparable al de la protoescritura cuneiforme surgida en Mesopotamia hacia el 3.000 a.C.

El estudio, que será publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences, se basa en el análisis computacional de más de 3.000 signos grabados en 260 objetos del Paleolítico, datados entre hace 34.000 y 45.000 años. Los resultados sorprendieron incluso a los propios investigadores.

Signos repetidos con intención

Los objetos paleolíticos presentan misteriosas secuencias de líneas, muescas, puntos y cruces repetidas. Muchos de ellos proceden de cuevas del Jura de Suabia, en el suroeste de Alemania. En la cueva de Vogelherd, en el valle del Lone, se halló una pequeña figura de mamut tallada en marfil, decorada con filas de cruces y puntos. En la cueva de Geißenklösterle, en el valle del Ach, apareció la llamada "Adorante", una placa de marfil que representa una figura híbrida de león y humano, también grabada con hileras de signos. Otra célebre escultura, el Hombre León de la cueva de Hohlenstein-Stadel, muestra muescas colocadas a intervalos regulares a lo largo del brazo.

Según los investigadores, estas marcas no son ornamentales ni aleatorias. "Nuestra investigación nos ayuda a identificar la huella estadística única de estos sistemas de signos, que constituyen un precursor temprano de la escritura", explica Bentz.

Dutkiewicz subraya que el Jura de Suabia es una de las regiones con mayor concentración de este tipo de hallazgos, aunque no la única. "Innumerables herramientas y esculturas del Paleolítico presentan secuencias intencionadas de signos. Apenas hemos empezado a explorar su alcance", afirma.

Densidad informativa comparable a la proto-cuneiforme

El objetivo del equipo no era descifrar el significado concreto de los signos, sino medir sus características cuantificables. Mediante modelos estadísticos y algoritmos de aprendizaje automático, analizaron la frecuencia, repetición y previsibilidad de las secuencias.

Los resultados muestran que estos sistemas no representan lenguaje hablado como lo hacen los sistemas de escritura actuales, que se caracterizan por una alta densidad informativa. En los objetos paleolíticos abundan repeticiones como "cruz, cruz, cruz, línea, línea, línea", un patrón que no es propio del lenguaje hablado.

Sin embargo, la investigación demuestra que la densidad de información —medida a través de la entropía estadística— es comparable a la de las primeras tablillas proto-cuneiformes mesopotámicas, surgidas 40.000 años después. Estas también presentan signos repetitivos y niveles similares de complejidad estructural.

"Hipotetizamos que la proto-cuneiforme temprana sería más parecida a los sistemas de escritura actuales por su proximidad temporal, pero descubrimos que se asemeja mucho más a las antiguas secuencias paleolíticas", señala Bentz. Según el investigador, el gran cambio se produjo hace unos 5.000 años, cuando apareció un sistema capaz de representar directamente el lenguaje hablado, con características estadísticas completamente distintas.

Codificar información antes de la escritura

El proyecto, financiado por el Consejo Europeo de Investigación, digitaliza las secuencias de signos en una base de datos para analizar su potencial expresivo. Aunque el estudio no determina qué intentaban registrar los humanos del Paleolítico, sí refuerza la idea de que ya poseían la capacidad cognitiva para codificar y transmitir información compleja.

"Anatómicamente, los humanos de entonces ya habían alcanzado un desarrollo similar al nuestro", explica Dutkiewicz. La capacidad de registrar y compartir información pudo haber sido crucial para coordinar grupos o aumentar sus probabilidades de supervivencia.

Muchos de estos objetos caben en la palma de la mano y muestran señales de haber sido transportados, un rasgo que los aproxima también a las primeras tablillas mesopotámicas.

Para Bentz, el hallazgo encaja en una perspectiva más amplia: "La escritura es solo una forma específica dentro de una larga serie de sistemas de signos. La capacidad humana de codificar información se desarrolló durante decenas de miles de años". Un principio que, recuerda, sigue vigente hoy en día en los sistemas informáticos y en modelos de inteligencia artificial basados en la previsibilidad de las secuencias lingüísticas.

El estudio abre así una nueva vía para comprender los orígenes profundos de la escritura: no como una invención súbita, sino como el resultado de una larga evolución en la manera humana de convertir el pensamiento en signos.

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