La National Gallery acoge a partir del 2 de mayo la primera gran exposición monográfica en el Reino Unido dedicada a Francisco de Zurbarán (1598-1664).
Considerado como uno de los principales referentes de la pintura española del siglo XVII, Zurbarán se distingue por sus representaciones de santos a tamaño natural, imponentes retablos y naturalezas muertas contemplativas, que son célebres por su realismo, naturalidad e intensidad emocional.
"Es un verdadero privilegio presentar la primera gran exposición monográfica dedicada a Zurbarán en el Reino Unido, una iniciativa muy esperada. Tanto si miden tres metros de altura como si son tan pequeñas que se pueden sostener en las manos, sus pinturas poseen una fuerza extraordinaria. Confío en que el público londinense, así como el de las instituciones colaboradoras en París y Chicago, quede maravillado y conmovido tras este encuentro con la obra de Zurbarán", afirma Francesca Whitlum-Cooper, conservadora de Pintura italiana, española y francesa del periodo tardío.
La exposición, que reúne cerca de cincuenta lienzos, reúne préstamos de Francia (San Francisco de Asís, Museo de Bellas Artes de Lyon), España (Agnus Dei y Cristo crucificado, con un pintor, Museo Nacional del Prado; Santa Casilda, Museo Nacional Thyssen-Bornemisza) y Estados Unidos (La casa de Nazaret, Museo de Arte de Cleveland; Bodegón con cidras, naranjas y rosa, The Norton Simon Foundation).
Siete secciones
La exposición se articula en siete secciones: la primera sala presenta al artista y explora su capacidad única para causar asombro con su pintura, su enfoque visionario sobre los temas que representa y sus particularidades artísticas (La aparición de san Pedro a san Pedro Nolasco y Cristo crucificado, con un pintor, ambos cuadros cedidos por el Prado).
En la segunda sala, donde se exploran las pinturas que realizó para las diversas órdenes religiosas de Sevilla (La visión de Alonso Rodríguez, Museo de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando), se revela la riqueza de sus dotes como pintor de escala y narrativa, así como su prodigiosa imaginación a la hora de estructurar composiciones e ingeniar respuestas iconográficas.
La tercera sala, muestra la extraordinaria destreza del maestro para representar a los santos como personajes terrenales, en especial a través de la reproducción de tejidos, drapeados y texturas como la lana, los bordados, el cuero o la cordonería fina.
La cuarta sala se centra en la iconografía, en particular en la de la Inmaculada Concepción, de suma importancia en la vida religiosa de Sevilla. Al yuxtaponer composiciones del mismo tema, pero pertenecientes a distintos periodos de su actividad artística, el visitante podrá apreciar el afán incesante de Zurbarán por explorar formas novedosas de evocar emociones intensas por medio de la pintura.
La quinta sala profundiza en las pinturas que Zurbarán realizó para mecenas fuera de la capital andaluza, con la que tradicionalmente se asocia al pintor. Fue en 1634 cuando recibió el encargo más prestigioso de su carrera: viajar a Madrid para participar en la decoración pictórica del recién inaugurado palacio del Bueno Retiro. Se le encomendó embellecer el Salón de Reinos, una estancia imponente de 35 metros de largo por 10 metros de ancho, ubicada en el corazón del complejo palaciego. El artista extremeño pintó doce lienzos, entre los que destaca una serie dedicada a los trabajos de Hércules. Dos de estas obras maestras, Hércules y Cancerbero y Hércules y el toro de Creta, podrán contemplarse en la exposición, gracias al préstamo de Prado.
La sexta sala agrupa una selección de bodegones, entre los que destacan cuatro pertenecientes a su hijo Juan. Existe la creencia de que Francisco de Zurbarán no pintó más de una decena de bodegones a lo largo de su vida, por lo que este espacio ofrece al público una ocasión excepcional para contemplar algunos de los escasos ejemplos que el pintor dedicó a este género.
Se destinan las últimas secciones de la muestra a explorar las composiciones que Zurbarán concibió para la devoción y contemplación privadas, como La familia de la Virgen (Colección Abelló), obras que, aunque de pequeño formato, poseen una extraordinaria intensidad emocional, como se aprecia en Agnus Dei (Museo Nacional del Prado) y El velo de la Verónica (Museo Nacional de Escultura).