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Federales en Madrid

Juan José Solozábal
jueves 18 de diciembre de 2008, 22:48h
Acudo encantado a la convocatoria de Carme Valls de una reunión federalista en Madrid. Voy siempre que puedo, Isidre Molas lo sabe bien, a estos eventos que me permiten ver a amigos, sobre todo catalanes, y en los que los presentes adoptamos un cierto aire conspirador y marginal. El federalismo, que yo siempre asocio en lo político y académico, con lo mejor de Cataluña, es una apuesta política fraternal por la correcta articulación de España, a la vez un proyecto racional y una incitación cordial, periférica y también castiza, de un extraordinario interés.

Se trata de una reunión que permite educadamente, cortésmente es la palabra cervantina apropiada, hablar de política. Veo algo preocupados a mis amigos federales por la Sentencia del Tribunal Constitucional. Trato, con otro hombre sosegado Ramón Maiz a mi lado, y con Joan Romero, no muy lejos, de tranquilizar a Juan José López Burniol de que la Sentencia, aunque tardía y sin duda problemática, no causará crisis institucional alguna, de las que afortunadamente nuestra democracia no ha conocido. Funcionarán las garantías jurídicas que el sistema sabiamente ha establecido y se ratificará plenamente la normalidad constitucional.

Le traslado a Lluis Bassets mi optimismo constitucional: No hay peligro de recuperación centralista, ni hay ninguna resistencia de entidad a la descentralización en España. Honestamente considerados los problemas surgen de la deficiencia de nuestros amarres federales y de una deriva confederal romántica algo desbordada. Me parece que le convenzo cuando le cuento que las oportunidades en una economía internacionalmente globalizada corresponden a unidades políticamente serias, capaces de afirmar su voluntad en el escenario mundial de la crisis.

Con mi admirado Enric Juliana hablo de Gaziel. Creo que Gaziel, le digo, no pudo sobrellevar el destierro, su segundo destierro, en el Madrid del franquismo, lo que habría podido suceder si en vez de enfrentarse con la pobreza y carcundia intelectual de la posguerra se hubiese topado con los federales de la capital. Igual al que fue director de la Vanguardia durante la Segunda Republica esto le habría parecido un oximorón.

Juliana tiene pinta de ser un flâneur. Cuando yo vine a Madrid, viví con otros periféricos vascos, los hermanos Zubicaray y Andrés de Blas, cerca de la Estación del Norte, en una calle paralela a la de Estanislao Figueras, la de Eduardo Benot. Figueras fue republicano y federal, primer Presidente de la República Española, y a pesar de su seny , según cuenta Plá, dimitió dando antes un golpe en la mesa, mientras declaraba que estaba hasta los … “de todos nosotros”.

Eduardo Benot, gaditano, fue un prohombre federal, un laborioso sabio, ministro de Fomento, miembro de la Institución, fundador del Instituto Geográfico…y gramático. Fue, al parecer, el principal redactor del proyecto de Constitución federal de 1873, obra de la razón de estos hombres, pero también de su corazón de patriotas. Murio republicano, federal y pobre.

Pero el príncipe de los federales en Madrid fue don Franciso Pi y Margall. Cuando hablo de Pi me acuerdo de las clases que en la Facultad de Políticas le dedicaba un entonces joven profesor, tan entusiasta como sabio, Antoni Jutglar. Pero no puedo apartar el testimonio, rendido, de Azorín. Le observa de lejos en la visita que hace, con su mujer, a una exposición de pinturas. Los dos viejecitos, dice el maestroalicantino, daban “ a los que sabíamos quienes eran, un supremo, delicado y noble espectáculo”. Y concluye, “Don Francisco Pi y Margall es uno de los intelectos más límpidos, coherentes y lógicos que nos ofrece la España contemporánea”. Estos son nuestros orígenes, y referencias, nada menos, federales de Madrid.

Juan José Solozábal

Catedrático

Juan José Solozabal es catedrático de Derecho Constitucional en la Universidad Autónoma de Madrid.

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