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Novela

Fabio Mevak: El legado del silencio

domingo 15 de marzo de 2026, 19:15h
Fabio Mevak: El legado del silencio

Caligrama. Sevilla, 2025. 422 páginas. 23,95 €. Libro electrónico: 5,99 €

Por David Lorenzo Cardiel

Dos mujeres que huyen de su pasado en busca de hacer tabula rasa. El futuro, como horizonte, muestra un rostro agrietado: a las dificultades para asentarse en el país de acogida se suma la necesidad de afrontar los traumas que cargan consigo. Y, en el camino, ambas se encuentran para descubrir, junto a la nueva sociedad en la que les ha tocado vivir, que la existencia es fácil. Los humanos somos el problema, cuando nos la complicamos con nuestras inquinas, pasiones infundadas y una ambición desmedida.

Hasta aquí, el argumento de El legado del silencio podría ser el de tantas novelas que circulan en los escaparates libreros de nuestro país. Sin embargo —si no hubiera un «pero» no estaría escribiendo esta crítica—, esta obra posee una singularidad: esquiva los tópicos, se desenvuelve con fluidez, huye del sentimentalismo barato. En otras palabras, aquí hay literatura, una literatura fuerte y renovada, que devuelve su mirada a los condicionamientos de la vida consiguiendo, así, interpelar al lector.

Pocas novelas de entre la multitud que han pasado por mis manos durante el pasado año 2025 me han dejado un gusto tan grato como lo ha hecho El legado del silencio, obra del enigmático autor Fabio Mevak, que ha escogido el sello Caligrama para ofrecer al mundo una narración de suma calidad.

¿Qué tiene de especial la historia que protagonizan Nadia y Mariela? En primer orden, la soberbia calidad estructural con la que este relato ha sido pensado, organizado y escrito. En su lectura, he percibido la calidez del narrador sereno, manso, que se entrega a su obra como un médium afirma canalizar los entes sobrenaturales. Aquí hay embriaguez de buen escritor, esa fuerza que, una vez se toma plena consciencia de cuanto se quiere narrar, apresa la mano y traza o teclea el desarrollo del relato.

Podría explicarlo como una completitud: si el postulado derivado de la mecánica cuántica sobre que los acontecimientos futuros pueden «tirar» de los pretéritos para definirse formalmente, la experiencia del escritor de verdad, del escritor genuino, sería una demostración personalísima. No escribimos relatos, ellos nos invitan a ser escritos a través nuestro. Esta rara avis del desgastado oficio del escritor existe en la mano de Fabio Mevak con una maestría inusual.

Pero hay una segunda razón que, probablemente, interese más al lector, y es la excelencia en el tono. La novela discurre con elegancia, sin sobresaltos, en una narración que resulta amena e interesante: dos protagonistas, una argentina, otra marroquí, con dos vidas muy diferentes que se encuentran en Barcelona y donde cada una, apoyada en la amistad y confidencia que se forja con el tiempo entre la una y la otra, harán su vida, encontrarán el amor y el desconsuelo y, finalmente, forjarán su destino, sin grandes propósitos ni derrotas. Mevak sitúa la acción sobre dos mujeres jóvenes que llegan a España arrastrando el peculiar sabor de la derrota.

Pero no hay división de bandos, no es una de esas novelas que se apoyan en el tópico del inmigrante desvalido por el hecho de ser inmigrante. No: Nadia y Mariela son dos mujeres adultas, con plena capacidad para tejer su propia historia sin necesidad del apoyo de la caridad. Por este motivo, la narración es universal y realista, permitiendo así empatizar desde la franqueza, y no desde la impostura, con el reto que supone inmigrar.

¿Acaso no lo padecemos los españoles bien formados que marchamos a países con un futuro mejor, como Francia, como Alemania, como Reino Unido o los Estados Unidos, incluso China? También somos una sociedad de inmigrantes que conocemos, no generaciones atrás, sino también hoy, el desarraigo y las dificultades para construir una nueva vida.

De ahí que Mariela y Nadia nos recuerden la vida de todo ser humano, nómada o asentado en su región de origen: el destino y la crueldad humana son dos barajas que intercalan sus cartas continuamente, y cada día se reparte una mano. Aunque no hay tragedia ni finales felices detrás de esta predicción, solo seres que buscamos, si no la trascendencia espiritual como fin último, habitar este mundo siendo medianamente felices.

Por ese motivo, también, debemos tender la mano a quienes llegan a nuestras tierras desde la igualdad en la condición humana: nadie merece que se le mire desde los ojos de la pena.

Ambas dimensiones convierten a El legado del silencio en una novela sumamente virtuosa. La obra cautiva en su lectura e interpela al lector a través de la vida de sus protagonistas y de sus personajes secundarios, pero desde una narración pura, contando una historia que bien podría estar escribiéndose, bajo los rectos renglones de la realidad, en cualquier barrio de cualquier pueblo o ciudad de Europa, de América, de Asia, Oceanía o África. En fin, del mundo entero.

Porque El legado del silencio es, a mi parecer, literatura de muy alta calidad, llena de frescura, de aquella elocuente manera de escribir, alejada de la prisa y de la presión por el buen éxito inmediato, que extraño tanto encontrar entre mis torreones de lecturas y que, al ser hallada, se paladea con placer.

Sea quien sea Fabio Mevak (el nombre es un pseudónimo) ojalá no me equivoque en mi deseo y pronto publique un siguiente libro. Las letras en español estamos de enhorabuena: debemos dar la bienvenida a un escritor solvente en una época gobernada por las medias tintas.

Y ahora le sugiero a usted, querido lector, que lea El legado del silencio, este diamante tan bien pulido que he encontrado, por azares del destino, entre el océano de novedades (más de ochenta mil al año solo en España). No se arrepentirá. Es más, apuesto que quedará encandilado tras su lectura.

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