Vivimos tiempos convulsos, por desgracia violentos y bélicos. El mundo ha iniciado una espiral desde al menos la invasión de Ucrania que no augura nada bueno. Al decir del ex ministro de Exteriores García Margallo, incluso antes: a su juicio, en 2014, cuando, con el Euromaidán, Putin invadió por primera vez Ucrania, se anexionó Crimea y vio que su acción no le comportaba riesgo alguno. Sea como fuere, el foco inicial de guerra y confrontación militar se amplió a Israel y Gaza en el 2023 hasta los acontecimientos de hoy día, pasando en enero por el suceso en Venezuela.
Los ataques de Israel y EE.UU a Irán comenzaron el 28 de febrero con la voladura del palacio presidencial de Ali Jamenei. La sensación de haberse desatado entonces una nueva espiral sin control es unánime, a menos que en pocos días o semanas se reduzca la crudeza de los combates. Contra la narrativa habitual, el reconocido analista israelí (de origen iraní) Mier Javendafar sostiene que el programa nuclear no fue el motor principal de la actual intervención: "el programa nuclear ya está prácticamente destruido", lo cual corroboró la directora de la Inteligencia USA TulsiGabbard en comparecencia ante el Congreso de EEUU.
La verdadera urgencia radica, afimaJavendafar, en dos pilares: el cambio de régimen y la neutralización del programa de misiles. "Tras la guerra de12 días de junio, Irán estaba reconstruyendo su capacidad en Shahroud para producir 200 misiles mensuales. Israel no podía permitir esa línea de producción". A lo que se suma la masacre de decenas de miles de víctimas a manos de la represión gubernamental iraní,importante factor humano. Si Israel empujó a los EEUU a atacar dado que iban a llevar a cabo un ataque y los norteamericanos se adelantaron -ante el coste de no hacerlo y esperar la segura respuesta contra objetivos norteamericanos-, solo lo saben los dirigentes USA y así pareció ser según el secretario de Estado M. Rubio.
Así pues parece que la amenaza eran los misiles balísticos, producidos a un ritmo por Irán de inequívoco afán ofensivo, no defensivo. A ello se sumó la "ventana de oportunidad" (M. Rubio) de -gracias a la inteligencia- descabezar a la cúpula del régimen de los Ayatolás (el 28 de febrero). Lo expuesto aquí es un intento de clarificar los motivos y ordenar la narrativa en el origen de la acción militar anti-iraní: no prejuzgo ni asiento a su veracidad,muestro con más precisión los supuestos hechos.
La cuestión ahora es la valoración de lo sucedido, ante lo que García Margallo afirma: "quiso dejar claro que cualquier orden internacional y regla de juego conocida han pasado ya a la historia". "Hoy no se puede apelar a la ley internacional puesto que no existe, ya lo dijo el Papa en enero". Algo así vino a decir U. Von der Leyen en un primer momento aunque, ante las críticas de excederse en sus competencias, intentó rectificar y matizar sus palabras. El mundo ha cambiado en pocos meses, la arquitectura post SegundaGuerra Mundial parece dejada atrás -para mal, aunque la Guerra Fría tampocose rigió precisamente por el imperio de la ley-y parece un ejercicio no realista querer juzgar por patrones que ya no influyenlamentablementepara unos o quese instrumentalizana manos de otros.
Si uno observa la defensa cerrada del Derecho Internacional y de la Carta de NN.UU. por parte de China, de Irán, de Hamás, Hizbolá, los hutíes y ya solo faltaría de Rusia (que no se ha atrevido a tanto) uno no puede menos que reflexionar sobre qué están entendiendo por todo aquello que hipotéticamente defienden. Porque no lo respetan, ni en su política interior ni exterior...España tampoco es seria en este caso, como potencia administradora aún del Sáhara ante NN.UU., no respetando los Tratados, tampoco de la UE y la OTAN (en misiones en el Golfo Pérsico o Groenlandia)lo cual no deja de ser una pose que pervierte la nobleza y excelencia de los justos principios. Hay quien lo hace desde la coherencia y la justa exigencia pero que lo hagan ciertos países y potencias -totalmente incongruentes- da que pensar, y mucho.
Que se abuse de ellos y manipulen no quiere decir que se invaliden pero sí hay que ponerse en guardia ante un usocarente de ética. No hay mayor corrupción que la de lo más excelso y lo más óptimo, como es el valor y el deseo de paz. Ante ello hay que desenmascarar la hipocresía y la manipulación y plantear la complejidad del panorama internacional. Hay mucho populismo
demagógico y conviene ofrecer los instrumentos para hacerse cargo con rigor -no con consignas de falso pacifismo e ideología-. De verdaderas premisas y presupuestos auténticos se puede llegar a conclusiones ciertas, cada cual que saque las suyas: pero sobre bases sólidas, no a partir de eslóganes o partidismos. El bien de la paz es demasiado preciado para corromperlo.
La tradición ética, política y jurídica sobre el "ius ad bellum" señala una serie de condiciones para lalegitimidad del uso de la fuerza. Es un asunto complejo que aquí no puedo detallar. En este caso lo que se dilucida de manera fundamental es si había una "amenaza inminente" (clave para justificar o no la acción militar). Es lo que haría plausible una legítima defensa preventiva (reconocida e incluida en el artículo 51 de la Carta de NNUU, según la doctrina ONU y el consenso jurídico), aunque sea polémica por su difícil definición. Antelas muchas opiniones de estos días al respecto convendría -para juzgar y opinar correctamente sobre una cuestióndecisiva como es la intervención militar-, tener las certezassuficientes para afirmar con rotundidad que o había tal "amenaza inminente" o no la había.
Leo en algún prestigioso jurista foráneo que él no ha visto las pruebas, otra excelente académica española niega que hubiera tal amenaza que es lo que podría justificarlo, M. Javendafar explica que Irán estaba produciendo doscientos misiles balísticos al mes, etc. Sin embargo, y no es mi pretensión afirmar o negar en un sentido u otro, pues no se puede condenar o aprobar sin las pruebas fehacientes. Los decisores o políticos que han tomado las determinaciones afirman que los persas estaban amenazando con “ambiciones nucleares y misiles balísticos” (Ratcliffe, director CIA) -a EEUUy los aliados de Oriente Medio-, M. Rubio aseveró que existía tal inminencia en el ataque (rueda de prensa del 2 de marzo) y la Directora de Inteligencia USA, ante el Congreso, que el que podía formular ese juicio era solo D. Trump.
Planteo la complejidad del problema. Se puede creer o no a unos a otros pero me temo que estamos en el terreno de las conjeturas. En este sentido, la perspectiva para abordar la cuestión es ética, política y jurídica y hay que tener todos los elementos en cuenta para un “juicio prudencial”, en términos clásicos. Así la tradición al respectorequiere tener muy en cuenta: "la apreciación de estas condiciones de legitimidad moral pertenece al juicio prudente de quienes están a cargo del bien común" (implicados). Ahí pues habría que situar el verdadero debate, con objetividad, no en análisis parciales.
Por lo tanto, ante quienes declaran la guerra legal o ilegal hay que exigirles la debida argumentación -no la simple afirmación o negación- y pruebas. No soy ingenuo y al ser terreno resbaladizo y haber intereses de parte parece difícil llegar a una conclusión a día de hoy. Quizá haya que remitirla al juicio de la Historia o a algún Tribunal Internacional.Aún así, las carencias de la arquitectura del Consejo de Seguridad y del sistema ONU dejan un margen amplio para interpretar la aplicaciónestricta del derecho internacional. Por ello, el análisis enlas relaciones internacionales debe completarse incluyendo lasperspectivas ética y político-diplomáticas: los diferentes niveles de complejidad.
En este orden, es una pista que la vicepresidenta de la Corte Penal
Internacional (Mrs. Sebutinde) votara respecto al drama en Gaza que: "la disputa entre el Estado de Israel y el pueblo de Palestina es, esencial e históricamente, política" y que por tanto, requeriría una solución diplomática,nojudicial. En este sentido, soy de los que creo firmemente hay que limitar el uso de la fuerzapero con reglas de juego claras, válidas para todos y sin ambigüedades posiblesy arbitrajes vinculantes y objetivos.El sistema global actual no lo permite y es una tarea pendiente del futuro orden mundial construir una arquitectura internacional justay con poder coactiva y sancionador.El cometido es pues ético, político, diplomático y,por fin, también jurídico: sin este entreveramiento la invocación al Derecho Internacional será muy frágil.