Luis García Jambrina nos propone en El último caso de Unamuno una aproximación literaria a uno de los episodios más enigmáticos de nuestra historia reciente: la muerte de Miguel de Unamuno en la Salamanca de 1936. Con la precisión del investigador y la sensibilidad del narrador, Jambrina reconstruye los últimos meses del escritor bilbaíno, atrapado entre la violencia de la Guerra Civil y sus propias contradicciones ideológicas. El resultado es una novela que combina intriga, reflexión moral y un retrato minucioso de una ciudad sometida al miedo.
La obra se articula en torno a dos líneas narrativas. La primera sigue al propio Unamuno, que en los inicios del conflicto se ve envuelto en la investigación del supuesto suicidio de un catedrático. Ese no caso, aparentemente aislado, sirve para mostrar el clima opresivo que domina Salamanca tras el triunfo del bando sublevado: detenciones arbitrarias, desapariciones, fusilamientos y un ambiente de sospecha que va erosionando las convicciones del rector. García Jambrina dibuja aquí a un Unamuno profundamente humano, dividido entre su inicial apoyo al alzamiento y la repulsión que le provoca la brutalidad que presencia.
La segunda línea se activa tras la muerte del escritor, el 31 de diciembre de 1936. La versión oficial habla de un fallecimiento natural, pero quienes lo conocían dudan. Teresa Maragall -anarquista, amiga íntima y figura clave en la vida emocional de Unamuno- regresa a Salamanca bajo identidad falsa para esclarecer lo ocurrido. Junto a Manuel Rivera, antiguo colaborador del rector, inicia una investigación que los conduce a un entramado de silencios, amenazas y verdades incómodas.
La novela sugiere, sin afirmarlo de manera categórica, que la muerte de Unamuno podría no haber sido fortuita, sino consecuencia de tensiones internas dentro del propio bando franquista, inquieto por la creciente disidencia moral del escritor.
Jambrina despliega una ambientación rigurosa: la ciudad universitaria convertida en cuartel, las calles vigiladas por falangistas, los cafés donde se murmura lo que no puede decirse en voz alta. Como en la mejor novela histórica, el contexto no es un mero decorado, sino un personaje más que condiciona cada gesto y cada silencio. La prosa del autor, sobria y precisa, evita el sensacionalismo y apuesta por una reconstrucción verosímil, apoyada en documentación, pero abierta a la interpretación literaria.
Más allá del misterio, El último caso de Unamuno es una reflexión sobre la responsabilidad del intelectual en tiempos de barbarie. El escritor aparece como símbolo de una conciencia que se niega a doblegarse, incluso cuando su voz se vuelve incómoda para quienes detentan el poder. La novela no pretende resolver definitivamente el enigma de su muerte, sino iluminar sus sombras y reivindicar la vigencia moral de su figura.
Jambrina logra así una obra que combina emoción, rigor y una mirada crítica hacia uno de los momentos más oscuros de nuestra historia. Una novela que invita a pensar tanto como a leer.