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Ensayo

Javier San Martín: Creencia y realidad. Desde un diálogo con Ortega...

domingo 29 de marzo de 2026, 23:08h
Actualizado el: 29 de marzo de 2026, 23:13h
Javier San Martín: Creencia y realidad. Desde un diálogo con Ortega...

Fundación Sicómoro. Madrid, 2025. 694 páginas. 28 €. Monumental y brillante estudio que arroja luz sobre el trascendental concepto orteguiano de “creencia”

Por José Lasaga Medina

Trataré de hacer llegar al improbable lector de esta nota una idea aproximada del problema filosófico que enfrenta el gran libro -en el doble sentido de grande por el número de páginas, pero también por la ambición teórica que asume y el trabajo ingente que se acumulan en sus casi 700 páginas escritas a lo largo de los últimos quince años- titulado Creencia y realidad.

Siempre que un filósofo menciona el término realidad, podemos presumir que va a enfrentar alguno de los problemas centrales de este quehacer humano que es pensar, buscar el sentido a lo que hay. Y si se empareja con el concepto de creencia, sabemos que, desde que Platón sistematizara la oposición episteme / doxa, estamos ante una cuestión mayor que atraviesa toda la historia de la filosofía, hasta los grandes del siglo XX que protagonizan este libro: Edmund Husserl y José Ortega y Gasset

El libro consta de dieciséis capítulos y solo el índice precisa de cuatro páginas. Señalo estos datos brutos para indicar que la tarea de hacer justicia al libro está condenada al fracaso. Señalaré, pues, las notas que me parecen más importantes. El libro se plantea como una indagación sobre el problema de la creencia en los dos autores mencionados que son, no por casualidad, aquellos a los que ha dedicado Javier San Martín su dilatada labor en la enseñanza y en la investigación.

Después de dedicar un capítulo inicial a presentar la genealogía de la noción de creencia desde los presocráticos hasta las lecturas fenomenológicas y vitalistas del siglo XX, San Martín dedica el segundo capítulo a examinar con todo detalle la noción de creencia en Husserl desde sus influencias en las tradiciones empiristas y pragmatistas (nuestro autor concede mucha importancia a la noción de creencia elaborada por Wiliam James), así como la de su maestro Franz Brentano. Pero donde el lector deberá hacer lectura reposada es en el capítulo 5 titulado “Cambio en dos paradigmas”. Se trata en efecto de las lecturas cruzadas de las maduraciones internas que tuvieron los ya mencionados Husserl y Ortega

En relación con el primero, San Martín señala que hay que hablar de un “nuevo” Husserl después de que se dieran a conocer muchos de los cursos que dictó pero que no publicó. Las nociones centrales de su filosofía adquieren otro sentido que obligan a abandonar lo que nuestro autor llama “prejuicios escolares” en relación con cuestiones tales como la subjetividad trascendental o el sentido de las “reducciones”. Dicho cambio de paradigma afectó de lleno a la noción de creencia y su rendimiento en la fenomenología tendiendo un puente entre el “mundo de la vida” del último Husserl y la estructura intencional de la conciencia.

Algo semejante ocurre con el cambio de paradigma de Ortega, pero en sentido temporal contrario. Quiero decir que es el “joven” Ortega, de 1915-1916, el que es rescatado tardíamente cuando se publican cursos y conferencias de sus primeros años alterando la visión canónica que se tenía de la noción de creencia en su modelo de razón vital a partir del texto fundamental redactado en 1934 aunque publicado poco después, titulado “Ideas y creencias”.

Este ensayo de poco más de cuarenta páginas, que habría sido uno de los primeros capítulos del libro nonato Aurora de la razón histórica, propone una interpretación, creo que novedosa, de la noción de creencia: las creencias, a diferencia de las ideas (ocurrencias), darían consistencia de realidad, suelo histórico, a la vida biográfica de cada cual. La cuestión entonces reside en que si las creencias son históricas resultan ser perecederas, por lo que perderían la condición de “trascendental” que Husserl les otorga.

La pesquisa de San Martín retrotrae la noción orteguiana, que califica de “historicista”, a una anterior de inspiración husserliana que habría funcionado como base de aquella. Este es el núcleo teórico del libro: la doble noción de creencia, la referida al juicio del “ser consciente” que “cree” en la realidad gracias a la ejecutividad de su percepción y la que genera la vida humana en su dimensión “historial”. Sobre las tensiones entre ambas y los paradigmas en que se mueven había escrito San Martín en varias ocasiones.

La auténtica novedad de este libro está en la atención que presta a todos los comentaristas del problema de las creencias en Ortega desde las interpretaciones canónicas de Julián Marías y Rodríguez Huéscar hasta las más recientes, como la ingente tesis doctoral que Rafael Lorenzo dedicó precisamente a la noción de creencia en la primera etapa de Ortega, es decir, en las lecciones de Buenos Aires y en el Sistema de psicología.

No hay exageración alguna al afirmar que no hay libro o artículo sobre el asunto de las creencias en Ortega y Husserl que San Martín no haya registrado, comentado y analizado para esclarecer ese profundo problema tan antiguo como la filosofía misma: creer para vivir, vivir para creer. Así, la creencia se constituye como principio trascendental de lo real, es decir, como la forma en que la vida hace acto de presencia para sí misma, la realidad en su aparecer es lo que nos da la creencia.

Intentar presentar al lector las complejas tramas conceptuales que desde Heráclito y Platón hasta Husserl y Ortega pasando por los filósofos analíticos contemporáneos a los que también dedica su atención San Martin, con especial incidencia en el filósofo mexicano de origen español Luis Villoro, sería labor condenada al fracaso. Baste señalar que sobre el plano sistemático de las descripciones de las tesis sobre creencias de los autores centrales, San Martín consigue recuperar una genuina filosofía primera como antropología filosófica, una teoría de la vida humana, en la que se dan la mano la subjetividad trascendental husserliana y la vida humana como realidad radical: el hombre como animal de creencias, pues la creencia es la condición que hace posible que la vida se haga presente a sí misma.

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