Abrochense los cinturones.
Me propongo escribir una pequeña reflexión sobre la guerra, un tema, desgraciadamente, siempre de actualidad. en la historia de la humanidad.
No nos engañemos. El homo sapiens enturbia, con su querencia a la rivalidad, a la envidia y a la dominación de los otros,. aun los momentos y situaciones de paz y colaboración, ¿Es el ser humano poco humano o es que el término humano no es positivo sino peyorativo?
Mientras estoy en el periodo de embarazo especulativo, me acerco, en un momento de ocio, a uno de los “almacenes” de películas y por misterioso azar, “entro”, sin ninguna referencia, en una película, cuya visión hace inútil cualquier análisis o especulación que yo pudiera hacer sobre el tema de la guerra y la naturaleza de su activador, el ser humano.
Es la película MASACRE, VEN Y MIRA, de Elem Klimov, basada en las operaciones de exterminio, que las tropas alemanas, llevaron a cabo en su invasión de Rusia.
Es una película aterradora, de una calidad expositiva milagrosa, sin ninguna concesión a la anécdota o al espectáculo concebidos como diversión o entretenimiento. y por cuya visión debería pagarse al espectador.
Aparte de otras atrocidades y crueldades, que no dejan respiro, vemos a la tropa, consumando el exterminio de los habitantes de una aldea, de la forma mas cruel. Y “divertida”, a la vista del jolgorio que acompaña a la masacre.
Meten, en una pequeña iglesia, hecha con maderos, a las mujeres, niños y ancianos y en otra construcción, a hombres y adolescentes, las rocían con gasolina y les prenden fuego.
La atrocidad transcurre ante la indiferencia de muchos y la participación de algunos que se divierten disparando contra los edificios o contra quien intenta escapar. Terminan la faena y siguen su marcha.
La película me recordó a otra, cuyo autor disecciona el alma humana, de una forma mas refinada y sutil, para llegar a las mismas brutales conclusiones.
Describe la vida cotidiana en la urbanización, donde viven las familias de los técnicos y funcionarios que gobiernan y organizan un campo de concentración. Se los ve, en su vida aburguesada, en la educación de sus hijos y en el afán de los hombres por cumplir y ganar relevancia dentro de su organización. Y en sus actividades normales de ocio y relación social.
Todo normal y rutinario en una colonia de clase media. Pero….. alguna vez…….la inquietante y acusadora imagen de las chimeneas y su penacho de humo que sale de las cámaras de gas, de los hornos de exterminio. Escalofriante.
Eso es lo que encuentro en el camino porque yo, como otras veces que pienso en la esencia y evolución del ser humano, “caigo” en la genial película, de Stanley Kubrick, “2001: Una odisea en el espacio”, llena de ideas anticipatorias. En ella hay dos, a mi juicio, en que las escenas, subrayadas por la música genial de Richard Strauss, producen los momentos cumbre de una película llena de momentos cumbre.
El primero es el instante en que el ser humano descubre que, una quijada, desgajada de algún animal, cazado para alimentarse. es un utensilio apropiado para ataque y defensa: El arma, el objeto que parece ser el útil definitorio de la naturaleza humana.
Y el segundo, es el de la aparición de un enigmático monolito con el que, creo, que Kubrick quiere simbolizar la llamada que, el ser humano. parece sentir hacia un estado superior a su naturaleza animal: La razón.
Este proceso de “racionalización” está dirigido por misteriosos alienígenas, cuya presencia, Kubrick, tiene el buen gusto de ahorrarnos.
Amigos. Se agradece su deseo y su esperanza, pero, me temo que……¡No caerá esa breva!