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Biografía

Rubén Amón: Morante, punto y aparte

lunes 06 de abril de 2026, 01:06h
Actualizado el: 06 de abril de 2026, 01:31h
Rubén Amón: Morante, punto y aparte

Espasa. Barcelona, 2025. 296 páginas. 21, 90 €. Libro electrónico: 10,99 €.

Por Carlos Abella

El último libro del periodista Ruben Amón (Madrid, 1969) ha despertado mucho interés y curiosidad pues con acierto está dedicado a uno de los grandes protagonistas del año 2025, el torero José Antonio “Morante de la Puebla”. Ruben Amón es periodista con un amplio bagaje como corresponsal en París y Roma, como columnista y en los últimos años como colaborador de programas de televisión de notable audiencia.

Es un acreditado melómano y su pasión y debilidad es la ópera y también los toros, afición a la que ha dedicado mucho tiempo y en distintas facetas, pues ha publicado un libro dedicado a la controvertida personalidad del torero Jesulín de Ubrique y ha estado vinculado en distintos momentos a colectivos y empresas taurinas. Es un hombre de gran cultura, hábil y polémico tertuliano.

Y dicho esto, hacía tiempo que Rubén Amón venia propugnando que Morante de la Puebla era el mejor torero de todos los tiempos, vaticinio al que el diestro ha colaborado con esta última y esplendorosa temporada 2025 y esa inolvidable despedida de los ruedos. Afortunadamente Morante ya está considerado por los buenos aficionados de siempre como uno de los toreros más importantes de la historia del toreo. Pero en manos de Amón, las 296 páginas se convierten en una hagiografía y en un ensayo en el que el autor vuelca bastantes de sus demonios interiores, que provocan que el lector dude en muchos momentos de si Amon ha tomado la tauromaquia, su historia y la personalidad excepcional de Morante de la Puebla como probetas de un laboratorio donde se vierten afirmaciones de tal rotundidad, que nos alejan del propio Morante de la Puebla.

La creativa fantasía del autor producirá cierta incredulidad al lector al leer afirmaciones como, por ejemplo, “si todo depende de él entonces la Fiesta no tiene futuro”; o que “su gran proeza es haber atraído a las nuevas generaciones desde una tauromaquia exigente desprovista de populismo y de protección”. Afirmar que “su misión es casi mesiánica”, (página 47), o que “se siente depositario de una causa que lo trasciende”, porque “su misión es la de sostener la tauromaquia en un tiempo de hostilidad y prohibición” (página 47) es conceder a “Morante” un poder mesiánico, cuando el torero de La Puebla es un artista que ha ofrecido muchos momentos inolvidables en los ruedos a lo largo de su extensa trayectoria y el placer de verle crear arte, recrear la historia del toreo en tantos lances con el capote, con la muleta y simplemente en sus vestidos, monteras o alamares.

Más rotundo es aún afirmar “nunca parece copiar, siempre crear, tal vez por eso ha conectado con la juventud como no habia hecho ningún torero en décadas” (página 22), o que “el morantismo ha sobrepasado el umbral de una secta de eruditos para convertirse en una corriente adolescente” (página 23).

En el libro dedicado a un torero tan importante, Amón no rehúye la paradoja de que Morante en el ejercicio de su libertad política haya definido con muchos gestos su coincidencia y afinidad con las ideas y propuestas del líder de Vox, Santiago Abascal. Por ello, en la página 98, Amón incluye una reflexión de Morante sobre su identificación con los valores que Abascal representa y que no deja alternativa a otra interpretación: “Mi participación en Vox es totalmente altruista y creo que eso tiene mayor validez”.

A pesar de esta noble confesión, y en contra de ella y de lo que todos los aficionados hemos percibido, Amón se lamenta de que “ya se ocupa Santiago Abascal de cultivar la amistad y los encuentros. Y de aprovechar las inercias del maestro para atraer a los votantes jóvenes que abjuran de la prohibición y del acoso soberanista a la tauromaquia” (página 98).

Amón atribuye con acierto un papel decisivo en la admiración de la gente por Morante, al reconocimiento público de su enfermedad realizado por el propio torero en una entrevista, y coincido en que ha sido esa percepción la que ha multiplicado la admiración popular, porque se ha percibido la lucha interior que el diestro libra contra una enfermedad mental de cuyo padecimiento no ha hecho abuso. Es esa enfermedad la que le ha obligado a retirarse en varias ocasiones anteriores del toreo.

Hay en el libro muy buenas aproximaciones a los valores del toreo, a las grandes virtudes de Morante, y es afortunada la definición de que “Morante es el primer torero de arte que manda de verdad”, (página 15), y el ejercicio de comparación con José Tomas que ocupa varias páginas -de la 249 a la 256- en las que concluye que “José Tomás es el torero de valor con más arte y Morante el torero de arte con más valor”. También he apreciado la reflexión sobre que “Morante -página 265- ha hecho lo que parecía imposible: desplazar al peruano (Roca Rey) como fenómeno de masas, robarle la idolatría de los jóvenes y quedarse también con la devoción de los viejos”.

El libro ensalza la personalidad de Morante y el entusiasmo que inspira su genialidad y arte, cuya trayectoria profesional ha estado llena de grandes momentos que han culminado con esta dichosa temporada 2025 y con esa generosa despedida en la plaza de toros de Las Ventas, con el preludio de su empeño en que la figura del gran torero de Madrid, Antonio Chenel “Antoñete” fuera admirada con la colocación de una estatua frente de su puerta grande.

Como colofón a esta reseña, escrita desde el afecto histórico que siento por el autor, y que es compatible con la sinceridad, lamento que, por encima de sus muchas cualidades como escritor, como divulgador, siempre inteligente e irónico, Amón haya convertido Morante, punto y aparte en un ensayo por elevar a Morante más allá de los altares, atribuyéndole poderes para ser el salvador de la fiesta, y redentor de todos los vicios que esta padece.

Y no es menor el que esta esté moribunda, y en manos de -lo repite varias veces- los patrioteros, la derechona casposa, y demás descalificaciones de la tradición. Sin embargo, en el libro se aprecia un menor pesar por la traición de la izquierda a su anterior compromiso con la Fiesta y a su inhibición, condicionada por su dependencia de las posiciones de independentistas, podemitas y demás populistas que apoyan un gobierno abiertamente antitaurino y empeñados en identificar la tauromaquia con la España que detestan, olvidando su honda raíz en la cultura popular y en las tradiciones de miles de pueblos, ciudades, a lo largo de la historia.

Chaves Nogales no tuvo que recurrir a exagerados poderes e impostados calificativos para describir con profundidad la relevante identidad de Juan Belmonte ni el significado histórico de su nuevo concepto del toreo. Ni Gregorio Corrochano para ensalzar la leyenda de “Joselito”, ni Pepe Alameda la grandiosidad de “Manolete”, ni Ernest Hemingway la de Antonio Ordóñez ni Jean Cau la de Jaime Ostos. Porque ninguno de ellos quiso salvar la Fiesta sino culminar su ambición creativa y artística.

Desde mi gran admiración por “Morante de la Puebla”, es difícil coincidir con el criterio de Amón de que sea el mejor torero de la historia y por ello es urgente que lamentando su ausencia de los ruedos -que no estamos seguros sea definitiva- situemos entre todos su figura y le ayudemos a bajar de ese artificial pedestal, desde el que Amón ensombrece la trayectoria de grandes toreros, marginando a tantos artistas que antes que Morante dejaron huella imborrable de su arte, de su valor, de su personalidad en la pasión de los ciudadanos y la de grandes personajes de la tauromaquia que han enriquecido nuestra historia, y que no hace falta que cite siquiera a alguno de ellos.

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