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TRIBUNA

Un poema de Wisława Szymborska

domingo 26 de abril de 2026, 18:19h

"Tal vez miré hacia atrás por curiosidad./ Pero además de curiosidad pude tener otras razones./ Miré hacia atrás porque me dio tristeza la escudilla de plata./ Por distracción: amarrándome el cordón de la sandalia./ Para ya no mirar la nuca justa/ de mi marido, Lot./ Por la seguridad repentina de que si yo muriera,/ él no se detendría./ Por la desobediencia natural de los humildes./ Escuchando cómo nos perseguían./ Conmovida por el silencio, pensando que Dios cambiaría de idea./ Nuestras dos hijas se perdían ya tras la colina./ Sentí la vejez en mí. El alejamiento./ Lo inútil de viajar. Sueño./ Miré hacia atrás mientras ponía mi hatillo en el suelo./ Miré hacia atrás preocupada por el siguiente paso./ En mi camino aparecieron serpientes,/ arañas, ratones de campo y polluelos de buitre./ Ni buenos, ni malos; simplemente lo vivo, todo,/ brincaba y se arrastraba en un temor colectivo./ Miré hacia atrás por soledad./ Por la vergüenza de huir a escondidas./ Por las ganas de gritar, de regresar./ O porque justo entonces se soltó el viento,/ desató mi pelo y me levantó el vestido./ Sentí que me veían desde los muros de Sodoma/ y se morían de risa, una y otra vez./ Miré hacia atrás llena de rabia./ Para gozar plenamente su ruina./ Miré hacia atrás por todas las razones mencionadas./ Miré hacia atrás sin querer./ Fue sólo que una roca giró gruñendo bajo mis pies./ Que una grieta de pronto me cortó el paso./ En la orilla un hámster agitaba las patas delanteras./ Y entonces ambos miramos hacia atrás./ No, no. Yo seguí corriendo,/ arrastrándome y trepando/ hasta que la oscuridad cayó del cielo,/ y con ella grava ardiendo y aves muertas./ Por falta de aliento varias veces perdí el equilibrio./ Si alguien me hubiera visto, pensaría que bailaba./ Es posible que haya tenido los ojos abiertos./ Que haya caído mirando hacia la ciudad".

Es un poema perteneciente a su libro de 1976, El gran número, y que no fue traducido a nuestro idioma hasta varias décadas más tarde, en este caso por el mexicano Gerardo Beltrán para la recopilación Poesía no completa, publicada en 2002.

En el caso de Szymborska, la concesión del Nobel en 1996 supuso el capote necesario para que su poesía fuera, ya no reconocida, sino simple y llanamente conocida en todo el mundo. Pero ella no dejó de publicar. No dejó de hablar de los temas que la venían interesando desde su primera obra, aparecida en 1952. No dejó de fumar tampoco. Hasta el día que fue requerida en el cacareado Más Allá, exhaló el humo como los enamorados adolescentes hacen con sus suspiros e insatisfacciones crónicas. La fotografía de la ceremonia del Nobel lo demuestra: entre la multitud, mirando hacia arriba, gloriosa como aquel que sabe que nada de eso es para tanto, pero ya puestos, sí, se tiene la razón de su lado.

Suele gustar allí donde no había sido leída. Algo parecido sucede con la gente guapa cuando es vista en los lugares donde otros, habituales de encontrar en los mismos, no habían reparado en su presencia. A dos mesas de distancia, nos fijamos en una pareja que enfatiza demasiado sus gestos, su estar-en-una-cita que hace que los demás los miremos. Nos conmueven su silencio y sus estallidos de carcajadas por a saber qué broma que el alcohol y la excitación agrandan. Ellos siguen y nosotros viendo cómo avanza ese besarse que parecía hacerse de rogar. Enseguida empalagan. No conocemos las razones de por qué ellos se esmeran tanto y de por qué nosotros pasamos de la envidia zumbona al pudor. Ellos puede que estén gozando con la ruina de su alrededor, si da la casualidad de que son la única pareja —tan exhibicionista— del sitio. Se agitan, se levantan y se morrean más contra la pared. Sentados ocurre igual. Ella parece que vaya a perder el equilibrio y finalmente se cae de espaldas. Falta el aliento pero todo es rápidamente recuperado. Intentamos cada uno volver a lo nuestro, pero ya no sirve el hablar como si nada. No caemos en mirar cuándo se van y si se despiden. La curiosidad hizo la trampa. Ya no podemos mirar atrás. ¿O no queremos?

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