El teniente coronel de la Guardia Civil, Antonio Balas, ha declarado en el Tribunal Supremo lo que era un clamor. Ha pronunciado el nombre de Pedro Sánchez y ha hecho temblar las paredes de la sala del Alto Tribunal donde se juzgan las mil y unas corrupciones del Gobierno. La frase del mando de la UCO, basada en la documentación e investigaciones de sus agentes, es tan breve como acusadora: “Acceden al presidente”. Pues, según las comunicaciones interceptadas por el jefe de delitos económicos de la Benemérita, así se lo comunicó Ábalos a Koldo García. Y, según los informes en poder de la Guardia Civil, acceden desde el primer momento “a estamentos de alto nivel, entre otros, a ministros como Reyes Maroto, a presidentes autonómicos como Francina Armengol y Ángel Víctor Torres, incluso al presidente”. Y, así, desde el rescate de Air Europa hasta el turbio negocio de las mascarillas mientras morían más de 80.000 españoles por la pandemia, incluso durante la misteriosa visita a Madrid con sus maletas llenas de no se sabe qué de Delcy Rodríguez, la entonces vicepresidenta del narcodictador Nicolás Maduro y ahora palanganera de Donald Trump. Y sí. El presidente lo sabía todo. Estaba puntualmente informado por José Luis Ábalos, el gran hacedor, el ministro plenipotenciario, el capo de Ferraz, compañero de andanzas y amigo entrañable del líder socialista al que ahora traiciona con cobardía al asegurar que “era un desconocido”.
El teniente coronel ha contado con detalle cómo funcionaba la trama. “Ábalos abría los negocios, Koldo los gestionaba y Aldama pagaba” las ingentes cantidades de dinero que se embolsaban los hombres del presidente delante de sus narices. De algún modo, Sánchez ya está implicado y no podrá recurrir a los bulos de la fachosfera. Pues es la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil, representada por su teniente coronel y jede de delitos económicos, quien ha contado cómo los imputados se llenaban los bolsillos. No en vano, la trama que se paseó en el Peugeot por media España comenzó sus andanzas dando un pucherazo en las primarias y terminó enriqueciéndose cuando llegó al poder al acaparar fajos de “chistorras”, que como han confirmado los miembros de la UCO, se trataba de billetes de 500 euros. Un viaje que parece haber llegado al final, a la sala del Tribunal Supremo que juzga las mil y una corrupciones del Gobierno que llegó al poder para acabar con la corrupción y ha terminado hundiéndose en ella.
Y esto no ha hecho más que empezar. Pues Ábalos, Koldo y, por supuesto, Aldama declaran este miércoles y, según parece, están dispuestos a tirar de la manta para destapar las vergüenzas del gran jefe, hartos de ser abandonados a su suerte por el presidente. Dispuestos a acusar a quien todo lo sabía, y callaba, mientras desde su despacho en Moncloa colaboraba, además, con su mujer para que atracara a los Hidalgo y a la Complutense, para que su hermano tocara el piano en Portugal y, así, no rendir cuentas a Hacienda, pero con cargo y sueldo en la Diputación de Badajoz. Ya sólo queda por saber cuándo se sentará Pedro Sánchez en el banquillo de los acusados por haber “accedido” a la trama de corrupción y por apestar a “chistorras”.