Un renovado vitalismo que entusiasma y es deseable siempre en las relaciones México-España nos trae en la agenda bilateral dos visitas a México, dos encuentros de relevante importancia. Por un lado, la visita bien recibida y de cálida bienvenida al ministro de Exteriores español, José Manuel Albares, que, aunque fue relámpago este 29 de abril, ha sido particularmente fructífera.
Y la anunciada visita por ¡10 días! de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso. Cada cual merece una apreciación.
El ministro Albares se presenta con la invitación formal a que asista la presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, a la Cumbre Iberoamericana de Madrid en noviembre próximo, cumbre que merece un éxito rotundo, una convocatoria amplia e incluyente y, desde luego, sin la asistencia de México todo ello no sería posible, opacándose inmerecidamente. Se conjuró el presunto riesgo de no asistencia. Sheinbaum recibió en persona al ministro Albares en el Palacio Nacional y el gesto es encomiable, porque aquí se valora mucho los pasos dados por España en el acercamiento a partir del diferendo por dar o no disculpas sobre la Conquista. Yo celebro ese buen ánimo de tender puentes de ambas partes. Y sí, el quid de origen no está resuelto, pero no puede ser el único tema.
Ya sabe mi postura: no caben las disculpas. Sí cabe que todos los países iberoamericanos se cuenten la Historia común completa, lo bueno, lo malo, sin leyendas rosas ni negras, que hay de ambas. Menuda tarea por delante.
Por lo demás, es positiva la invitación entre dos socios estratégicos y con una alta participación mutua, entendimiento en valores compartidos y con una relación personal cercana y, desde luego, inocultable. El ministro Albares ha estado en el Museo Nacional de Antropología, el premiado con el Princesa de Asturias el año anterior –foto de rigor incluida, al pie de su pieza insigne, el afamado Calendario Azteca– y me parece que le agradó. Seria magnífico que pueda recorrer sus salas muy pronto S.A.R. la Princesa de Asturias. No se nos escapa que en la ceremonia en que se entregó el galardón, ha elogiado su acervo y merecería visitar este recinto, apreciar in situ la grandeza de las civilizaciones ahí repasadas y resguardado su legado. Todo se andará. Y adelanto: mientras la princesa Leonor leía el texto, sentías como su pensamiento cruzaba el Charco. Normal.
Desde esta otra orilla del Atlántico, desde ultramar, apuntaré que no digo que ambos personajes –Albares y Díaz Ayuso– representen las “Dos Españas”, pero no pasa inadvertido que, mientras el ministro Albares se planta en el Museo Nacional de Antropología y aprecia el pasado prehispánico de México, la presidenta de la Comunidad de Madrid optará por asistir a un homenaje a Hernán Cortés en la ciudad que conquistó y donde pidió en su testamento ser sepultado, a despecho sí, de Medellín, que de cuando en cuando pide su retorno. Convendrán ustedes, apreciados lectores en ambos hemisferios, que no se juega con la voluntad de los muertos, que ya bastante tenemos con la de los vivos. Y sí, es que también hay dos Méxicos.
Pues bien, la visita de Isabel Díaz Ayuso, repasando el despacho oportunamente publicado aquí en su diario El Imparcial, leído en ambas orillas del Atlántico…y del Pacífico, reviste una significación destacable. Debo advertir y vaya por delante, que esperemos prudencia de la presidenta Ayuso, que aquí no es ignorado que ha calificado de narcoestado y de comunista al país que la acogerá y estoy cierto que será recibida con una cordial, genuina e insuperable hospitalidad. Que México merece mejores calificativos siendo dos naciones hermanas, España y México; y este ser el segundo país inversor en la Comunidad de Madrid, amén de lo bien que le va a esa Comunidad en México. La política merece clase, elegancia, matices, prudencia y calidad y altura de miras. Sabemos, confiamos en que la habrá. La Comunidad de Madrid merece ser bien representada y en los detalles está el Diablo.
También debe usted saber que la señora Ayuso se pasará solo, a excepción de Ciudad de México, por entidades gobernadas por el conservador partido Acción Nacional, que lleva un buen rato muy alicaído y con una dirigencia plagada de impresentables, pero es lo que hay. Destaco su visita a Aguascalientes, que en sus tres semanas ¡tres! de feria en primavera, la Internacional de San Marcos, incluye un pabellón de Madrid. Recibirá las llaves de la ciudad, medalla incluida. Qué bien. Aguascalientes siempre la recomiendo, es muy hispánica, una gran cuidad de muy mexicana raigambre y será el escenario más que magnífico para recibir a la presidenta de la Comunidad de Madrid. Verá que será estupenda esa visita. Leo que hasta acudirá a Riviera Maya y a la infaltable visita a la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe en la capital, que estoy cierto, será de particular interés. Y verificará que es verdad lo que dijo Agustín Lara de Madrid: “en México se piensa mucho en ti”. Nada más cierto. A quien se pasa por ella, le sugiero siempre no perderse sus deliciosas violetas escarchadas. La mar de buenas.
Veo que no se incluye un encuentro con la Sheinbaum o la alcaldesa mayor, jefa de gobierno la llamamos aquí, de Ciudad de México, Clara Brugada, ambas de izquierda. Qué lástima, por tratarse, primero que nada, de dos países hermanos y especialmente, de Ciudad de México, hermanada con la ciudad de Madrid en tiempos del gran Tierno Galván, que nos obsequiara la formidable réplica en bronce de la maravillosa fuente de Cibeles. Ambas son ciudades de acogida. Recordemos los dimes y diretes entre Sheinbaum y Ayuso a raíz de descalificaciones de la segunda a la primera. Lástima, ya le digo. Con lo importante que es Madrid y su Comunidad. Claro, Ayuso no es la alcaldesa de la Villa y Corte, pero representa a una significativa comunidad española que la alberga.
Siempre, todo acto que fortalezca las relaciones México-España es loable y bienvenido. Dos naciones con la consonancia que poseen España y México y los precedentes que las definen, merecen el mejor tono y el mayor acercamiento.