Partido descomunal del equipo de Íñigo Pérez, que jugó mejor que nunca en el día señalado. El gol de Alemao premió la exhibición colectiva de los vallecanos. Batalla puso la guinda. El sueño sigue vivo.
De las callejuelas que entrelazan los barrios de Portazgo, Palomeras Bajas y Numancia hasta Leipzig. De Vallecas hasta la gloria. Ese es el viaje, con sabor a ensoñación, que el Rayo ha trazado desde agosto y que ha coronado este jueves en la Liga Conferencia. Se trata de una aventura maravillosa que ha llenado de ilusión a un pueblo a menudo maltratado por la realidad, a unos aficionados que no habían visto nada igual en los 102 años de historia del club de sus amores. Ya habían firmado una página gloriosa rompiendo la frontera de los cuartos de final europeos hace tres semanas (en el otro viaje continental, el de 2001, no pudieron atravesar ese peldaño), pero esta noche han elevado la dimensión de su órdago al fútbol apabullando al Estrasburgo, el mejor bloque de la Fase Liga de la competición (cinco triunfos y un empate, ni una derrota). Han tomado el estadio de La Meinau, quizá el recinto más complicado del torneo, dando un golpe sobre la mesa estruendoso. Con su mejor fútbol y un carácter de campeón. Como si no fuera la primera vez que pisaban esta altura.
El equipo muy bien dirigido por Íñigo Pérez avisó en la ida, donde fue muy superior y mereció sacar más renta. La confianza brotaba ya entonces con ardor, pero el fin de semana facturaron casi de forma matemática su permanencia en Primera División un año más. Ese alivio, perseguido durante meses mientras que los aires continentales seducían a la concentración, ha supuesto el empujón definitivo para ir a por todo en el Viejo Continente. Ya no hay preocupaciones domésticas que pongan mácula al anhelo y con esa soltura se plantaron en la casa de uno de los grandes favoritos. El entrenador puso sobre el tapete a su alineación de gala y como el colectivo es lo que prima en este proyecto, no pasó absolutamente nada con el primer imprevisto: Ilias Akhomach se lesionó en el calentamiento. En su lugar entró el 'Pacha' Espino, un perfil de meno afilado pero más equilibrado. Justo lo que necesitaba el plan. De repente tenían un doble lateral izquierdo con el guerrero uruguayo y el dinámico Pep Chavarría.
El mejor Rayo en el día más importante
Desde muy temprano evidenciaron los españoles su superioridad. A base de una presión alta corrosiva y de pura calidad técnica con balón apagaron el supuesto inicio arrasador de los alsacianos. El dominio de la posesión, con salidas armoniosas desde atrás, mezcló a la perfección con una valentía posicional que sin duda sorprendió al preparador rival Gary O'Neal. Debieron fallar los cálculos locales al comprobar cómo los visitantes apretaban de lo lindo cuando perdían el cuero, con una primacía posicional muy arriesgada y la línea defensiva fija en el centro del campo. Se las prometían muy felices los galos después de haberle remontado al Mainz en los cuartos de final, en este mismo terreno, pero los vallecanos entraron en juego con una personalidad impresionante, que por otra parte muestran en cada partido que juegan, porque esa es su identidad y les da igual enfrentar al Club Deportivo Yuncos en Copa del Rey o al Barcelona en el Camp Nou. Siempre juegan al ataque, asumiendo riesgos, y no cambian la piel por nadie. Y como les está saliendo muy bien la apuesta, compiten con una convicción a prueba de bombas.

El desafío obligaba a soportar la tensión del momento y la pasión de la grada, a querer recibir la pelota presionado y jugarla con sencillez. Esa era la tesitura y el Rayo se amoldó mucho mejor que los favoritos. Y en el minuto ocho casi recibieron premio a su sensacional puesta en escena, cuando Andrei Ratiu pintó un centro estupendo, Alemao cabeceó y el meta Mike Penders tuvo que volar. El prólogo supondría sólo un avance de lo venidero, pues los vallecanos mandaron a placer durante todo el primer tiempo. Robaban la pelota a toda velocidad, en campo rival, y combinaban con una lucidez colectiva que apocó a los locales. Marcaban al hombre en la presión y tendían emboscadas cuando notaban titubeos en un cuadro alsaciano que destaca por la potencia y el físico de sus jugadores, no tanto por la clase con la pelota. O'Neal alineó a sus dos mejores creativos en el eje, el prometedor Samir El Mourabet y Valentín Barco (que pasó por Sevilla sin pena ni gloria, era lateral punzante en Boca Juniors y que en Francia se ha asentado como mediocentro) con la idea de discutir la posesión pero fue imposible. Éste último se recuperó a tiempo tras haberse lesionado y perdido los cinco partidos previos (incluido el duelo de ida en Vallecas), mas la aplicación táctica visitante le pasó por encima.
En todo el acto inicial sólo pudieron los franceses acercarse al área protegida por Augusto Batalla un par de veces, para chutar en una única ocasión. Tardaron casi 20 minutos en atisbar respiro, con una escapada y centro de Diego Moreira despejado por Pathé Ciss. El pivote senegalés ocupó el puesto de central y sobresalió de nuevo. En esta noche estuvo quirúrgico al corte frente a una ofensiva que no contó con un delantero centro posicional. Las sensibles bajas de Joaquín Panichelli y Emmanuel Emegha restaron poderío a un Estrasburgo impotente, impedido para siquiera incomodar a Ciss, Florian Lejeune y a Óscar Valentín. Los tres rindieron en la excelencia destruyendo y dando continuidad a las eternas circulaciones, hilvanadas entre Unai López e Isi Palazón, que anestesiaron el empuje alsaciano. Así, Batalla se marcharía al intermedio con muy poco trabajo mientras que en el otro área Penders se tuvo que multiplicar. Hasta 15 remates le amenazaron en este segmento. Los más destacados, casi siempre tras robos adelantados, llevaron la firma de Jorge de Frutos, con un chut cerca del larguero -minuto 10-; el 'Pacha' Espino, con un zurdazo cruzado repelido por el arquero -minuto 22-; Isi Palazón, con un latigazo desde media distancia cercano al poste -minuto 26-; y de Unai López, que descerrajó un cañonazo desde media distancia que exigió al porteto rival -minuto 28-.
Un colofón brillante
Los locales llegaron a la media hora sin respuestas, desnortados. El Mourabet y Barco eran sujetos pasivos y Julio Enciso, el estilete del ataque francés, padecía malnutrición arriba. La dinámica le pertenecía por completo a un Rayo que seguía presionando y robando, en un derroche que desembocaba en transiciones punzantes, sobre todo por el costado que compartieron Ratiu y De Frutos. En el 32 perdonaría este último un pase frenético del rumano, al borde del área pequeña, y en el 34 el zaguero Ismaël Doukouré salvaba a los suyos con un despeje muy apurado tras otro centro veloz. El torrente de juego español no frenaba y disfrutaba del aporte crucial de dos peones muy alejados entre sí: Batalla anulaba el nudo rival con su precisión para pasar en largo y Alemao bajaba pelotas para desahogar cuando era necesario. Cada engranaje cumplía su función en plenitud y el grupo resplandecía. La comodidad era absoluta y sólo le faltaba afinar en tres cuartos de cancha para completar la exhibición. Y cuando los merecimientos rebosaban a la lógica Alemao anotó el 0-1 -minuto 43-. Fue en una acción de balón parado, el antídoto definitivo del Estrasburgo. Un córner pasado le cayó al 'Pacha', que ganó un duelo por hambre y centró una pelota rematada a bocajarro por Lejeune que sacó Penders con un paradón, mas el atacante brasileño estaba atento y embocó el rebote con astucia. Para inyectar más tranquilidad si cabe a su delegación y confirmar su idilio con estas eliminatorias: fue soberbia su aportación en Grecia, cuando los cuartos de final se torcían; en Turquía, con un doblete para encauzar los octavos de final; y no digamos en semifinales, con gol en la ida y en la vuelta.

El Estrasburgo quiso responder con orgullo y en la siguiente jugada el regateador Martial Dogo despertó para poner un gran pase a la espalda de la zaga visitante. Guéla Doué se escapó subido a una galopada meteórica pero topó su remate en el instinto de Batalla, que salió al mano a mano e hizo justicia. Era el único disparo local hasta entonces y O'Neal, el encargado de comandar la nave cuando quedó descabezada al salir Liam Rosenior, intentó intervenir añadiendo ambición. En el entretiempo relevó al lateral zurdo Ben Chilwell para dar entrada al mediapunta asociativo Sebastian Nanasi. Y en el segundo tiempo metería el desborde de Samuel Amo-Ameyaw, a ver si así revolucionaba el guión de partido. Nada más lejos. Un cabezazo desviado de Moreira a centro de Godo daría paso al regreso automático del dominio 'rayista'. Más presión, más categoría en la gestión de la pelota. Y, por ende, más ocasiones de gol sobre el arco de Penders, que por otro lado justificó por qué en Bélgica le consideran el relevo natural de Thibaut Courtois. En el 51 se estiró para repeler un trueno emitido por Isi y en el minuto 68 ejecutó un paradón ante el remate a quemarropa de Sergio Camello, que para entonces ya había sentado a Alemao. Por el camino el guardameta local vio cómo De Frutos perdonaba una volea solitaria en el área pequeña antes de cruzar demasiado otro intento. La preponderancia madrileña volvía a ser contundente.
Y ante el intento de asedio final del Estrasburgo, Íñigo Pérez cambió a todo su frente de ataque para tener oxígeno con el fin de intercalar presiones que torpedearan el ritmo francés. Amén de introducir un doble lateral diestro para curarse en salud, alcanzando también a fabricar múltiples opciones para sentenciar que no amortizaron Camello, Pedro Díaz ni Isi. No hicieron diana y de ahí hasta la conclusión crecería Enciso entre líneas, como facilitador. El talentoso juvenil paraguayo fue el único elemento que distorsionó algo el control visitante. De sus botas nacieron centros a balón parado mal rematados por El Mourabet y Doukouré; un pase maravilloso filtrado que cortó, providencial, Chavarría cuando Barco se relamía en la frontal -minuto 73-; y la oportunidad sobrevenida en el descuento -minuto 94-, cuando Doué conectó una volea que tocó en brazo de Óscar Valentín dentro del área. Restaban sólo dos minutos del tiempo extra y si Enciso anotaba al menos dispondrían de una oportunidad para buscar la épica y empatar la eliminatoria. Pero Batalla le adivinó el lanzamiento de penalti, para colocar la guinda a una actuación legendaria de 'La Franja'. Con trabajo, solidaridad, sacrificio y calidad asaltaron la banca, eliminaron a uno de los gigantes del torneo (que había gastado 100 millones más que los vallecanos en el mercado, como parte del grupo empresarial que es dueño del Chelsea, club que les nutre con las perlas que pesca su poderío financiero) y sacaron billete para una final en la que, cuando debutaron en la fase previa del torneo, sólo creían ellos mismos.
Ficha técnica
0- Estrasburgo: Penders; Chilwell (Nanasi, min. 46), Doukouré, Omobamidele, Guela Doué; El Mourabet (Amo-Ameyaw, min. 67), Valentín Barco, Moreira, Martial Godo; Ouattara y Enciso.
1- Rayo: Batalla; Chavarría, Pathé Ciss, Lejeune, Andrei Ratiu; Óscar Valentín, Unai López (Gumbau, min. 84), Isi Palazón (Pedro Díaz, min. 78); 'Pacha' Espino (Álvaro García, min. 82), Jorge De Frutos (Balliu, min. 78) y Alemao (Camello, min. 65).
Goles: 0-1, min. 43: Alemao.
Árbitro: Ivan Kruzliak (Eslovaquia). Amonestó a Chilwell, Moreira, Unai López, Óscar Valentín y a Batalla.
Incidencias: partido correspondiente a la vuelta de las semifinales de la Liga Conferencia, disputado en el estadio de La Meinau (Estrasburgo. Francia).