www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

TRIBUNA

Las mascotas

Jesús Carasa Moreno
x
carasajesusgmailcom/11/11/17
https://www.jcarasa.com/
jueves 07 de mayo de 2026, 20:20h

Hace tiempo que tengo el propósito de escribir sobre las mascotas, pues es un asunto que está adquiriendo un insospechado relieve social. Y no me refiero a esas mascotas raras, que tienen esas personas raras, ni a los gatos y perros que, la gente del campo, ha tenido siempre, para defender a las familias y a sus bienes. Ni tampoco a los perros adiestrados, que prestan, con entusiasmo, su increíble habilidad para tantos oficios. Me refiero a las mascotas, que conviven con las familias, como uno más.

Una escena callejera, me saca a bailar. Oigo a un hombre, en rato de ocio, decirle, airado, a su perro, que estira la correa, asustado: ¿Que te he dicho yo esta mañana? ¿Qué te he dicho?.

Es una frase que me deja claro, clarísimo, hasta qué punto una persona puede “humanizar” a su perro. ¿Acaso esa escena, no la hemos contemplado, mil veces, entre un padre y su hijo/a?.

Los niños han sido, desde que el mundo es mundo, parte importante de ese núcleo familiar, que con su pacto ancestral de lealtades, representaba la defensa mutua ante el entorno y el tiempo. Los padres cuidaban a los hijos, los hijos a los padres y todos a todos.

Pero la sociedad ha evolucionado y ahora se adiestra a los niños, no para seguir siendo parte y defensa del núcleo familiar, sino para poder integrarse en la sociedad, al margen de él y ser independientes.

La consecuencia es que, en esta vida tan compleja, aquellos vínculos atávicos se van relajando. A veces de forma extrema.

Los niños entienden ahora, desde edad muy temprana y con pesadumbre, ese mensaje de futura independencia, que los padres les van enviando y que se traduce, ya en la adolescencia, en un comportamiento de rebeldía, más o menos moderado, tan difícil de encauzar.

Y en los adultos va creciendo un vergonzante egoísmo que les susurra que, entregarse, enteramente, a los hijos, de los que, tantas veces, se obtiene tan magra recompensa, es demasiado.

Y aquella antigua juramentación de cuidar a los padres, en la vejez, hasta su muerte, está desapareciendo. Por dificultades materiales, por el debilitamiento del “honrarás a tu madre y a tu padre” o por el paulatino convencimiento de que “vida no hay más que una”.

El análisis de esta situación puede ser tan duro que no me atrevo yo a aplicar el bisturí y poner a la vista el tumor que causa esta “enfermedad” que deja al individuo en soledad y a las sociedades, “más civilizadas”, sin piezas de recambio.

De ahí que, poco a poco, a medida que el número de integrantes de las familias disminuye y el vínculo entre sus miembros se va debilitando, aumentan los animales de compañía, que sirven, además, para manifestar esa ternura vergonzante, que todos llevamos dentro y que, si no le damos cauce, se nos pudre dentro.

Y no voy a hablaros del sentimiento hacia mi perro; porque el que no ha tenido uno, no lo puede comprender y el que sí ha tenido, no necesita mi comentario.

Ya voy por el tercero. Y no estoy seguro de si soy yo el que tiene perro o es el perro el que me tiene a mi. Sigo el camino de aquel entrañable Don Pio, el

preceptor de las niñas, en la película de Garci, LOS ABUELOS, que se lamentaba, “Hablarme de penas a mi que llevo enterrados cinco perros”.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (3)    No(0)

+
0 comentarios