El ministro de Sanidad, Wes Streeting, ha dimitido de su cargo en plena rebelión laborista contra el primer ministro británico, Keir Starmer.
As a sus 43 años, es una de las figuras emergentes del ala derecha del laborismo y su puesto en el Ejecutivo le ha dado una gran proyección política.
Fue elegido por primera vez diputado en la Cámara de los Comunes en 2015, tras una etapa previa en política municipal en Londres, y llegó al Gobierno tras la victoria laborista en las elecciones generales de julio de 2024.
Con un estilo directo y buenas dotes de comunicación, ha ido consolidando su carrera con una clara ambición de ascenso. Su nombre aparece con frecuencia en la prensa como posible aspirante a disputar el liderazgo a Starmer, aunque él no ha confirmado movimientos en ese sentido.
Entre sus debilidades a la hora de conseguir apoyos figura la desconfianza que genera en parte de la facción progresista del partido.
También se ha señalado su relación en el pasado con el exembajador del Reino Unido en Estados Unidos Peter Mandelson, posteriormente apartado de la vida pública por sus vínculos con el pederasta y financiero estadounidense Jeffrey Epstein.
Según los medios, Streeting podría dimitir el jueves a fin de forzar unos comicios internos para elegir un nuevo líder. Starmer ha dicho hoy que "sigue confiando" en su ministro.
Dimite otro diputado para beneficiar a su rival
Un parlamentario laborista miembro de la Cámara de los Comunes, Josh Simons, ha presentado hoy su dimisión para allanar el camino al liderazgo a Andy Burnham, el actual alcalde de Mánchester, y considerado uno de los potenciales rivales del primer ministro Keir Starmer para sucederle.
Simons, elegido parlamentario por la circunscripción de Makerfield, en la región de Mánchester, emitió una declaración en la que dijo que dimitía "para que Andy Burnham pueda regresar a su hogar", en referencia al parlamento en Westminster, donde fue diputado entre 2001 y 2017.
El nombre de Burnham ha estado en el candelero en los últimos días porque es uno de los políticos más populares dentro del Partido Laborista, y como tal ha sonado como reemplazo de un Keir Starmer particularmente desgastado por los catastróficos resultados del Partido Laborista en las elecciones municipales y regionales del pasado jueves.
Sin embargo, para que Burnham pueda siquiera presentarse a disputar el liderazgo del partido, primero debería abandonar la alcaldía de Manchester, ganar el escaño por Makerfield en unas elecciones parciales al parlamento de Westminster, además de conseguir el apoyo de 81 diputados, que equivalen a la quinta parte del total del grupo parlamentario laborista.
Por el momento, Burnham se ha dado prisa en confirmar que va a pelear por ese escaño de Makerfield, para lo que ya ha pedido la autorización del comité nacional ejecutivo del partido (NEC).
El NEC ya bloqueó a Burnham a finales de enero, cuando el alcalde de Manchester intentó presentarse a otro escaño libre en la circunscripción de Gordon y Denton -también cerca de Mánchester-. Se dijo entonces que Keir Starmer se había opuesto personalmente al movimiento de Burnham.
Sin embargo, la posición de Starmer en estos momentos es de gran debilidad, asediado a derecha e izquierda por potenciales candidatos que aspiran a sucederle. Más de ochenta parlamentarios laboristas han llegado a pedirle la dimisión o un calendario para propiciar la transición.