El entrenador español sumó su quinta Liga Europa de forma brillante. Los ingleses impusieron su oficio y calidad al Friburgo. Golazos de Tielemans y Buendía.
Unai Emery se convirtió este miércoles en el Mesías del Aston Villa. Llegó al club en noviembre de 2022, cuando el equipo navegaba cerca del descenso bajo el mando de Steven Gerrard. El entrenador español arribó y ya en su presentación anunció el advenimiento de la gloria. Aseguró que les clasificaría para jugar alguna competición continental y proclamó que ganaría una corona europea para una entidad ilustre muy venida a menos, que no recordaba ya el regusto del champán (su último título continental fue la Liga de Campeones de 1982). Pues bien, tres años y medio después el estratega vasco cumplió con su anuncio y llevó a los 'Villanos' a lo más alto de la Liga Europa, ganando el trofeo con una superioridad atronadora en la final jugada ante el Friburgo alemán. En Estambul plantó la misma bandera que había colocado otras cuatro veces: tres con el Sevilla (en Turín 2014 ante el Benfica, en Varsovia 2015 y en Basilea 2016 contra el Liverpool de Jürgen Klopp) y una con el Villarreal (en Gdansk 2021, superando al Manchester United).
El bloque de Birmingham partía como uno de los principales favoritos del campeonato en agosto. Es cierto, pero las expectativas hay que cumplirlas. Pueden preguntárselo a otros aspirantes destacados que se quedaron en el camino mucho antes (el Olympique Lyon que lideró la Fase Liga, el Oporto, la Roma o el Real Betis). La gran ventaja que ha terminado por imponer el sistema británico es que ha aprendido a competir con una seriedad impresionante. Por obra y gracia de Emery, claro, que les ha metido en competición europea en todos los cursos que ha estado en el timón. Todos los jugadores saben lo que se demanda de ellos en ambas fases del juego y cumplen su rol con un rigor mecánico. Porque entienden que es la fuerza del colectivo la que les está llevando por encima de sus posibilidades individuales (venían de golear al Liverpool y certificar su acceso a la próxima Liga de Campeones). No tienen estrellas, de modo que el fortalecimiento del colectivo es la única herramienta y en eso es un maestro el 'arquitecto' nacido en Hondarribia. Esta noche aplicaron esas virtudes en plenitud y arrasaron a un conjunto germano que nunca había llegado tan alto (en el Viejo Continente o la Bundesliga) y notó ese vértigo.
Emery gobierna
Se enfrentaban el oficio contra la ilusión del novato (en la previa el portero Noah Atubolú había confesado que este era "el partido más importante" de las vidas de sus compañeros). Y poco a poco ganó terreno la experiencia. Aunque el primer remate, a los pocos segundos, quedó registrado en un cabezazo desviado de Igor Matanovic a centro de Jan-Niklas Beste, el Villa tomó rápido las riendas del choque. Apagó los intentos de presión del esquema bien entrenado por Julian Schuster con una receta tan sencilla como efectiva: los balones largos para la pelea de sus dos delanteros y el aprovechamiento de las segundas jugadas. Aroma añejo del balompié británico. Esa estrategia mezcla a la perfección con el perfil guerrero y astuto de Ollie Watkins y Morgan Rogers, que son dos puntas que amén de batallar en el cuerpeo se saben desmarcar con filo y se complementan de maravilla. Por ahí empezaron los británicos a marcar territorio. Más aún con el duelo ganado por Youri Tielemans y la contra acelerada que culminó Watkins con un derechazo cruzado que forzó la estirada del meta germano -minuto tres-.

Sintió el Friburgo el mayor veneno rival y retrocedió. Le sobrevinieron dudas y nervios ante la presión de un escuadrón 'Villano' rebosante de confianza y determinación. En el décimo minuto la pelota ya les pertenecía a los isleños, en un dominio de la posesión que llegaría al 57% en el descanso. Forzaron multitud de imprecisiones y robaron en campo oponente con continuidad. Eso sí, prefirieron no asumir riesgos unos y otros, y el encuentro se encaminó hacia un 'centrocampismo' denso, en el que la potencia anatómica gobernaba por encima de la calidad técnica. El minutaje ganó la media hora con pocas llegadas a las área, un mínimo ratio de peligro generado y múltiples interrupciones. Había mucho en juego. Los porteros lucían calmados y en este segmento no tuvieron que activarse más allá del latigazo que Rogers conectó cerca de la madera -minuto 10-, la volea demasiado cruzada de Nicolas Höfler (veterano al borde de la retirada y titular precisamente para encontrar oficio); y el excelente robo de Johan Manzambi a Tielemans que esta perla juvenil finalizó con un cañonazo que estrenó los guantes del 'Dibu' Martínez -minuto 34-.
Discurría el ajedrez entre las precauciones y la tensión, con un ritmo bajo y coherente con el miedo a conceder un contragolpe. De nuevo, ambos clubes sabían que había mucho en juego. Sus aficiones habían acumulado demasiados años sin gozar del éxtasis. En ese contexto anudado los jugadores distintos ofrecen puntos y aparte si cuentan con la personalidad suficiente. En la delegación germana sólo Manzambi se atrevió a sacar la cabeza y en la inglesa emergería como un trueno Emiliano Buendía. Este mediapunta argentino se curtió en las categorías inferiores madrileñas, en Segunda División con el Getafe y en la Cultural Leonesa antes de dar el salto al Reino Unido. Y allí tampoco le resultó sencilla la vida, pues aterrizó en el Norwich City, en el complicado Championship. El ascenso a la Premier League con los 'Canarios' le presentó en sociedad y los 'Villanos' le reclutaron de inmediato. Ese viaje árido hasta la élite le ha forjado el carácter necesario para no arrugarse en las finales y en esta fecha fue decisivo en el despegue letal de su equipo, con el icono John McGinn (capitán que bajó con el club a la segunda categoría y ha vivido el renacer al completo) como escudero.
Buendía decide la final
Cuando apareció Buendía las circulaciones del Villa aceleraron en tempo y en fluidez. Se volvieron armoniosas y afiladas con el internacional argentino dañando en la mediapunta y los friburgueses entraron en pánico. En el minuto 37 avisó Rogers con una transición estrellada por McGinn en el fenomenal zaguero Matthias Ginter y a partir de ahí el torrente agresivo inglés no frenaría. En el 41 Buendía y Rogers agilizaron otra combinación virtuosa que derivó en el centro de Lucas Digne que despejó in extremis Luka Kübler; acto y seguido, en una acción de estrategia espléndida, Rogers dibujó un saque de esquina bombeado hacia la frontal y Tielemans, sin marca, emitió una volea llena de fundamentos, rasante e imparable para establecer el 0-1; en el 46 Philipp Treu repelió un remate claro de McGinn facilitado por Buendía y Ezri Konsa no llegó a embocar otra acción de pizarra que había descolocado a los alemanes; y en el minuto 48, en la última jugada del primer tiempo, Buendía recibió en solitario en la frontal y se inventó un zurdazo con rosca que se coló por la escuadra.

El fogonazo del favorito mandó a la lona a un conjunto germano que venía de golear el pasado fin de semana al Leipzig, en cuartos de final al Celta (le endosó un marcador global de 6-1) y en octavos al Genk. No quedó ni rastro de la consistencia del plan de Schuster, que ni siquiera pudo usar su mejor arma: el balón parado. Las sensaciones eran malas además porque estaban perdiendo en el plano físico del juego (Watkins y Rogers se 'comieron' a Ginter y a Philipp Lienhart), se habían descosido en el achique y pagado con creces por ello; no encontraban los movimientos inteligentes de Matanovic; y sus extremos, Beste y Vincenzo Grifo, habían sido amarrados sin fisuras, respectivamente, por Matty Cash y Digne. De nuevo, sólo el arrojo del veinteañero suizo Manzambi les sacó a flote. Sin embargo, el horizonte no mejoraría en una reanudación en la que los 'Villanos' saltaron al verde para sentenciar cuanto antes. Y tras el remate forzado de Watkins en el punto de penalti, en otra desatención rival, los ingleses sentenciaron. Ocurrió en el minuto 58, cuando Buendía se escapó por la izquierda para meter un centro espinoso al primer palo que amortizó Rogers, anticipándose a todos para inscribir el 0-3.
El electrónico correspondía al fin con la exhibición táctica del preparador español, tanto en funcionamiento general como en colocación y rendimiento de la red de ayudas. Todos sus peones se vaciaban, mordían o cubrían cuando tocaba. Cumpliendo los órdenes de su técnico con una disciplina marcial. Le ha salido bien al estratega vasco hasta la colocación de Victor Lindelof como pivote defensivo tras la lesión de Amadou Onana, también en semifinales, cuando acribillaron al Nottingham Forest. El nacido en Hondarribia es un mago que casi siempre vuelve mejores a sus discípulos. Recupera para la causa al más golpeado. Esta vez se coronó campeón con una solvencia inusitada y la goleada bien pudo ser más sonrojante. Lo evitaron Ginter, que le sacó un mano a mano a Watkins; la complacencia final de Buendía (chutó fuera en el área pequeña de forma incomprensible, minuto 75); el poste, que escupió un testarazo nítido de Onana -minuto 70-; y Atubolu, que detuvo el enésimo chut cómodo británico, en la zurda de McGinn.
Los favoritos cumplieron combinando a placer, con Pau Torres subrayado, y permitiendo únicamente centros parabólicos que hicieron las delicias de un 'Dibu' Martínez que no afrontó más que dos remates a portería en toda la final, el último, muy tímido, obra de Maximilian Eggestein. Schuster acabó quemando las naves desde el banquillo mas sólo ayudó a confirmar la distancia entre ambos clubes en todos los sentidos. También en presupuesto y profundidad de plantilla. Aún así, su labor ha sido sobresaliente en este excelso curso y a buen seguro que la entidad de la Selva Negra, que gusta de dar tiempo a sus entrenadores (desde 1991 sólo han tenido a cinco técnicos), le ampliará la confianza a pesar de este varapalo. En la otra trinchera Emery devolvió la gloria al gigante inglés, con el príncipe Guillermo del Reino Unido frotándose los ojos en el palco, y sumó su quinta Liga Europa particular. Ningún entrenador ha dominado tanto un torneo europeo en la historia salvo Carlo Ancelotti, en la Liga de Campeones. Ya hay quien pide una estatua suya en Villa Park. 'Mister Europa League' es eterno.
Ficha técnica
0- Friburgo: Atubolu; Philipp Treu, Lienhart (Rosenfelder, min. 61), Ginter, Kübler (Makengo, min. 73); Nicolas Hofler (Höler, min. 61), Eggestein, Manzambi; Grifo (Scherhant, min. 73), Beste (Günter, min. 86) y Matanovic.
3- Aston Villa: Emiliano Martínez; Digne (Maatsen, min. 81), Pau Torres (Mings, min. 88), Konsa, Cash; Lindelof (Amadou Onana, min. 66), Tielemans (Douglas Luiz, min. 88); McGinn, Buendía (Sancho, min. 81), Rogers; y Watkins.
Goles: 0-1, min. 41: Tielemans; 0-2, min. 48: Buendía; 0-3, min. 58: Rogers.
Árbitro: Francois Letellier (Francia). Amonestó a Philipp Treu, Buendía, Cash y a McGinn.
Incidencias: partido correspondiente a la final de la Liga Europa, disputado en el Tüpras Stadyumu (Estambul Turquía).