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TRIBUNA

Entre Madrid y París

Juan José Vijuesca
miércoles 27 de mayo de 2026, 19:48h

Nos convocaron y nos sumamos a la celebración. “La temática es París”, nos anunció Esmeralda, una de sus hijas. Y nos pusimos de rayas entre lo garçon y gondolero veneciano. Una puesta en escena digna de comedia francesa divertida y coral. La ocasión bien lo merecía tratándose de María José. Mujer, cuyo sentido del humor transita entre lo mordaz y la amable rechifla de quien sopla velas con el viento a favor de la edad que nunca representa. ¡Qué importante es cumplir años sabiendo reírse de uno mismo! Ella lo hace y crea escuela.

Reina, su hija mayor, es, por así decirlo, la expresión subordinada de su madre. Ella aporta complicidad encubierta. Mientras que Esmeralda pone el color y la música. Junto a ellas, sus dos nietas, Lucía y Sofía, ambas con su luz y su calidez moldean la química familiar. Es importante señalar que, como actores encubiertos, los yernos desempeñaron un papel muy relevante en la trama festiva.

En el café, casi francés, de una plaza madrileña faltó el acordeón, pero la ambientación no dio para más, lástima. Hubo ritmo de cumpleaños feliz para acompañar a María José, que nos contemplaba a todos a través de una mirada próxima al lagrimal. Es fuerte, aunque sabe cómo sortear el límite que divide los extremos de la serenidad. Mitad de seguridad emocional y mitad de amor estético, presencial, de cuántos creamos un entorno parisino para honrarla, conscientes de que no entrega su corazón con facilidad; sin embargo, cuando lo hace y a quienes lo hace, se transforma en la María José leal y protectora, incluso burlona.

Los que asistimos al evento nos convertimos en parisinos durante unas horas. Lo suficientemente adecuadas para dar el primer paso en un viaje que reduce las distancias entre el deseo y el cariño de los suyos. El día que ellas lleguen a la Ville Lumière o Ciudad de la Luz, el amor protector dará paso al vínculo unido por el cordón umbilical. Eso es familia. Y lo es y será por siempre, ya sea en París como en Tegucigalpa, porque María José es el núcleo maternal por excelencia. Ella ama la vida familiar y, gracias a su honestidad, nos convierte a los demás en piezas de su colección de admiradores. Conviene decir que lo pone fácil tratándose de alguien que valora la belleza interior de la amistad, la que declina los malos e innecesarios rollos y por eso apuesta por quienes bien la quieren.

No es poca cosa tener una amistad de 37 años. Una verdadera prueba de resistencia, ya que la perseverancia de María José es digna de ser tomada en cuenta. Es de armas tomar (como toda buena Tauro). Lo cual no le quita valor en absoluto, ya que, como mencioné antes, las amistades largas atraviesan diversas etapas. Pero primero es importante considerar los tipos de alianzas que vinculan a las personas bajo la denominación de amistad, que para muchos y muchas es simplemente un término utilizado y desechado. No seré yo quien fije doctrina en el hacer de cada cual, pero dado que la ocasión me lleva a destacar a quien merece mi reconocimiento, creo que no está de más presumir del vínculo que me une y nos une con ella. Eso sí, mejorando a los presente que allí nos dimos cita.

María José piensa que un buen amigo o amiga es algo necesario para la vida humana perfecta. Es selectiva y sabe distinguir entre las amistades útiles y las buenas, que, según ella, son las que nunca decepcionan y a las que hay que aferrarse en la vida. (Esta aseveración incluye a su perra Pepa, a sus dos gatos y también al canario).

En fin, allí donde el mundo juzga, la amistad comprende; donde la sociedad divide, la amistad une. No olvidemos que tan necesario es el amor de la familia como la aportación de los amigos cuando el apagar velas se convierte en una prueba de espirometría que, por suerte, no es el caso de María José. Doy fe de ello.

Merci d'être qui vous êtes. Gracias por ser como eres.

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