Los lectores habituales de Al aire libre conocen las muchas ocasiones en que me he referido a la política de Sánchez de incrementar la deuda pública para pagar el desmedido gasto español y algunas de las ocurrencias sanchistas. Javier de Antonio, en La Razón, publica ahora una información incontestable. Los países que integran la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, la OCDE, rozan ya el 85% del PIB en relación a su deuda pública. Esa deuda hay que devolverla con los intereses correspondientes, que por lo que respecta a España bordean ya los 40.000 millones anuales.
Pero el dato más relevante de la información que Javier de Antonio publica en La Razón es que “España lidera el ranking de la OCDE entre los países en los que más ha subido la deuda pública hasta 2024, último año con datos oficiales y comparables”. Según la OCDE, la crecida de la deuda pública por encima del PIB pone en riesgo la sostenibilidad del sistema de pensiones y de la sanidad, colocando a los Estados en el mismo borde de la quiebra técnica.
Conforme a los últimos datos confrontados, la deuda pública española se ha instalado en el 109 del PIB, pero Pedro Sánchez y sus colaboradores siguen frotándose las manos para celebrar “la excelente salud de la economía española”, zarandeada por un gasto público descomunal y por dispendios absurdos cuyo destino no es otro que amarrar votos electorales.
Conviene, en todo caso, incluso para los políticos menos cercanos al conocimiento económico, los peligros que entraña una deuda pública no controlada y que nos sitúa en una subida récord especialmente alarmante. Españolas y españoles no llegan a fin de mes, no pueden ahorrar, carecen de medios para comprar una vivienda y se ven obligados a restringir gastos en vacaciones. Las Administraciones públicas, sobre todo la central, despilfarran el dinero, derrochan los recursos, se ríen de la austeridad y lo solucionan todo a base de subir unos impuestos que sangran a la ciudadanía hasta la hemorragia.