Me refiero a eso que los melindrosos políticos y los exquisitos intelectuales llaman, ahora, gente o ciudadanía pues consideran que la palabra pueblo guarda vestigios de pana, bota y hogaza, incompatibles con la finura de sus propuestas y argumentos.
A ese pueblo, que ha cargado y carga, con las culpas de los periodos de decadencia y enfrentamiento, mientras los que han mandado y mandan, se atribuyen el papel de guías desatendidos.
Pero solo los ciegos voluntarios se niegan a ver que, en España, las desgracias las padece el pueblo y las busca y las trae el que manda. Por nada del mundo quieren oír ni darse por aludidos en el mensaje que, con toda claridad, nos transmite El Quijote. Lo he repetido mil veces; pero es difícil forjar el hierro frío. Este es el mensaje más desatendido y culposamente ignorado de nuestra literatura.
Y me asquea:
-La actitud de políticos e intelectuales que cargan sobre el pueblo (¡Que país!) las culpas de todos los males que han ocurrido y ocurren en España: Incultura, odios, envidias, enfrentamientos, pobreza, frivolidad, etc…
-Los que vuelven sectario al pueblo, enseñándole artimañas y mentiras que lo embrutecen y envenenan, para que defienda sus posiciones frente a su enemigo, nunca contrincante.
-La baja calidad social, cultural, moral e intelectual de los políticos, que se arraciman en Partidos que son, ya, bandas que solo tienen por objeto repartirse la túnica de la crucifixión del pueblo.
-Lo fácil que es encontrar, en España, gente que por estar cerca del poderoso es capaz de las mayores villanías.
-Ver políticos que no han hecho en su vida más que leer panfletarios libros de caballería y servirse de otros que han entregado su juventud a oposiciones y carreras para aprender a gobernar el país
-La facilidad con que los partidos políticos sacan al pueblo, a la calle, a “embestir” al contrario, para que resuelva, con la testuz, los asuntos que ellos no saben resolver con la cabeza.
- Los que querrían borrar de El Quijote los capítulos principales, los de la Ínsula Barataria, en los que el pueblo (Sancho) toma el mando y gobierna ejemplarmente. Son los mismos que en tiempos de Franco decían que el pueblo no estaba preparado para la democracia… y la trajo.
-La ilegitimidad de esta democracia representativa, que consiente que, el que nos representa pueda incumplir, impunemente, lo que nos prometió que haría.
-Y que no haya ni una sola voz que considere a este pueblo mayor de edad para llevarle a votar, cuando sea necesario, que lo es demasiadas veces. Es la democracia directa de Suiza, la ínsula Barataria, versión
moderna, que arrincona a los políticos a sus cavernas de odios y sinrazones tan infantiles y contradictorias, demostrándoles su inutilidad.