Después de más de 50 años de búsqueda, un equipo de astrofísicos de la Universidad Northwestern ha encontrado las primeras evidencias directas de un viento generado por Sagittarius A* (Sgr A*), el agujero negro supermasivo situado en el centro de la Vía Láctea. El descubrimiento, que será publicado este jueves en la revista científica The Astrophysical Journal Letters, confirma una predicción fundamental de la teoría sobre la evolución de las galaxias.
Los investigadores lograron identificar una corriente de material caliente expulsada por el agujero negro, un fenómeno que los modelos teóricos consideraban inevitable, pero que hasta ahora había permanecido oculto debido a la complejidad de observar el núcleo galáctico.
“Es la primera vez que tenemos una visión lo suficientemente limpia para ver la huella de este viento”, explicó Mark Gorski, codirector del estudio. “Miramos los datos y pensamos: ahí está. Es exactamente lo que la comunidad científica ha estado buscando durante 50 años”.
Una cavidad que delata la presencia del viento
Para realizar el estudio, los científicos analizaron cinco años de observaciones obtenidas con el radiotelescopio Atacama Large Millimeter/submillimeter Array, ubicado en Chile. Gracias a nuevas técnicas de calibración, consiguieron elaborar la imagen más detallada hasta la fecha del gas molecular frío que rodea a Sgr A*.
La observación reveló una enorme cavidad en forma de cono, de aproximadamente un pársec de longitud (unos tres años luz) y una apertura de 45 grados, completamente desprovista de gas frío. Según los investigadores, la única explicación plausible es la acción de un viento caliente procedente del agujero negro, capaz de expulsar o calentar el material circundante.
“Si el agujero negro expulsa material caliente, este no puede coexistir con el gas frío”, señaló Gorski. “O lo desplaza o lo calienta hasta hacerlo invisible para nuestras observaciones”.
Evidencias adicionales desde los rayos X
El equipo reforzó sus conclusiones comparando sus datos con observaciones previas del observatorio espacial Chandra X-ray Observatory. Las imágenes mostraron emisiones intensas de rayos X exactamente en la misma región donde aparecía la cavidad detectada por ALMA.
“Las afirmaciones extraordinarias requieren pruebas extraordinarias”, afirmó Gorski. “Queríamos asegurarnos de que no se trataba de un artefacto en las imágenes. Cuando superpusimos nuestros datos con los de Chandra, todo encajó perfectamente”.
Por su parte, Elena Murchikova, también codirectora de la investigación, reconoció que la primera reacción del equipo fue dudar de sus propios resultados. “Cuando descubres algo que nadie había visto antes, no piensas inmediatamente que has hecho un descubrimiento. Lo primero que te preguntas es qué puede estar fallando en tu análisis”.
Una ventana al comportamiento habitual de los agujeros negros
Los investigadores estiman que el viento lleva activo al menos 20.000 años. Sin embargo, destacan que se trata de una corriente relativamente débil, lo que confirma que Sgr A* se encuentra actualmente en una fase tranquila de actividad.
Este aspecto convierte al agujero negro de nuestra galaxia en un laboratorio único para estudiar cómo se comportan la mayoría de estos objetos cósmicos durante gran parte de su existencia.
“La mayoría de las galaxias pasan la mayor parte de sus vidas en estados poco activos”, explicó Murchikova. “Normalmente observamos agujeros negros cuando están en fases espectaculares y muy energéticas. Sgr A* nos ofrece una oportunidad excepcional para estudiar cómo es la vida cotidiana de un agujero negro en un periodo de calma”.
El descubrimiento no solo resuelve uno de los enigmas más persistentes de la astronomía moderna, sino que también abre una nueva vía para comprender la interacción entre los agujeros negros supermasivos y el entorno que los rodea, un proceso clave en la evolución de las galaxias.