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TRIBUNA

El degollamiento de Moctezuma

Martín-Miguel Rubio Esteban
viernes 05 de junio de 2026, 19:11h

Moctezuma Xocoyotzin encarnaba la cúpula del estado mexica colhua, que integraba desde el golfo de Méjico al océano Pacífico y desde el istmo de Tahuantepec hasta el Pánuco. Tenía el título de tlacatecuhtli, o “jefe de los bravos”, lo que significaba ser el Jefe Militar supremo, el Generalísimo, y dado su enorme poder y formidable prestigio, los españoles llegaron a llamarlo emperador. Desde que tuvo conocimiento de la presencia de españoles en su dominio, extraños seres dotados de caballos y armas de fuego, vio el peligro que se cernía sobre la independencia de su país, de su cultura, y de su modo de vida, siguiendo la mundivisión de Quetzalcoatl, y optó por hacer regalos a aquellos conquistadores y promesas de mucho oro, piedras preciosas y muchas hermosas esclavas si le prometían regresar a su patria. Pero ello no hizo más que exacerbar la codicia de aquellos españoles, algunos de los cuales habían participado en las últimas etapas de la Reconquista y todos, desde luego, habían sido hijos de los “reconquistadores”. La idea de la Reconquista estaba tan instalada en la mente de aquellos hombres que llamaban mezquitas a los templos de los dioses precolombinos.

Secuestrar a Moctezuma en su propio palacio, o mejor, en uno de los muchos palacios que poseía el Tlacatecuhtli, supuso para Cortés tener en sus manos a la persona más venerada por todos y que tenía todo el poder mexica en sus manos. La propia vida de los conquistadores dependía de que lo tuviese preso Cortés. Cacamatzin, sobrino de Moctezuma, que tenía alrededor de veinticinco años, y que gobernaba la ciudad de Tezcoco, vecina de Tenochtitlán, se rebeló contra Cortés en la idea de libertar a su tío, pero Cortés lo engañó queriendo llevarle a un sitio en donde pactar la entrega del tío, y allí mismo fue apresado el joven y cándido Cacamatzin.

Habiendo Cortés roto totalmente la jerarquía del mando, que en ese momento estaba en manos del gobernador de Cuba, Diego de Velázquez, con el que rompió toda relación de rango, actuando totalmente por libre, intentó ganar el ánimo del emperador Carlos con remesas de oro y piedras preciosas, que provenían de los impuestos de todas aquellas provincias y ciudades que aportaban al erario mexica, en manos ahora de Cortés. Parece ser, según el propio Cortés nos cuenta, que retiró de todos los templos de Tenochtitlán las imágenes de los dioses mexicas, y en su lugar puso imágenes de la Virgen María y de otros santos de la Iglesia. La cosa es extraña porque no tenía Cortés ningún imaginero para tallar la madera con gubias y formones en más de cien templos. Queriendo Diego Velázquez imponer su autoridad al rebelde de Medellín, envía a la costa de Méjico al capitán Pánfilo de Narváez con una Armada con ochocientos soldados y ochenta jinetes, y la misión de capturar al faccioso Hernán Cortés y llevarlo preso a Cuba para ser juzgado. Pánfilo Narváez llegó a escribir a Moctezuma asegurándole que él le libertaría para restaurarlo en su poder, que venía sólo a prender al sedicioso y criminal Cortés, y que Castilla dejaría la tierra y sus naturales en su libertad. Un clérigo llamado Andrés de Duero asesoraba a Narváez en sus buenas relaciones con los indios. Pero Cortés dijo a los suyos que aquella tierra se la habían ganado ellos con sudor y sangre, que no se la iban a dar a nadie, y que si perdían en la lucha contra Narváez que supiesen todos que serían ahorcados de inmediato. Así que una noche asaltó por sorpresa el campamento de Pánfilo de Narváez, y a gran parte de la tropa vencida la reincorporó en su propio ejército particular.

Al poco tiempo de ocurrir esta victoria, se enteró por un mensajero que toda Tenochtitlán se había sublevado contra la criminal tiranía del capitán Pedro de Alvarado, el brutal hombre que Cortés había dejado allí al mando de la ciudad. Es el caso que con motivo de la celebración de la fiesta religiosa del Toxcatl, en la que los más ricos de la ciudad se dirigían en procesión a un templo adornados con sus mejores piedras preciosas y joyas de oro, Alvarado ordenó masacrar a aquellos cofrades para después despojarles del oro y las joyas que llevaban. Mató de esta manera a los quinientos ciudadanos principales de la ciudad. Moctezuma mandó mensajeros a Cortés quejándose amargamente de Alvarado. Pero no llegando con presteza Cortés todos los habitantes de Tenochtitlán se sublevaron contra los españoles perpetradores de esta masacre.

Llegado Cortés, y viendo lo mal que estaba la situación, y lo difícil que sería salir de aquella ratonera, tuvo la falta de respeto de pedir a Moctezuma, que ya entonces habría sufrido innumerables torturas para decir a los españoles dónde se encontraban las minas de oro en su reino, que saliese a alguna de las azoteas para dirigirse a su pueblo y calmarlo con algún argumento de autoridad. Pero lo que uno se imagina es que el gran Moctezuma saldría al pretil de la azotea sólo para decir a su pueblo: “Matadlos a todos”. Allí mismo, el propio Alvarado lo degollaría, y el mismo Cortés entregaría el cuerpo a su pueblo, en la idea de que las honras fúnebres supusieran una tregua y dieran posibilidad a los españoles de escapar de la ciudad. Pero el ataque no cesó, sino que se hizo más crudo. Finalmente, gracias al ingenio innegable de Cortés pudieron escapar con gran sacrificio, dejando casi doscientos españoles muertos escapando de Tenochtitlán.

Durante casi dos meses los españoles diezmados y heridos huían a través de las selvas hirsutas e intratables, en dirección al océano Atlántico y Veracruz, base de la conquista de Méjico, acosados continuamente por los indios justicieros que deseaban castigar a los asesinos de su Tlacatecuhtli. Cortés, temeroso de que la derrota en Tenochtitlan hiciese cambiar de bando a los pocos indios amigos, andaba desesperado y medio descalabrado, pero sus temores eran solo la proyección de su alma pervertida, y aquellos pocos indios amigos mantuvieron la lealtad que en su día pactaron, les dieron de comer, los curaron e insuflaron la vida de nuevo en sus cuerpos agotados. Repuesto de las heridas, Cortés comenzó a informarse de quién era el sucesor del gran Moctezuma, su próxima víctima. Probablemente, y gracias a los clérigos españoles, la gran Iglesia de España, el Imperio Español haya sido el Imperio menos criminal y genocida de todos los otros imperios europeos, como el francés, el británico, el alemán o el belga, pero fuimos los españoles los que abrimos el modelo de Imperio explotador y exterminador. La graduación del crimen ya es otra cosa.

Martín-Miguel Rubio Esteban

Doctor en Filología Clásica

MARTÍN-MIGUEL RUBIO es escritor y catedrático de Latín

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