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ORIENT EXPRESS

Las deportaciones soviéticas de 1941

Ricardo Ruiz de la Serna
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ricardo_ruiz_delasernayahooes /22/22/28
domingo 14 de junio de 2026, 19:32h

Hoy se cumplen 85 años del inicio de las deportaciones soviéticas en los países bálticos. En Estonia, Letonia y Lituania, el Comisariado del Pueblo para Asuntos de Interior -conocido por sus siglas en ruso NKVD- inició la noche del 13 al 14 de junio de 1941 la detención y deportación de miles de ciudadanos acusados de ser «elementos antisoviéticos». En Estonia, se trasladó forzosamente a Siberia y otras regiones en el interior de la Unión Soviética a más de 10 000 personas según datos de la Comisión Internacional Estonia para la Investigación de Crímenes contra la Humanidad. La base de datos de los Archivos Estatales de Letonia registra 15 424 letones. Por su parte, la Comisión Internacional para la Evaluación de los Crímenes de los Regímenes de Ocupación Nazi y Soviética en Lituania da la cifra de 17 500 lituanos.

Las deportaciones, que se habían practicado en las zonas de Polonia ocupadas por la URSS DESDE 1939, ya se venían preparando desde la anexión de los tres países bálticos por la Unión Soviética en el verano de 1940. Entre junio y septiembre de aquel año, el NKVD ya había ido practicando seguimientos y detenciones con la colaboración de los comunistas de las tres repúblicas. En Estonia, por ejemplo, entre junio y julio de aquel año la policía política estonia, formada por comunistas estonios, ya practicó arrestos. Empezaron con políticos y otros personajes públicos, militares y funcionarios de policía que ya tenían identificados.

El plan de las deportaciones de junio de 1941 -que no sólo incluía las tres repúblicas bálticas sino también Moldavia- preveía los recursos logísticos y los efectivos necesarios para deportar a 46 557 miembros de familias, 22 885 cabezas de familia, 4 159 delincuentes, y 794 prostitutas, lo que daba un total de 74 395 personas de acuerdo con lo publicado por la Comisión Internacional Estonia para la Investigación de Crímenes contra la Humanidad. En su retirada de Letonia en 1941 ante el avance alemán, el Ejército Rojo dejó tras de sí un telegrama enviado de Moscú a Riga el día 13 de junio en que se advertía que el número de deportados previsto ascendía a 11 102 estonios. En su historia de Estonia, Neil Taylor señala cómo las deportaciones eran transversales a todos los sectores de la sociedad: desde alcaldes hasta hombres de negocios pasando por funcionarios del Estado, esperantistas -a los que se consideraban «cosmopolitas»- y filatelistas, ya que el interés por coleccionar sellos de todo el mundo suponía «una distracción en la promoción del socialismo».

La lectura de las «Instrucciones operativas para la deportación de los elementos antisoviéticos de Lituania, Letonia y Estonia», firmada por el general Iván Serov (1905-1990), brindan un ejemplo de la tarea de los que Gideon Hausner, fiscal israelí en el juicio contra Eichmann de 1961, llamó «asesinos de despacho»: «debe tenerse cuidado de que las operaciones se realicen sin ruido ni pánico así como de no permitir ninguna manifestación ni alternado no sólo de parte de los deportados sino también de parte de la población hostil a la Unión Soviética». Continúa: «es esencial que la operación de separación de los miembros de la familia del deportado y del cabeza de familia sean ejecutados simultáneamente sin notificarles la separación». En las estaciones, «los cabezas de familia detenidos serán subidos a vagones especialmente destinados a ellos».

Las deportaciones tenían varias finalidades. En primer lugar, se trataba de descabezar a las élites de las naciones cuyo territorio se había anexionado la URSS. De ahí que las deportaciones no se extendiesen sólo a políticos, militares o funcionarios, sino que incluyesen a profesores, artistas, periodistas... Los soviéticos pretendían destruir a los grupos sociales que podían dirigir una resistencia armada o preservar la identidad nacional de cada país. Además, la ruptura de las familias y la destrucción de las redes de relaciones antisoviéticas dificultaba la resistencia de la población civil e intimidaba a aquellos que se quedaban. Por fin, las deportaciones modificaban la estructura social y abrían a los comunistas la posibilidad de intervenir sobre ella reemplazando a las élites y reconfigurándola a partir del modelo comunista

A muchos detenidos como “enemigos del pueblo” -funcionarios, militares, policías o miembros de élites políticas- los mataron o los enviaron a trabajos forzados en condiciones que casi aseguraban su muerte. El hambre, el frío y, en general, las privaciones se ensañaron con los niños y los ancianos. A la mayoría de mujeres, niños y ancianos los deportaron a «asentamientos especiales» en Siberia, Kazajistán y otras regiones remotas de la URSS. Una parte sobrevivió y pudo regresar tras la muerte de Stalin, especialmente desde mediados de los años cincuenta, pero muchos no regresaron nunca y quienes regresaron lo hicieron sin recuperar plenamente sus derechos ni sus bienes.

En las tres repúblicas bálticas se recuerdan las deportaciones que comenzaron en este día y que prefiguraron otras que se producirían a partir de 1944. Así, el periodo de anexión entre 1940-1941 -que quedó interrumpida por la Operación Barbarroja y la II Guerra Mundial- anticipó lo que sobrevendría a Estonia, Letonia y Lituania cuando, a partir de 1944, la Unión Soviética retomase el control de los tres países hasta sus respectivas independencias.

Hoy esta columna recuerda a las víctimas de las deportaciones de 1941.

Ricardo Ruiz de la Serna

Analista político

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