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LA SELECCIÓN JUGARÁ LA SEGUNDA FINAL MUNDIALISTA DE SU HISTORIA

ESPAÑA FINALISTA

ESPAÑA FINALISTA
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(Foto: EFE)
martes 14 de julio de 2026, 23:21h
Actualizado el: 15/07/2026 03:37h
El equipo de Luis de la Fuente domó a Francia con una exhibición colectiva coronada por los goles de Oyarzabal y Porro. El mejor rendimiento, en el momento clave.

España se clasificó este martes para la final del Mundial 2026 después de ofrecer una lección de fútbol. La selección española derrotó a Francia con un ejercicio de dominación absoluto ante la máxima favorita para levantar el trofeo de esta Copa del Mundo. El bloque preparado por Luis de la Fuente ganó en todas las facetas del juego gracias al sentido colectivo de su plan. En primer lugar maniataron a las impresionantes individualidades francesas y demostraron que son el mejor equipo del planeta. La mejor defensa (nadie ha concedido menos remates a portería desde 1966) derrotó al mejor ataque (16 goles anotados en siete encuentros). Todos los jugadores compitieron en plenitud, tanto en el achique tras pérdida como en la gestión de la pelota. Y cuando todo funciona de este manera, la vigente campeona de Europa no tiene techo. Los goles de Mikel Oyarzabal y de Pedro Porro hicieron justicia, le aguaron la fiesta nacional a sus oponentes y le otorgaron a los ibéricos el billete para jugar la segunda final mundialista de la historia del balompié patrio. Se han ganado tener la gloria al alcance de la mano.

El estratega riojano, que desde que asumió el cargo no se ha bajado de las semifinales en todos los campeonatos disputados, repitió la alineación que apeó en cuartos a Bélgica. Ha encontrado la tecla el preparador, aunque por el camino Pedri haya pasado de intocable a revulsivo. El genio canario no está en su mejor momento físico y a estas alturas no hay concesiones que valga. En su lugar ha emergido Fabián Ruiz, uno de esos peones que llegaron a la convocatoria gracias a la confianza del técnico y que están agradeciendo el gesto con rendimientos sobresalientes. En esta fecha se desfondó en las ayudas defensivas que le negaron a los galos el temible juego entre líneas que engrasa Michael Olise. La labor del centrocampista andaluz se sumó a una obra maestra de Rodri y le entregó el gobierno del encuentro a los ibéricos. El organizador del Manchester City ha despegado en las eliminatorias de este Mundial y ya está asentado en el estándar Balón de Oro. Es el eje de todo lo bueno que le está ocurriendo a sus compañeros. Y otro de los fijos que ha ido descubriendo De la Fuente con la evolución del seleccionado a lo largo de estas semanas es Dani Olmo. El mediapunta catalán afila como nadie las circulaciones y su visión multiplica la amenaza. Por ende, el puzle está completo.

España manda y marca

El guión del encuentro se fundamentaba en una confrontación de estilos y el desafío se trataba de comprobar quién iba a imponer su hoja de ruta. Se enfrentaron la concepción coral que usa la posesión como su aliada y la seguridad defensiva y el ataque explosivo que se salta el centro del campo; la calidad técnica en todas las líneas y el físico atronador. Pues bien, con rapidez asomaron la habilidad y la inteligencia para dictar los diferentes capítulos de la trama. España se adueñó de la iniciativa y ejecutó una presión asfixiante que le otorgó recuperaciones fulgurantes. En consecuencia, asumió el mando con personalidad. Eso sí, en el comienzo prefirió no arriesgar los pases para de este modo no regalar oportunidades de correr a la contra a los veloces atacantes galos. Esa fue la prioridad, alimentada por la orden de acabar las jugadas con el fin de reducir los resquicios en torno a los que se nutre la temible delantera rival (la más anotadora del torneo, con los ocho tantos de Kylian Mbappé a la cabeza). Así las cosas, el primer tiempo estuvo condicionado por el ritmo bajo y las precauciones de unos y otros, y no destacó por lo frondoso de la producción ofensiva. Al descanso únicamente se registrarían siete remates y sólo uno fue entre palos. La relevancia del evento pesaba.

'Les Bleus' aceptaron encantados el rol de sujeto pasivo, replegando filas en su campo. En su recorrido por este Mundial, donde todavía no se habían medido a uno de los grandes (Senegal, Irak, Noruega, Suecia, Paraguay y Marruecos), no les había hecho falta presionar. Alinean cuatro atacantes de los que sólo Olise se aplica de verdad sin balón y son Aureilén Tchouaméni (recuperado esta noche tras causar baja en las dos rondas precedentes) y Adrien Rabiot los que muerden. Didier Deschamps, que antes competía con un trivote musculoso y ahora ha adelgazado esa cámara, coloreó algo más su paleta después de que España les eliminase en las semis de la pasada Liga de Naciones. Restó cemento y añadió picante, con una hornada juvenil que vino para acelerar y verticalizar aún más la idea hasta entonces dulcificada por Antoine Griezmann. Con esa fórmula se presentaron en esta cita e incluso avisaron a las primeras de cambio. En el minuto seis un mal pase de Álex Baena devino en la transición meteórica que cortó Pau Cubarsí cuando Bradley Barcola se escapaba; acto y seguido, fue Aymeric Laporte el que se cruzó, providencial, cuando Mbappé volaba tras un pase de Olise; y en el minuto 16 Pedro Porro irrumpió para arrebatarle a la estrella merengue un balón extraordinario al espacio de Ousmane Dembélé.

El aviso quedó lanzado... y los españoles tomaron nota. A partir de ahí los centrales ajustarían al extremo las vigilancias y el resto de la formación se volvería pegajosa tras pérdida. Y poco a poco el esfuerzo de todos los jugadores ibéricos iría prevaleciendo sobre el derroche del 70% del esquema francés. La presión de la selección nacional, que es la que mejor ejecuta esta argucia del torneo, incidió en los problemas para salir jugando desde atrás del conjunto de Deschamps. Pasado el cuarto de hora había quedado establecida la sensación de que la propuesta española es más completa y la puntería le entregó la razón al dibujo que quería mandar. Una falta provocada por Olmo en la frontal y lanzada por el estupendo Baena a la barrera ejercería de telonero del 0-1. La acción certera nació de una llegada y centro pasado de Marc Cucurella. El cuero voló y cayó en el control flácido de Lucas Digne, el punto débil de la retaguardia gala. El lateral zurdo del Aston Villa tardó un mundo en empezar la maniobra de espeje y Lamine Yamal se le anticipó. El resultado: penalti. Un error grosero y la máxima penalización. Mikel Oyarzabal tomó la responsabilidad y resolvió con una calma estridente, con un zurdazo ajustado y potente. Imparable.

Una actuación legendaria

La primera aparición del astro azulgrana y la diana internacional 30ª del atacante eibarrés (suma cinco en esta Copa del Mundo) llegaron justo antes del tiempo muerto y aumentarían la convicción de su delegación. Qué atrás queda el resbalón de Cabo Verde. Todo marchó sobre ruedas, también la imprescindible coordinación de la línea defensiva para sintonizar el fuera de juego y combatir los desmarques de Mbappé. Y, para más inri, la fortuna lesionaría a William Saliba. El pilar de la zaga del Arsenal venía entre algodones y cayó en desgracia, le relevó un Maxence Lacroix que obviamente bajó el nivel. En otro episodio que parecería indicar un guiñó de la suerte, pues ante España se han infortunado en estos días Nuno Mendes y Thibaut Courtois. Sea como fuere, serían los méritos y el trabajo solidario los que cimentaron el éxito de un seleccionado que señaló las carencias técnicas de Rabiot y Barcola. Ambos amontonaron imprecisiones cuando la exigencia española les apretaba, dejando a su combinado sin respuestas y desprovisto de horizonte. En el primer acto no rematarían a portería. Unai Simón sólo se desperezó pasada la media hora, en una falta lateral cruzada por Dembélé; en un derechazo a las nubes de Barcola; en una salida apurada tras un pelotazo del meta Mike Maignan prolongado por Rabiot y que buscaba la galopada de Mbappé -minuto 43-; en un envió lateral de Koundé al que no llegó Kylian; y en un disparo desviado de Dembelé que había molestado bien Cucurella -minuto 47-.

Olise y 'Dembo' trataron de localizar aire cambiando sus posiciones pero ni aún así pudieron desprenderse de la sabiduría de Rodri y de la encomiable ayuda de Baena -que en esta fecha completó su mejor rendimiento-. El madrileño gobernó todo desde su lectura, apagando posibles contras, bien posicionado y distribuyendo con armonía. De sus botas germinaron circulaciones prolongadas a las que les faltó concreción (Dani Olmo y Pedro Porro lo probaron desde media distancia) y en el minuto 38 engrasó una combinación teijda entre Lamine y Olmo que obligó a Dayot Upamecano a salvar a los suyos cuando Fabián se relamía en el área. Con ese cuadro arribó Deschamps al camarín y no quiso esperar. Sentó al amonestado Rabiot para incluir otro destructor como Manu Koné y en el 57 suplió a un Barcola sometido por Porro para dar entrada a Désiré Doué. Cómo vería el paisaje el seleccionador galo que quemó ahí a su nave más relevante, ya que el regateador del PSG es el perfecto revulsivo con su especialidad, el desborde en los espacios cortos. Recurrió con todavía mucho minutaje por delante al punzón que les desatacó frente al muro guaraní porque no le gustaba lo que veía. Y no le faltaba razón.

España no aflojó con el intermedio. Todo lo contrario. Se agigantarían varios obreros y afrontaron la reanudación como una continuación del ejercicio de control y potestad. Siguieron recuperando en campo ajeno e hilvanando redes de pases con jerarquía. En esto segundo estaban afinados y regalaron a la tribuna varias salidas desde atrás maravillosas, realmente bellas por la articulación de las piezas. Y, claro, apuntaron de nuevo hacia el arco protegido por Maignan con la voracidad del que se sabe capaz de todo. Como con el primer tanto, hubo una insinuación antes de la tormenta. El centro de Baena y el remate alto de Oyarzabal dieron paso a un fogonazo que esta vez casi manda a la lona al vigente subcampeón mundialista. En el 58 Fabián giró el juego hacia Porro, que conectó una pared directa con Olmo para quedarse solo ante el guardameta y embocar su intento por el primer palo (en la intrahistoria quedará el anzuelo de Oyarzabal que sacó de sitio a Lacroix para generar el agujero por el que se filtró el lateral extremeño); y en el minuto 61 Yamal festejó un golazo que sería anulado por fuera de juego.

Uno puede pensar que al duplicar la ventaja es recomendable tomarse un respiro. Desde luego, no lo comparte esta selección nacional. Con 0-2 en el electrónico mantuvieron la presión alta y no escondieron su identidad ni cuando 'Les Bleus' se revolvieron. Con todo perdido los galos quisieron acelerar e implicarse tras pérdida, y entonces volvió a trabajar un Unai Simón que en cambio no recibió verdadero peligro. Un centro-chut de Mbappé; un envío lateral venenoso de Théo Hernández; otra salida urgida para neutralizar un movimiento en profundidad del goleador del Real Madrid y posterior despeje del remate de Doué -minuto 82; y un disparo postrero de Dembélé serían las acciones que le inquietaron en un desenlace calmado, siempre acolchado por la superioridad de sus compañeros. Y cuando se colaba un chispazo, el extraordinario Cucurella selló las fugas con intervenciones quirúrgicas que desesperaron a Kylian -minutos 67 y 90-. Si el electrónico hubo de moverse en el final fue por un testarazo de Ferran Torres que se marchó bordeando la madera. Así, en el AT&T Stadium de Dallas, recinto donde España había extinguido el currículo mundialista de Cristiano Ronaldo, se confirmó como la 'bestia negra' de una Francia que sólo ha perdido tres veces en estos últimos dos años. Todas ellas, también en las semis de la Eurocopa 2024, contra el bloque de Luis de la Fuente.

Ficha técnica

0- Francia: Maignan; Lucas Digne (Théo Hernández, min. 72), Saliba (Lacroix, min. 30), Upamecano, Koundé; Tchouaméni, Rabiot (Manu Koné, min. 46); Michael Olise (Cherki, min. 72), Dembélé, Barcola (Doué, min. 57); y Kylian Mbappé.
2- España: Unai Simón; Cucurella, Laporte, Cubarsí, Pedro Porro (Marcos Llorente, min, 84); Rodri, Fabián Ruiz (Pedri, min. 78); Dani Olmo (Mikel Merino, min. 78), Álex Baena (Nico Williams, min, 84), Lamine Yamal y Oyarzabal (Ferran Torres, min. 74).
Goles: 0-1, min. 22: Oyarzabal (penalti); 0-2, min. 58: Pedro Porro.
Árbitro: Iván Barton (El Salvador). Amonestó a Rabiot, Cucurella y a Kylian Mbappé.
Incidencias: partido correspondiente a las semifinales del Mundial 2026, disputado en el AT&T Stadium (Texas, Estados Unidos). Antes del pitido inicial se guardó un minuto de silencio en honor de las víctimas del atentado de Niza (Francia) de hace 10 años.
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