En estas cálidas noches de verano, en las que la temperatura que marca el termómetro se resiste a bajar, uno combate el insomnio como puede. Yo acostumbro a abrir las ventanas del salón, con la esperanza de que comience a soplar un poco el aire, y acomodarme en un confortable sillón para ver en la televisión alguna película de cine clásico, de esas que me gusta volver a ver. En esas noches de bochorno, sentado cerca de la ventana e inmóvil en la butaca, un título que nunca falla es La ventana indiscreta (1954), de Alfred Hitchcock.
Es fácil identificarse con James Stewart en esa situación, sobre todo cuando echamos un ojo al patio de vecinos en el silencio de la madrugada para ver si todo está en orden. La película, una obra maestra del suspense, cuestiona los límites de la curiosidad. Como señalaron François Truffaut y los cineastas de la Nouvelle Vague, Hitchcock es un artista con mayúsculas y su legado cinematográfico ha sido muy influyente en numerosos directores posteriores, como Martin Scorsese, Brian De Palma o David Lynch, por ejemplo.
David Lynch declaró que la película que más le gustaba de Hitchcock era La ventana indiscreta. Sin embargo, como apunta Almudena López Molina, en la filmografía lynchiana, por la tendencia a lo onírico, lo inconsciente y la fragilidad de la identidad, la referencia fundamental es Vértigo (1958). También protagonizada por James Stewart, Vértigo tuvo como protagonista femenina a Kim Novak, quien ejemplifica bien la preferencia de Alfred Hitchcock por las rubias. El director británico estaba convencido de que las rubias tenían un mayor potencial dramático, pues el público tendía a considerarlas como angelicales víctimas inocentes.
Esta predilección por las protagonistas rubias, habitual en tantas películas de Hitchcock, es también casi una constante en David Lynch. ¿Quién no recuerda los cabellos dorados de Laura Palmer, la joven asesinada de la serie de televisión Twin Peaks (1990)? En la trama, la actriz Sheryl Lee interpretaba a la rubia Laura Palmer y también a su prima morena Maddy Ferguson. El homenaje a Hitchcock se hace más evidente por el apellido Ferguson, que es el mismo que el del protagonista de Vértigo.
En Hitchcock y Lynch. Una extraña fascinación, Almudena López Molina, nos invita a sumergirnos en un profundo análisis de la huella de Hitchcock en la obra de Lynch, centrando la atención en Vértigo, de Hitchcock, y en Mulholland Drive (2001), de Lynch. Mulholland Drive, protagonizada por las actrices Naomi Watts y Laura Harring, es un fascinante juego de dobles identidades y visiones oníricas, un procedimiento que remite al juego de identidades de Kim Novak en Vértigo.
El libro, publicado en la colección “Chaplin” de la editorial Berenice, es una completa introducción a los universos hitchcockiano y lynchiano, que tiene como principal virtud la buena redacción del texto, la capacidad de síntesis y la profundidad en el análisis fílmico. La parte más original, sin duda, la conforman los capítulos que relacionan las dos películas analizadas como caso de estudio, esto es, Vértigo y Mulholland Drive.
Almudena López Molina es una autora muy polifacética. Su formación como historiadora del arte se evidencia a lo largo del ensayo. Ha trabajado en labores de comunicación museística y ha cultivado otros géneros literarios como la novela y la poesía. Es, además, una gran cinéfila. El ensayo se lee con agilidad y está lleno de sugerentes revelaciones. El texto se acompaña de algunas fotografías en blanco y negro, bien seleccionadas y muy ilustrativas. La calidad de reproducción de estas imágenes es suficiente para los fotogramas de las películas de Hitchcock, pero demasiado pobre cuando aparece alguna pintura con mitos y leyendas en los que se pueden anclar los grandes temas del cine de estos directores.
Los pies de las fotografías no se ciñen a una ficha técnica sin más, sino que más bien son una extensión de los argumentos de la autora, con una escritura muy lírica. Elegimos algunos que nos han llamado la atención, uno sobre una película de Hitchcock y otro de una de Lynch. Un fotograma de Vértigo con Kim Novak se apoya en este texto: “Bajo la luz neblinosa de San Francisco, una etérea Madeleine deambula entre las tumbas de un cementerio cuajado de flores”. Y aún más poético es el pie de foto que dice: “Rosas rojas contra el cielo azul y ante una valla blanca: la imagen idílica de la América de ensueño recreada en Terciopelo azul”.
Hitchcock y Lynch es una obra para amantes del buen cine. Es un libro de cine para leer, preferentemente al tiempo que se ven o se vuelven a disfrutar las películas que se analizan en el ensayo.