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FUNDACIÓN "LA CAIXA"

Luis Sentis: "La automatización no le quitará el trabajo a nadie"

Luis Sentis: ' La automatización no le quitará el trabajo a nadie'
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(Foto: Fundación "la Caixa")
lunes 03 de agosto de 2026, 10:46h
Actualizado el: 08/03/2026 12:53h

La robótica humanoide no podría entenderse sin Luis Sentis. Este catedrático de Ingeniería Aeroespacial en la Universidad de Texas y fundador de la empresa Apptronik desarrolló una teoría que ha sido clave para esta tecnología en todo el mundo. En 1997 empezó su posgrado en la Universidad de Stanford gracias a una beca de posgrado en el extranjero de la Fundación ”la Caixa”. Este año ha participado en la ceremonia de entrega de la 44.ª edición del programa y ha cedido el testigo a la nueva generación de becarios.

Usted defiende una robótica centrada en las personas. ¿Qué significa este concepto en la práctica?

Mi primera teoría del whole body control (control de todo el cuerpo) permitía a los robots caminar y manipular objetos al mismo tiempo. Ahora estoy trabajando en la whole body communication (comunicación de todo el cuerpo), en la que el robot es una entidad comunicativa y de absorción de información. Cuando camina por un barrio, recopila información que luego puede distribuir. Acumula historias sobre qué es ese lugar o quién vive allí; todo, para proveer un servicio a las personas.

Manipular objetos y desplazarse es importante, pero al colaborar con otros tienes que comunicarte, y no puedes hacerlo a través de una pantalla con letras. Además, tiene que haber una comprensión y una predicción de lo que el otro está pensando... De alguna manera, quiero entender la empatía a través de los robots. Los robots necesitan emociones para comunicarse mejor con las personas, no para sustituirlas.

También investigamos la biomimética. ¿Cómo es posible que juguemos al baloncesto o al futbol? Con el Mundial hemos estado fascinados, pero ¿y si creamos versiones mejoradas de los Messis y los Ronaldos del futuro? No solo queremos sobrepasarlos: queremos entender cómo lo hacen. Por qué se deteriora un músculo con la edad, por qué tenemos cinco dedos o por qué después de los 80 años casi el 45 % de la población no puede caminar. Todo esto tiene implicaciones para el bienestar y la salud, por ejemplo, en el desarrollo de aparatos de ortesis. Son preguntas elementales, fisiológicas y anatómicas, que nos ayudan a entender. Y toda esta concreción de detalles es lo que define a un robot orientado al ser humano. La persona debe estar siempre en el centro. El robot debe imitar, permitir el desarrollo de sistemas para lo humano, comunicarse con las personas y ayudar a que una comunidad, un pueblo o una zona funcione mejor.

¿Por qué construir robots con forma humana? ¿Qué ventajas tiene?

Las piernas te dan velocidad y repetibilidad. Tienen una dinámica de sistemas que llamamos dinámica exponencial. Si tropiezas con una piedra, sales disparado de frente porque la aceleración del cuerpo es exponencial. Un coche va muy rápido, pero acelera a una fracción de la aceleración de la gravedad. Un robot humanoide o una persona cuando camina acelera mucho más rápido. Esto tiene ventajas en ciertos entornos.

¿Qué debe aprender un robot para poder moverse por el mundo con la naturalidad y la capacidad de adaptación de un ser humano?

Debe tener una comprensión semántica del mundo entero y capacidad de aprendizaje. Lo vemos con los coches eléctricos autónomos. El gran cambio en los últimos 15-20 años es que hemos pasado de unas reglas lógicas que decían «Si te encuentras esta intersección, camino o puerta, debes hacer esto» a utilizar modelos probabilísticos, cosa que tiene pros y contras.

El pro es que, si el robot abre una puerta y se encuentra con una situación nueva, podrá compararla con situaciones parecidas y seguir esos cánones. El contra es que probabilísticamente también va a fallar. Ser infalible es imposible, pero tenemos que aspirar a que sea X veces mejor que una persona caminando, conduciendo o lo que sea. Hay que entrenar sus funciones de navegación, manipulación, etc., y es imprescindible disponer de bases de datos que nos permitan comparar hasta qué punto lo está haciendo bien.

Los robots humanoides llevan décadas formando parte del imaginario tecnológico. ¿Qué ha cambiado para que hayan pasado de ser una promesa de laboratorio a una tecnología con posibilidades reales de implantación en fábricas, hospitales y hogares?

Los humanoides han cambiado radicalmente. Solo en los últimos 4 años hemos pasado de una inversión global de unos 40 millones de dólares a 40.000 millones. Han surgido empresas unicornio que han alcanzado los mil millones de dólares en bolsa. Esto ha cambiado porque ha habido una articulación muy buena de los líderes científicos y empresariales.

Además, el coste de fabricación ha caído muchísimo. Puedes tener un robot humanoide por unos 3.000 euros y vienen con una app store que te facilita muchas tareas. Por lo tanto, son útiles y tienen un precio bastante asequible, no hablamos ya de un millón de euros.

Apptronik acaba de abrir un centro para entrenar a sus robots mediante la recopilación masiva de datos del mundo real. ¿Los robots necesitan una escuela antes de estar preparados para trabajar junto a nosotros?

Sí, los robots necesitan una escuela. En Apptronik tenemos a cientos de trabajadores grey collar haciendo tareas manuales, como coger una caja, cortar el celo, sacar los artículos, ponerlos en las estanterías… Estas bases de datos son importantísimas.

Usted ha tenido una experiencia académica muy amplia. ¿Cómo se pasa de la investigación académica a crear una empresa capaz de competir en la carrera global por la robótica humanoide?

Llegué a la robótica humanoide por pasión, haciéndome preguntas sobre, por ejemplo, cómo caminamos, porque es superextraño: somos altos y esbeltos, y no nos caemos. Y pronto descubrí la aplicación de esas investigaciones a la salud y la rehabilitación.

En la Universitat Politècnica de Catalunya, donde hice ingeniería de telecomunicaciones, me dieron la oportunidad de explorar robots y me planteé hacer carrera en ese campo. Una vez en Silicon Valley, trabajé en robótica. Cuando entré en el doctorado pude perseguir mi pasión de hacer robots humanoides gracias a la beca de la Fundación ”la Caixa”. Después pasé a ser financiado por Honda y mi trabajo fue ya dentro del marco de los robots de asistencia, sobre todo para la vejez.

Desarrollé la teoría del whole body control, que ahora se utiliza en todos los robots humanoides del mundo. Luego fui profesor en Austin, creé un robot dedicado ya a la robótica humanoide y monté una empresa al mismo tiempo después de haber trabajado con la NASA en humanoides para el espacio.

Al cabo de unos años teníamos una inversión de unos pocos millones. Trabajábamos para el Departamento de Defensa, para la NASA, etc. Esto nos ha permitido lanzar cadenas de desarrollo y fabricación de cientos de humanoides. A veces digo que la población de humanoides en Austin está creciendo no linealmente, sino exponencialmente, y predigo que va a pasar lo mismo en Barcelona y en Madrid.

¿Qué lecciones ha aprendido en esta transición de investigador a cofundador de una empresa como Apptronik?

Que va bien cambiar un poco de ámbito. Me pasé 30 años centrado en el laboratorio, entre máquinas y matemáticas. Pero un día me pidieron mi opinión sobre el uso de robots para la policía y comprendí que no estaba lo bastante expuesto a los problemas sociales y de seguridad de las ciudades.

Fui director del centro Good Systems en la Universidad de Austin, donde entré en contacto con periodistas, escritores, comunicadores y público general. Esto dio un giro a mi carrera. Me permitió orientarme mucho más a las personas y entender que una tecnología no está justificada si no tiene un impacto positivo en todos los ámbitos: laboral, del bienestar, etc.

Sus desarrollos se están probando en campos como la industria y la logística. ¿Qué tareas veremos asumir a los robots humanoides y dónde cree que aportarán un mayor beneficio para la sociedad?

Apptronik se ha basado de momento en la industria, la logística y el comercio minorista (retail), porque son mercados muy grandes. Pero en el ámbito social los vamos a ver más y más. Los estamos viendo aplicados, por ejemplo, a los congresos: te vas a la feria de coches de Pekín y cada coche que te enseñan lo presenta un robot humanoide. También en los centros comerciales: vamos a ver robots que te guían o que anuncian una tienda en particular. En las calles, en España, que es la potencia mundial del turismo, imagina robots que puedan dar indicaciones a alguien que se ha perdido. O, en restaurantes, que puedan explicarte el menú.

¿Qué transformaciones cree que supondrá la automatización para el mercado laboral?

Hay una parte de crecimiento importante. En el futuro, vamos a tener más. No más coches o más casas, sino más datos, más potencia, más energía en casa, más servidores, más capacidad de fabricar. Si tienes tres robots, podrás decir: voy a comprar un destilador y a montar una cervecería en casa. Quizá no tenías tiempo de reparar las máquinas ni capacidad para contratar a gente, pero, con tres robots, de repente tienes un servicio y puedes vender cervezas a tus vecinos.

Todo el mundo, tenga el nivel de educación y los recursos que tenga, podrá ser un pequeño empresario y tendrá mayor capacidad de crear productos y servicios. La automatización no le quitará el trabajo a nadie, sino que le dará a cada persona la oportunidad de crear algo que de otra manera no habría podido sacar adelante.

¿Estamos desarrollando la regulación y el debate público al mismo ritmo que la tecnología?

Existen modelos muy distintos. En Estados Unidos, las empresas invierten mucho en seguridad y predomina la autorregulación. Funciona así: sacan un producto, la gente los denuncia y corrigen el producto. En Europa, en cambio, se regula antes de que el producto llegue al mercado para que no salga algo que sea peligroso o no tenga sentido.

Volviendo a su trayectoria internacional, que comenzó con una beca de posgrado de la Fundación ”la Caixa” para estudiar en Stanford, ¿qué oportunidades concretas le abrió aquella beca y cómo influyó en la persona y el investigador que es usted?

La beca de la Fundación ”la Caixa” fue absolutamente transformadora. Al día siguiente de llegar a Stanford estaba hablando sobre robótica con Edward Teller, el inventor de la bomba de hidrógeno. Luego trabajé en una spin-off de Motorola y viví el boom y el colapso de las «puntocom» en 2000-2001, un momento histórico, desde la zona cero. He visto también la transformación de Silicon Valley, que es un lugar increíble, y de Stanford, que no era la universidad superfamosa que es ahora, y he conocido a la gente de Google que salió de allí: Elon Musk, Jeff Bezos, Eric Schmidt, etc.

En su momento, recibirla fue para mí una ilusión tremenda y un reconocimiento personal. Pero, sobre todo, esta beca te da el sosiego y la tranquilidad de poder escoger un tema que realmente te llegue al alma y creer que va a tener una repercusión social positiva, y dedicarle 5, 6 años… Yo dediqué 10 años a desarrollar una teoría que no habría existido sin esta beca. Me atrevería a decir que los robots humanoides quizás no existirían sin la beca de la Fundación ”la Caixa”.

Después de pasar por Stanford, por la NASA, por la Universidad de Texas y por Apptronik, ¿qué les diría a quienes creen que una carrera internacional está fuera de su alcance?

Todos tenemos talentos fantásticos. Puede ser la creatividad, el don de hablar con gente, la paciencia de descubrir, la capacidad de construir, la dialéctica... Que no tengan miedo. No importa el coeficiente intelectual, sino la creatividad y la motivación.

Les diría que piensen en su ideal y lo persigan mientras son jóvenes. Que inviertan en su juventud y en estar preparados para sorprenderse en los campos en los que se van a iniciar. Estos becarios que salen ahora van a inventar cosas increíbles si creen en ello y lo persiguen.

Tras una carrera tan consolidada, ¿qué le motiva actualmente? ¿Qué problema le gustaría contribuir a resolver con su trabajo?

Ahora estoy apoyando a gente de cualquier edad con ideas novedosas. Estoy invirtiendo en empresas de chavales incluso antes de que las monten. En paralelo, estoy con la teoría del whole body communication. Y me gusta mucho la parte geopolítica. Estoy en el comité del World Forum on the Future of Democracy, AI/Tech and Humankind, que dirigen Hillary Clinton y el papa. Y participo en los Diez Mandamientos de la IA y en la Declaración de los Derechos Humanos de la IA. Me interesa mucho trabajar con gente que tiene ideas éticas del futuro y de ayuda a las naciones que lo necesitan.

Entrevista compartida por la Fundación "la Caixa".

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