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Un año sin Benazir Bhutto

lunes 29 de diciembre de 2008, 07:24h
Este fin de semana Pakistán conmemoraba el aniversario de Benazir Bhutto, líder del Partido Popular pakistaní -PPP- y hasta ese momento, firme candidata a la presidencia de su país. Curiosamente, fue su marido quien la sustituyó al frente del PPP, para ganar posteriormente las elecciones. Así, Zardari se convertía en presidente de una nación que vive desde hace algún tiempo momentos realmente convulsos. Lo último ha sido la escalada en la endémica tensión que viven las relaciones entre indios y pakistaníes, a raíz de los atentados de Bombay. El hecho de que los atacantes fueran pakistaníes, perfectamente adiestrados y pertrechados, hizo pensar que su procedencia iba algo más allá de un mero campo ilegal de entrenamiento terrorista. Desde India se apuntaba al ISI -servicio secreto pakistaní, bajo mando militar- como instigador de las matanzas. Todo esto puso en alerta a los ejércitos de ambos países, sin que de momento ha ya visos de un pronto entendimiento.

El anterior mandatario pakistaní, Pervez Musharraf, era un hombre firme y decidido. Amen de su dilatada experiencia política, contaba con algo clave en su país: el respaldo del ejército -y por ende, de los todopoderosos y omnipresentes servicios secretos-. No en vano, ostentaba el título de general, y desempeñó un relevante papel en el último conflicto armado con India. Además, era respetado por Estados Unidos, y mantenía correctas relaciones con el mundo árabe. Benzair Bhutto procede de una conocida y rica familia pakistaní. Ella misma ya había ostentado representación política y tenía carisma. No así su marido, cuyo único mérito ha sido el de cumplir una larga condena en la cárcel por corrupción. En un país como Pakistán y con sus contactos, es de imaginar el nivel de corruptela a que habría llegado Zardari como para ser condenado. Con todo, es él quien lleva ahora los designios de Pakistán y, de momento, da la impresión de que los acontecimientos le están superando. Ni tiene los apoyos de su antecesor, ni el respaldo islámico de sus oponentes, ni el “pedigrí” político de quien fuera su esposa. Por supuesto, tampoco su valía. Es de esperar que entre su equipo sí que haya gente capaz de asumir los cruciales retos a los que habrá de enfrentarse Pakistán en 2009. Falta le va a hacer y a nosotros también, dada la indiscutible importancia estratégica de Pakistán.
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