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EVOLUCIÓN

Láminas negras de las estalagmitas de Atapuerca revelan cambios climáticos

Láminas negras de las estalagmitas de Atapuerca revelan cambios climáticos
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(Foto: EFE)
EL IMPARCIAL
jueves 13 de agosto de 2026, 16:27h
Actualizado el: 13/08/2026 17:08h

Un estudio liderado por la investigadora Virginia Martínez Pillado, del Equipo de Investigación de Atapuerca (EIA), y en el que ha participado el director científico del Museo de la Evolución Humana, Juan Luis Arsuaga, demuestra que las láminas negras de las estalagmitas de Atapuerca revelan cambios climáticos y la presencia humana en las cuevas. Estas poco estudiadas láminas oscuras pueden conservar información sobre periodos de aridez, lluvias intensas y episodios de ocupación humana prehistórica, convertirtiéndose en una valiosa fuente de información sobre el pasado.

Las estalagmitas constituyen uno de los archivos naturales más importantes para reconstruir las condiciones ambientales del pasado. Sus capas de crecimiento pueden conservar información sobre variables como la disponibilidad de agua, las precipitaciones, la actividad del suelo o las condiciones físico-químicas de la cueva. Sin embargo, las láminas negras que aparecen intercaladas en estas estructuras han sido tradicionalmente mucho menos estudiadas, en parte debido a su compleja composición y a la dificultad de determinar cómo y cuándo se formaron.

El estudio, publicado en la revista Journal of Quaternary Science, analiza las láminas negras presentes en cuatro estalagmitas de las galerías de las Estatuas y del Silo, en el sistema kárstico de Cueva Mayor. Para conocer su origen se ha aplicado una aproximación multidisciplinar que combina dataciones radiométricas, análisis petrográficos y geoquímicos, microscopía electrónica y tomografía computarizada. Esta metodología ha permitido diferenciar cuatro tipos de láminas negras y, sobre todo, distinguir entre aquellas relacionadas con procesos naturales y las que conservan evidencias de actividad humana.

Algunas de estas capas se relacionan con cambios en las condiciones climáticas e hidrológicas de la cueva. Las denominadas láminas erosivas presentan evidencias de disolución y erosión de la calcita que ya se había formado, asociadas a periodos en los que el crecimiento de la estalagmita se ralentizó o incluso se interrumpió. Posteriormente, el agua pudo transportar hasta la cueva partículas procedentes del suelo y del exterior, como minerales, arcillas y materia orgánica, que quedaron incorporadas a la superficie de la estalagmita.

Estas características permiten identificar diferentes condiciones ambientales. Algunas de las láminas erosivas son compatibles con periodos relativamente áridos y con importantes interrupciones del crecimiento, mientras que otras se relacionan con condiciones muy húmedas y con un aumento de la infiltración de agua. De este modo, las capas negras pueden complementar la información proporcionada por los indicadores climáticos más habituales de las estalagmitas y ayudar a reconstruir cambios en el régimen de precipitaciones y en la disponibilidad de agua.

Pero no todas las capas negras tienen un origen climático. Algunas de ellas contienen diminutas partículas de hollín y fragmentos de carbón vegetal. Su composición y características microscópicas indican que proceden de procesos de combustión en el interior de la cueva y, en el contexto de Cueva Mayor, se interpretan como consecuencia de fuegos encendidos por grupos humanos. Estas capas se sitúan cronológicamente en fases de intensa ocupación de las cavidades durante el Neolítico y la Edad del Bronce.

El estudio revela así que una misma estalagmita puede conservar dos tipos de información aparentemente muy diferentes: por un lado, la respuesta de la cueva a los cambios ambientales y climáticos; por otro, la huella directa de quienes la habitaron o utilizaron. Las partículas de hollín y carbón quedan atrapadas entre los cristales de calcita, convirtiendo la estalagmita en un registro de la actividad humana desarrollada en el interior de la cavidad.

Una nueva herramienta para estudiar el pasado de las cuevas

Los resultados muestran que las láminas negras no deben considerarse simplemente como interrupciones o anomalías dentro del crecimiento de una estalagmita. Al contrario, pueden contener información especialmente valiosa que complementa la proporcionada por las capas de calcita convencionales. Su estudio permite identificar cambios en las precipitaciones, la vegetación y las condiciones hidrológicas, pero también detectar y acotar temporalmente episodios de actividad humana, especialmente relacionados con el uso del fuego.

El trabajo propone además un sistema de clasificación basado en las características microscópicas, mineralógicas y geoquímicas de estas capas, que puede aplicarse al estudio de estalagmitas de otros sistemas kársticos. De este modo, las aparentemente discretas láminas negras pueden convertirse en una herramienta para reconstruir conjuntamente la evolución del medio ambiente y la relación de las sociedades humanas con las cuevas a lo largo del tiempo.

En el caso de Cueva Mayor de Atapuerca, donde las galerías estudiadas conservan numerosas evidencias de ocupación humana desde el Neolítico hasta la Edad del Bronce, estas estalagmitas aportan una perspectiva complementaria al registro arqueológico tradicional. Las capas negras permiten, literalmente, leer en el interior de la calcita tanto las condiciones ambientales que experimentó la cueva como las huellas de las personas que hicieron uso de ella.

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