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CRÍTICA DE CINE

La odisea: el mito de Homero actualizado por Nolan de manera magistral

La odisea: el mito de Homero actualizado por Nolan de manera magistral
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(Foto: EFE/ Melinda Sue Gordon / Universal Pictures)
Joaquín del Palacio
jueves 20 de agosto de 2026, 16:30h

8.5/10

Cuando una obra transciende a la propia humanidad cualquiera que pretenda acercarse a ella con intenciones creativas saldrá trasquilado. La odisea de Homero es una obra que en su interior tiene el sentido de la vida completo, un viaje interior profundo y lleno de metáforas que nos acerca a nuestro yo más íntimo y que cada lector interpretará a su manera. Nolan lo habrá hecho como lector y en el caso que nos ocupa, también como creador. Por ello no podemos ni debemos juzgar su trabajo en términos de verosimilitud o semejanza con la obra original, que a mi entender es inadaptable en una película por mucho que esta dure tres horas. Lo que ha hecho Nolan es su propia Odisea, lo ha hecho de una manera genuina, original, profunda y con un enorme cuidado por el detalle. Nada queda al azar, todo encaja, y lo hace de una manera rotunda y precisa, bella y dura, trepidante de acción y emoción, una filmación de una calidad extraordinaria que para millones será su entrada en el viaje del Odiseo y seguro que incitará a muchos a profundizar en las páginas del libro en el que se basa.

Sea en griego (Odiseo) o en latín (Ulises) yo no me voy a poner pedante ni a dármelas de ser un experto estudioso de esa obra atribuida a Homero de la cual sé lo mismo que de casi todo, es decir, poco. En cambio, me sorprende con agrado la cantidad de expertos Odiseos que han aparecido desde que Christopher Nolan decidió filmar su precisa y preciosa idea de esa obra legendaria. No hay cuñado o taxista que no haya escrito una tesis sobre el particular, y eso en vez de encogerme, me llena de felicidad, me hace sentir que vivo rodeado de gente cultísima de la cual debo aprender sin dilación. De todos modos, llegados a este punto hay que relativizar. Visto lo visto, tengo muchos años por delante, toda una vida, todo un camino que recorrer lleno de vicisitudes donde mis demonios interiores se conjugarán con mis paraísos, superaremos pruebas imposibles, desafiaremos a los dioses —que para eso están— lucharemos contra nosotros mismos y nuestra incapacidad de entender la realidad que nos circunda y al fin llegaremos a comprender los mínimos de este mundo, que es inescrutable solo en apariencia, donde nunca lo fácil nos dará satisfacción, donde es la propia lucha la que
dará sentido al movimiento en el tiempo. Ahora vayamos al grano.

Nolan es un héroe

Nolan es un héroe moderno. Su tenacidad para lograr pergeñar y rematar una obra de esta magnitud es impropia de humanos que no estén tocados por los dioses de algún modo. Probablemente La Odisea haya sido «su Odisea», y ha tenido el valor de romper el relato original, adaptándolo a su manera de entenderlo. Aunque muchos hablan de wokismo, yo no creo que un creador de su nivel tenga que pasar por muchos aros impuestos, más bien creo que es su manera de entender una obra que gracias a su enorme profundidad, está sujeta a diversas interpretaciones. Lo cierto es que, impulsado por una antigua obsesión de la infancia que le llegó tras verla representada en una obra escolar, el director británico debió sentir que era el momento idóneo en su carrera para abordar la que considera la historia fundacional de la humanidad sobre el regreso al hogar (metafórico), conectando además con temas de madurez y el peso moral que le aportó su trabajo anterior, Oppenheimer. Eligio el formato IMAX de 70 mm porque buscaba realidad física e inmersión absoluta en la gran pantalla, y rechazó el uso de pantallas verdes e imágenes de ordenador. Su filosofía defiende a capa y espada que los actores interactúan mejor con elementos tangibles y que la luz capturada de manera fotoquímica en gran formato ofrece una textura insuperable. El celuloide maneja un nivel de resolución que las cámaras digitales no pueden replicar, logrando que los paisajes escarpados y el mar abierto aspiren a absorber por completo la visión periférica. Y eso, como espectador, se nota, te sumerge en la narrativa, te hace ser partícipe: el mar es real y los barcos están dentro de él de verdad, con agua que nos salpica a todos.

El elenco estelar

Otro elemento de crítica cuñadísima es la elección de Matt Damon como Odiseo. Damon posee una rara combinación dentro de Hollywood de cercanía y carisma de estrella, logrando que empaticemos de inmediato y lo acompañemos en su viaje emocional sin depender solo de la fuerza bruta del personaje. Porque tiene el don de caer bien. Tras colaborar previamente en Interstellar y Oppenheimer, Nolan sabía que el actor encarnaba a la perfección la astucia del rey de Ítaca y la vulnerabilidad de un hombre destrozado por la guerra. Como curiosidad, todo se decidió en una llamada telefónica de dos minutos y para poder encarnar a este personaje debió perder 15 kilos. Yo sigo esperando esa llamada, más después de este verano ahíto de camembert.

Tom Holland aporta a Telémaco ese aspecto de pringao que tan bien le viene al personaje, mucho mejor que a Spider man, que nos guste o no, es un super héroe tan de ficción como estos. Anne Hathaway encarna a una Penelope todo lo triste que debe estar alguien que no hace otra cosa que esperar sin una fe completa que podría llenar de ilusión su existencia. Por su parte, Robert Pattinson es lo suficientemente repugnante interpretando a Antínoo para que nos pasemos toda la película esperando su muerte, algo que no creo que nos convierta en psicópatas, al menos no del todo. ¿Será que el propio actor no necesita actuar demasiado para ser repulsivo? Zendaya dispone de un extenso papel como Atenea que bien podría haberse ahorrado Nolan, por repetitivo e insustancial, por poco creíble desde cualquier perspectiva y por la mediocre actuacion. Su papel solo cobra sentido durante el saqueo de Troya, donde se convierte en metáfora palpable hasta para un adolescente de los de iphone en astillero. Y dejo para el final a Charlize Theron. La preciosa Calypso condensa toda la belleza del mundo dentro de una pena asfixiada por el destino de los dioses. El intento de retener a Odiseo a cambio de su amor y de su inmortalidad no tiene éxito, la llamada del hogar es más fuerte que la magia de la belleza en estado puro. No se podría haber elegido para ese papel a una actriz mejor que Theron, en sus ojos podemos contemplar de manera sublime la melancolía de una diosa que no entiende que un mortal prefiera dejar ese paraíso con ella y regresar a un destino incierto. Nosotros como espectadores tampoco lo comprendemos, pero el arte consiste en eso, en generarnos dudas y emociones. El viaje hacia la incertidumbre debe proseguir.

Técnica supeditada a la épica

Nolan encargó a Ludwig Göransson la banda sonora, y rompió radicalmente con el cine de Hollywood al eliminar el uso de orquesta tradicional. En su lugar, el compositor (ganador de un Óscar) construyó un paisaje sonoro arcaico y opresivo utilizando 35 gongs de bronce, instrumentos de la Antigua Grecia recuperados tras miles de años, a los que añadió texturas vocales contemporáneas. Göransson empleó flautas y vientos ancestrales como el aulos, combinándolos con escalas modales mediterráneas y de Oriente Medio para evocar texturas reales de hace 2.500 años. El resultado es impecable, porque nos ayuda a entrar en la historia tal como fue, con músicas de su tiempo perfectamente adaptadas en ritmo y tono a cada una de las secuencias.

La fotografía corre a cargo de Hoyte van Hoytema, siendo esta su quinta colaboración consecutiva con Nolan tras trabajar juntos en Interestellar, Dunkerke, Tenet y Oppenheimer (película esta última por la que ganó el Óscar a la mejor fotografía). Es el responsable de llevar a cabo la titánica proeza de rodar todo el largometraje con cámaras de celuloide IMAX de 70 mm. Se decidió por una iluminación orgánica para mantener la autenticidad visual y huir de esquemas artificiales de estudio, y diseñó junto al equipo técnic nuevas fuentes de luz personalizadas que emulan de forma realista el fuego y la luz natural que percibiría el ojo humano en la antigüedad. Las tomas navales implicaron exigencias físicas y técnicas enormes debido al comportamiento de los pesados equipos IMAX sobre el agua. En lugar de maquetas diminutas o platós de estudio, utilizaron embarcaciones de madera a escala real que se adentraban en corrientes y oleajes auténticos de Grecia, Escocia o Islandia. Los actores debían mantener el equilibrio y actuar mientras el barco se mecía con violencia por los vaivenes y golpes de olas reales. Eso es autenticidad.

El diseño de vestuario de Ellen Mirojnick y el diseño de producción de Ruth De Jong se alejan por completo del artificio clásico de Hollywood para apostar por una atemporalidad táctil, áspera y realista. Lejos de buscar una recreación escolar o fantasiosa, el equipo construyó una mitología terrenal donde cada fibra y escenario refleja el desgaste físico y moral de los personajes. De Jong evitó los decorados virtuales masivos levantando localizaciones reales y arquitecturas monumentales de piedra, madera y tierra en localizaciones del Mediterráneo y el norte de Europa.

Scott R. Fisher, colaborador habitual de Nolan, estuvo al frente de un enorme equipo de técnicos prácticos para construir tormentas, barcos, fuego y efectos mecánicos reales. En todos los casos eligió efectos prácticos, trucos de perspectiva forzada, marionetas gigantes y animatrónicos construidos por su equipo de efectos especiales tradicionales en lugar de recurrir a imágenes por ordenador. Andrew Jackson integró de manera invisible el material rodado en cámara con retoques digitales menores.

Todos estos elementos configuran aspectos de una película que a menudo no son percibidos por los espectadores de manera directa, pero en el transcurso de la experiencia son vitales para que la historia quede como un recuerdo imborrable.

Éxito mundial

La Odisea contó con un presupuesto de producción de 250 millones de dólares aportados por Universal Pictures, convirtiéndose en la película más cara de toda la carrera deChristopher Nolan. Hasta mediados de agosto de 2026, la película ha recaudado más de 1.300millones de dólares a nivel mundial, rebasando los récords históricos de taquilla del director. Este éxito puede deberse a muchas razones, inescrutables como el ser humano. Entre las mías está el «efecto marca» de Nolan, la necesidad del público de huir de las franquicias de superhéroes, que ya apestan, y probablemente que el rodaje en cinta IMAX presupone una experiencia física que no tendrás en casa. Como anécdota, además de estos datos, las ventas de La Odisea de Homero en papel o Kindle aumentaron un 1400% desde que comenzó el rodaje y a su rebufo le siguieron las de la Iliada y otras obras clásicas mitológicas. También ha habido un enorme tirón en las diversas universidades de EE. UU. para estudiar griego antiguo, estando actualmente muchas de ellas en lista de espera.

Mi odisea

Particularizar mi experiencia con esta película bien me puede poner a los pies de los caballos, pues como dije al principio de esta crónica no soy un experto en la materia y los que sí lo son de manera preventiva me han intentado influir para que no diga lo que voy a decir. Hablar mal de algo es más sencillo que hablar bien. La pose del crítico descreído y de vuelta de todo, a ser posible resacoso y con dolor de cabeza tiene su punto de romanticismo. Pero qué le voy a hacer, yo soy un admirador confeso de Nolan y esta me parece, junto con Interestellar, su mejor película. Se me escapa totalmente esa crítica que se le hace por presentarnos a un Ulises atormentado por la culpa, por el engaño que supuso Troya. Si bien es cierto que en la época las victoria eran celebradas sin tomar en consideración las artes empleadas en conseguirlas, nada tiene de malo readaptar esas ideas a tiempos actuales. Con Oppenheimer avanzó en esa idea del remordimiento y la culpa, muy aferrada al cristianismo que en la época de Ulises no existía. También se critica a Penélope porque en la versión de Nolan ella no tiene fe ciega en el regreso del héroe, se debate entre la esperanza y la fría lógica de que Odiseo no volverá. Lo cierto es que la versión de Nolan es mucho más lógica desde nuestra perspectiva actual. La fe ciega tiene sus tiempos, y en la generación de internet todo es efímero y regado por una dopamina que necesita de inmediatez. La propuesta de Homero es atemporal, y ahí sí que no caben dudas, pero lo mismo que a Shakespeare se le adapta y enjuaga, no entendemos por qué Homero debe ser intocable, sobre todo cuando solo se han retocado aspectos residuales que no afectan al fondo del camino. Me abrumó la idea preconcebida de ir a cine a disfrutar de una película tan vilipendiada. Pobre de mí, que me debí dejar atrapar por los cantos de sirena y no fui capaz de constatar el desastre aburrido que, según dijeron varias aves de mal agüero, nos ofrecía Nolan. En mi descargo diré que durante la película tuve que soportar una dura prueba que los aviesos dioses metieron en mi camino. Dos orondos señores ataviados con bermudas se sentaron junto a mí, invadiendo mi espacio personal, y se dedicaron a deglutir lentamente dos enormes cestas de palomitas glaseadas cuya ingesta no concluyó hasta los títulos de crédito. Quizá eso me distrajo del cacareado bodrio, que a mí me supo a gloria.

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