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TRIBUNA

Á bout de souffle

viernes 21 de agosto de 2026, 19:45h

Después del ciclo legislativo que le ha llevado a sacrificar dos secretarios generales, un fiscal del Estado, un expresidente del renombre de Rodríguez, amén del encausamiento de la directora general de la Guardia Civil, el DAO y una ristra de peones imposible de enumerar, aumentan los motivos para temer que, tras el cálido y largo verano de plácido descanso en La Mareta, puedan aparecer sorpresas. Se entiende por sorpresa una maniobra oculta de Sánchez para resistir lo que queda de temporada legislativa en el palacio de la Moncloa. Oculta, porque no hay nada a la luz que pueda animarle a confiar que el porvenir le sea favorable.

La placidez con que ha afrontado su temporada de descanso sin despeinarse por la humareda de los incendios, queda demostrada por la cooperación institucional de tantos ministros que se han entretenido en festejar unitariamente el eclipse solar como ministros se han negado a dar cuentas al Senado por la estampida emigratoria originada por la invasión en Ceuta. Nada más gallardo que la impávida resolución con que ha administrado la crisis desde su retiro canario. Todo un alarde provocador por si los marroquíes deciden trasladar su invasión a las islas. La altivez del desafío invita a sospechar que Sánchez dispone de un plan de resiliencia tan sólido que no teme la que se le avecina. Solo la confianza en otra salida tan imprevisible como el haberse refugiado cuatro días a la meditación para escenificar el amor a su Begoña, puede explicar la impasividad con que ha acogido los estragos de los incendios estivales y celebrado el éxito de una política migratoria que ha conseguido desarbolar las fronteras hispano europeas, originar una crisis territorial, internacional y un nuevo conflicto político interno que deja bajo sospecha el contubernio del gobierno español con una autocracia chantajista.

La imperturbabilidad del jefe de gobierno para afrontar tantas desventuras es admirable. Se le ha visto dirigir el teatro de operaciones con tan resuelta fortaleza que se ha vestido de buzo para superarlas. Impertérrito ante la adversidad nada de lo que ocurre turba su ánimo mientras camina con gesto garboso en traje de baño. La imagen de desidia, abandono y su dedicación al buceo náutico mientras arde la península y se invade el suelo patrio recuerda otra vez la imagen del fugitivo de Paiporta que huye ante el lodo. Ningún infortunio ha conseguido importunar sus días de retiro durante el complicado escenario estival. Hasta su suegra ha sabido salir al quite para amonestar y fotografiar con donaire a periodistas que ejercen su profesión. La Mareta es un cobijo sagrado, a prueba de incendios e invasiones.

Mientras la justicia espera su turno el mes de septiembre la calma chicha del estío no ha con seguido alterar sus jornadas de reposoi. Ha resistido con tal pundonor las circunstancias que invita a preguntarse de dónde saca fuerzas de flaqueza para conjugar las responsabilidades del gobierno con la más irresponsable pasividad. El cronista se pregunta si este personaje asediado por la corrupción personal, familiar y la del partido que administra, tiene preparada alguna salida de urgencia a una situación a la que no se ve al final del túnel mas que, o bien porque tan impasible el ademán cuenta con un as oculto bajo una manga invisible, o bien porque se limita a gozar del paréntesis cronológico quedándose en el convento para exprimir el limón y sorber su jugo mientras sea duradero.

Repasando el calendario que se le ha ido anunciando para comienzo del nuevo curso, las calendas de septiembre se advierten más desfavorables aún que lo fueron los idus del pasado marzo. Todos los juicios de corrupción pendientes en la trastienda judicial tienden a agravarse. La queridísima Begoña se sentará en el más popular de los banquillos. Su amigo Rodríguez no da con el rastro de las joyas. David aguarda el indulto dirigiendo las chirimoyas. La Hacienda ya no sabe qué hacer para no ver lo que todos ven. Los julitos parece que hablarán. Desde que comenzó su periplo en esta legislatura cada maniobra de resiliencia ha resultado más perjudicial para sus previsiones de lo que estaba en el punto de partida. Las contradicciones entre los socios que sostienen al gobierno hacen más patente sus descosidos. Los presupuestos permanecen en su constante estado de virtualidad prorrogada. De la parálisis veraniega no se deduce que su estratagema, si la hay, consista en huir hacia adelante, ya que no se atisba más dirección que el estatismo. Ni siquiera Salvador Illa se ha desplazado este verano para urdir cómo ganar elecciones en Cataluña.

Por si faltaba algún desasosiego, Félix Tezanos declara su imparcialidad sanchista en la revista Temas para pergeñar un artículo que justifique la autodefensa de lo indefendible. Como todo vale con tal de frenar a una ultraderecha insolidaria, el áulico consejero apela a no rendirse ante un entramado conspiratorio que trata de acabar con la Constitución del 78. La desvergonzada interpretación invierte la relación de los términos, presentando al PP y a Feijóo como un peligro para la democracia. Los tilda de conjunción facciosa, como si un socialismo triturado por Sánchez, apoyado por los enemigos de la Constitución y de la unidad del estado, sostenido por independentistas y exterroristas, fuera la garante constitucional.

¿Hay algo oculto en este desafuero que hurga en lo más recóndito del reino, o todo es como parece ser? Durante estos tres años, que pueden o no llegar a cuatro, la resiliencia parece haberse consumido, como en aquella película de Goddard, á bout de souffle, en que un delincuente que no ha robado a su propio partido unas elecciones para alzarse con la Secretaría General, tras haber matado a un policía, se ve obligado a huir mientras le persiguen las huellas que va dejando en su escapada. Puede que el relato se limite a que Sánchez no ha hecho más que escaparse desde entonces, sembrando el camino de cadáveres a su alrededor, el ultimo agonizante el expresidente Rodríguez. Quedaría por explicar la marcha atrás de Almaraz. Tal vez Sánchez necesite reservarse un lugar seguro donde ultimar su fuga.

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