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TRIBUNA

El viaje al futuro es un viaje a ninguna parte

viernes 04 de septiembre de 2026, 19:01h

Esta reflexión encierra tras de sí un apasionante tema, que ahora solamente abordo a título de opinió. Evito, de momento, entrar en un análisis científico/técnico profundo al respecto. Sirvan estas pinceladas para atraer la atención de aquellos lectores en los que el espacio entre la realidad y la ficción les interese. En él encontraran muchas oportunidades de opinar. ¿Qué mejor que un artículo de opinión invite al lector a opinar?

Para mí, este tema no es nada trivial. La cantidad de recurso que la sociedad mundial dedica a este espacio o intersticio que existe entre la realidad y la ficción es de tal magnitud, que muchos se asombrarían si entrásemos en su valoración. Pero la esencia del tema reside aún en algo mucho más profundo: en el devenir de la historia de la humanidad al poner en riesgo el sentido de la propia existencia humana.

De momento intentaré mostrar – no demostrar -, cómo el principio de toda lógica, óntica y ontológica es vulnerado ante la propuesta del Físico Miguel Alcubierre con la posibilidad física de efectuar viajes en el tiempo. Este es un tema recurrente en la historia de la humanidad, en especial en la era del posmodernismo científico/técnico.

El reciente, pero no novedoso debate suscitado por las declaraciones del físico teórico antes citado sobre la posibilidad de viajar en el tiempo, ofrece una ocasión excelente para reflexionar sobre algo que rara vez se examina con suficiente detenimiento: la lógica que subyace a ciertas afirmaciones científicas cuando estas abandonan el terreno estrictamente experimental y se adentran en el de las posibilidades últimas de la realidad.

Cuando un físico dice que algo es posible, normalmente quiere decir una de estas tres cosas: A) Posible matemáticamente: las ecuaciones lo admiten como solución. B) Posible físicamente: en principio no contradice las leyes conocidas de la naturaleza. C) Posible tecnológicamente: podría construirse con suficiente desarrollo técnico.

En el caso de Alcubierre, su famosa “burbuja de curvatura” pertenece sobre todo al primer nivel: es una solución matemática de las ecuaciones de Einstein. Por tanto, cuando afirma que ciertos viajes serían “posibles”, en rigor está diciendo: Las ecuaciones no lo prohíben. Pero eso no equivale a afirmar que exista realmente tal posibilidad ontológica y de paso añado la óntica, como a continuación expongo.

Alcubierre sostiene —de acuerdo con ciertas interpretaciones de la relatividad— que el viaje al futuro es científicamente posible. No así el viaje al pasado, que chocaría con paradojas bien conocidas, como la del nieto que viaja atrás en el tiempo y elimina a su propio abuelo antes de que nazca su padre.

Como vemos, el viaje al pasado lo descarta a través de una paradoja, que implicaría que el futuro ya no fuese el mismo. Y aquí me surge una pregunta y una respuesta: ¿por qué no utiliza esa misma paradoja para invalidar la vuelta al pasado desde ese nuevo futuro al que ha viajado? Mi respuesta es: porque simplemente no ha viajado al futuro. Ha confundido el futuro con el mero transcurrir del tiempo.

No me diga querido lector que usted también lo confunde. Le daré mi opinión: El futuro es lo que el ser humano construye en el presente. El tiempo es la secuencia que ordena los acontecimientos que median en dicha construcción y que una vez construido queda en el pasado como historia. Para ello utiliza un artefacto denominado reloj, que ejecuta una mera sucesión síncrona de impulsos, es decir sin crónica, sin relato. Son meros impulsos vacíos de contenido. No así la historia. El tiempo carece de futuro, la historia no.

En este punto no hace falta que nos calentemos mucho la cabeza para demostrar científicamente esta diferencia entre tiempo y futuro. La propia física cuántica nos lo ha insinuado con el principio de superposición cuántico a través del denominado entrelazamiento cuántico. Pero como toda insinuación, queda como algo sujeto a la interpretación. Recordemos que, si la claridad es la cortesía del filósofo, la discreción debe ser la cortesía del científico, ya que la propia realidad, en su más íntima intimidad, siempre se nos manifiesta discretamente a través de la constante de Planck.

El entrelazamiento cuántico, es un fenómeno en el que dos o más partículas comparten un estado cuántico único, de tal modo que la medición de una afecta instantáneamente a la otra, sin importar el intervalo espacio/tiempo que les separe. Este fenómeno no tiene equivalente clásico y desafía la intuición que tenemos sobre el espacio y el tiempo. Y es aquí precisamente cuando solemos confundir los conceptos de tiempo y futuro.

Lo grave de esta confusión es que el científico caiga en tal error, hasta el punto de no fijarse en lo que la propia ciencia cuántica le dice con este fenómeno del entrelazamiento cuántico y de su relación con el tiempo. Fenómeno evidenciado experimentalmente y relacionado con el célebre argumento EPR, siglas de los científicos que lo propusieron: Einstein, Podolsky y Rosen, quienes en 1935 plantearon un experimento mental destinado a mostrar que las correlaciones predichas por la mecánica cuántica parecían incompatibles con el principio del realismo local - realismo local -, según el cual las propiedades de un sistema físico deberían poder considerarse independientes de la acción instantánea de otros sistemas espacio/temporales alejados. Animo al lector interesado a entrar en el enlace anterior para que forme su propia opinión sobre lo aquí dicho.

Einstein se negaba a perder este realismo local y luchó hasta la extenuación en la búsqueda de una teoria física que refutase este principio cuántico. Momentos antes de fallecer pidió sus últimos apuntes sobre el tema, pero ya se sintió tan débil que exclamó: otros lo terminarán por mí.

Finalmente, la puntilla al realismo local la pusieron John Clauser, Alain Aspect y Anton Zeilinger, que se repartieron el Premio Nobel de Física de 2022, por sus experimentos con fotones entrelazados, estableciendo la violación de las desigualdades de Bell como un hecho consolidado, siendo pioneros en la ciencia de la información cuántica. La conclusión final es la de que el Universo es un único sistema cuántico en donde el realismo local no tiene un lugar privilegiado. Vuelvo a animar aquí al lector a entrar en el enlace anteriormente citado y recapacitar.

Alcubierre utiliza un argumento antropológico para invalidar la posibilidad de los viajes al pasado, no utiliza argumentos científicos. Argumentos que se puedan expresar matemáticamente como los que sí dice utilizar para los viajes al futuro. Aquí aparece, en mi opinión, una discontinuidad en el método científico y además intuyo cierta inclinación hacia el realismo local. ¿Invalida esto de por sí su planteamiento de viajes en el tiempo? Nuevamente les invito a opinar.

Recordemos simplemente, que el universo cuántico no puede entenderse como un conjunto de realidades aisladas: la separación espacio/temporal no rompe necesariamente la relación de continuidad que les une. Al igual que en una función matemática, para mantener su condición de integrabilidad ha de conservar su condición de continuidad, también la realidad exige que no confundamos separación con ruptura.

Por otra parte, la ciencia puede reconstruir retrospectivamente una historia cósmica anterior al ser humano, pero esa reconstrucción pertenece al presente de quien la formula. Cuando retrocede hasta los límites en los que nuestras teorías científicas dejan de ser aplicables – muro de Planck -, también se difumina nuestra capacidad para hablar con sentido del espacio y del tiempo pasado.

Podemos imaginar un universo sin hombres. Lo que no podemos imaginar es un tiempo humano sin un ser humano que lo experimente, lo conciba y lo llene de sentido. Un tiempo aséptico, completamente separado de quien lo vive y lo concibe, es una abstracción nuestra, no una experiencia de la realidad.

La física describe una sucesión de acontecimientos físicos que reconstruimos retrospectivamente como ubicados en el tiempo. Pero el tiempo no es un acontecimiento más de esa historia: es la forma en que el hombre ordena y comprende el acontecer humano. Ese tiempo anterior al ser humano, era un tiempo en latencia, sin corazón que le llenase de vida, un tiempo sin historia, hasta que el ser humano lo ubicó en su propia historia.

El tiempo físico, ese tiempo que marcan los relojes, está contenido en nuestra construcción de la historia; la historia humana no está contenida como un objeto dentro de un tiempo ajeno al propio ser humano.

El viajero al futuro no habría viajado por un tiempo sin historia. Habría saltado sobre ella. La propia física cuántica nos obliga a reconocer que la separación espacio/temporal de dos sistemas entrelazados no equivale sin más a la pérdida de la unidad que los vincula. Si esto ocurre en el ámbito óntico, ¿cuánto más exigente habrá de ser la continuidad cuando aquello que pretendemos separar no es una partícula, sino una persona de su propia historia?

La historia del hombre no es algo que sucede dentro del tiempo. Es el modo específicamente humano en que el tiempo se hace historia. El hombre no existe como una coordenada dentro del espacio-tiempo. Existe como historia.

Le dejo aquí querido lector para que nuevamente opine.

Para mí, el viaje al futuro que plantea Alcubierre, es un viaje a ninguna parte.

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