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EDITORIAL

La última bala que le queda a Pedro Sánchez para ganar las elecciones está oxidada

EL IMPARCIAL
martes 08 de septiembre de 2026, 08:07h

Pedro Sánchez reunió este lunes a los diputados y senadores del PSOE para inaugurar el nuevo curso político. Y algunos analistas concluyeron que el acto suponía el arranque de la próxima campaña de las elecciones generales. Incluso, que el presidente estaba pensando en celebrarlas en marzo, el llamado “adelanto técnico”, ante la debacle del PSOE en todas las encuestas. Pero que nadie se haga ilusiones. Pues necesita tiempo para manipular el censo con la ley de nietos y la masiva nacionalización de inmigrantes. Necesita tiempo para intentar amortiguar el trastazo que se avecina; más aún tras el gran fiasco político y personal de la invasión de Ceuta.

El argumento de la propaganda socialista de cara a las urnas, sin embargo, no ha cambiado. Se trata de recurrir a la amenaza de la llegada del lobo fascista, la única bala que le queda, aunque la bala ya está oxidada. Pero Sánchez insiste. Y aprovechó la abrumadora victoria del Alternativa para Alemania en Nueva Sajonia para erigirse de nuevo en el muro de contención de la ultraderecha, de “la alianza de una involución entre la derecha cada vez más ultra y una ultraderecha cada vez más crecida”. Y en ello basó su mitin: “Lo que vimos ayer en Sajonia-dijo- es un aviso y una constatación. El aviso de que la amenaza ultra, gracias en gran medida a la rendición de la derecha tradicional, gana terreno en Europa y en el mundo. Y también la constatación de que un Gobierno como el de coalición progresista como el español es más necesario que nunca. El mundo nos mira. Somos la vanguardia del avance frente a los reaccionarios.”

Hay que reconocer que, aunque sólo en parte, el argumento de la llegada del lobo le funcionó en las elecciones de 2023. La derrota del PSOE en las urnas no fue suficiente para que perdiera el poder y fue capaz de montar un nuevo Gobierno Frankenstein. Pero fracasó estrepitosamente en Extremadura, Aragón, Castilla y León y Andalucía, donde el partido fue barrido por el PP, a pesar de sus alianzas con Vox. De nada le sirve ya pretender ser el muro de la ultraderecha, tras permitir la invasión de Ceuta mientras pasaba las vacaciones y de estar más que acechado por los tribunales en los casos de corrupción del Gobierno, de Zapatero, de su mujer y después de ser condenado su hermano. Sin olvidar, que el PSOE puede ser imputado por financiación ilegal y él mismo por el rescate de Plus Ultra, incluso por sus vínculos con Marruecos que propiciaron el asalto de casi cien mil inmigrantes en la ciudad autónoma, según acaba de sugerir la magistrada de la Audiencia Nacional, María Tardón que se ha propuesto llegar hasta el final “por un ataque grave a la integridad territorial de España”.

Pero, quizás intoxicado por la ovación que le dedicaron sus diputados y senadores, y a pesar de los continuos fracasos de su Gobierno, todavía alardeó de los supuestos éxitos de su gestión y sin pestañear declaró que “cada política aprobada en las Cortes Generales es un derecho ganado frente los ultras. Así llevamos ocho años, y el año que viene, otros cuatro años más. Nuestro proyecto de país mira a 2030, no a 2027”. Y con ese inexplicable optimismo concluyó su discurso, en medio del entusiasmo fanático de los pocos que aún le apoyan, de los que creen que todavía tiene posibilidades de ganar las próximas elecciones generales, sean cuando sean.

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