Los toros de gran trapío y armónicas hechuras protagonizaron la tarde en Sotillo de la Adrada. El sexteto de Dias Coutinho, además de la belleza, proporcionó grandes oportunidades para los diestros anunciados. Entre las cuadrillas se destaco José Otero quien puso los pares que le correspondían buscando al toro y prescindiendo de los capotazos de la brega. En cuanto al tercio de varas, destacamos el aguante de los animales y las malas mañas de los varilargueros. Lo curioso de este gremio es que no se dan cuenta que el arte de picar ya se ha ido al sumidero y, por si fuera poco, no quieren darse cuenta de que todos sus aspavientos, preguntando si ya está bien o hay que seguir barrenando, los retrata ante los espectadores.
Empiezo por el final, por el 6º toro de la tarde, Graco. Este caso fue revelador de la importancia que tienen los dos primeros tercios para el éxito con la muleta: el toro tomó el capote de Víctor Cerrato con celo y entrega, pero las varas mal puestas al relance y las banderillas a media vuelta y de sobaquillo desquiciaron al animal. Y éste tomó la decisión que aquí mando yo, se emplazó y ya no había fuerza ni maña para torearlo. Menos mal, que Cerrato ya había cortado las dos orejas a Haro (2º3/22), un toro con entrega y buenas intenciones, pero al que trató con cierto mimo. La faena resultó bella y con ligazón.
Las dos primeras faenas han sido, desgraciadamente, muy parecidas: será por costumbre, será por la fama del “valle del Terror” los diestros Mario Palacios y Diego García basaron sus faenas en la brusquedad y un “bocinazo”. Perdóneme, amigo lector, este término castizo, sin embargo no hay otro mejor para reflejar las primeras faenas de la tarde. Evidentemente, la condición de los toros pasó de la nobleza al recelo y luego casi al peligro. Aún así, Diego García paseó un trofeo.
Mario Palacios optó por alargar el tercio de varas con su segundo y el toro recibió tres varas. Sin embargo, no acusó el castigo y colaboró con su buena embestida en una larga faena, rematada por bernardinas. El estoque quedó en una media estocada. El quito toro llegó a la muleta después de sobrevivir el desorden de la brega. Diego García, afortunadamente, supo aprovechar sus cualidades y logró cortarle otra oreja para salir a hombros.