El pasado 16 de septiembre, en el Museo del Ejército (Toledo), tuvo lugar una ceremonia conmovedora y necesaria. El general de ejército Amador Enseñat y Berea, jefe de Estado Mayor del Ejército, presidió la inauguración de un monolito en memoria de los caídos en las misiones en Bosnia y Herzegovina. Al acto asistió la embajadora de Bosnia y Herzegovina en el Reino de España, Vesna Andree Zaimović. El general Enseñat y Berea señaló que las misiones llevadas a cabo en Bosnia y Herzegovina han sido «una de las contribuciones más relevantes a la paz y estabilidad en Europa en las últimas décadas» por parte del Ejército español y una «muestra inequívoca del compromiso de nuestra nación con la paz, la legalidad internacional y la defensa de la dignidad humana».
La participación española en las misiones internacionales en Bosnia y Herzegovina comenzó en noviembre de 1992, durante los años terribles de la guerra, con el despliegue, en el valle del Neretva y en torno a Móstar, de una agrupación del Ejército de Tierra integrada en la UNPROFOR (United Nations Protection Force) con los cometidos de proteger y facilitar los convoyes de ayuda humanitaria; contribuir a la vigilancia de los acuerdos de alto el fuego; y proteger a la población y apoyar los esfuerzos internacionales de pacificación. Allí cayó alcanzado por fuego de mortero, en 1993, el teniente Arturo Muñoz Castellanos, primer soldado español muerto en misión internacional.
Efectivos españoles participaron, después de la firma de los Acuerdos de Dayton en diciembre de 1995, en la IFOR (Implementation Force), cuyo objetivo era la ejecución de los aspectos militares de los Acuerdos de Dayton y contribuir a la estabilización del país. Entre 1996 y 2004, la misión consistió en la estabilización y consolidación del nuevo orden político y de seguridad a partir del marco de los acuerdos de Dayton. A partir de 2004, la UE asumió de la OTAN la responsabilidad militar mediante EUFOR Althea. Ahí sigue España comprometida con Bosnia y Herzegovina. Desde 2010 los efectivos españoles se centran en la formación, el asesoramiento y el desarrollo de las Fuerzas Armadas de Bosnia y Herzegovina y a preservar el marco creado por los acuerdos de Dayton.
Desde 1992, más de 46.000 militares españoles han participado en las sucesivas misiones en Bosnia y Herzegovina. No resulta, pues, sorprendente que españoles y bosnios hayan terminado forjando amistades duraderas, casándose unos con otros y formando familias que miran al futuro desde una tierra que tanto ha sufrido. Para miles de pacientes del hospital de Mostar Este, aquellos soldados españoles que protegían los corredores humanitarios y los convoyes que pasaban a través del puente de Tito fueron una esperanza en medio de la guerra y un ejemplo de neutralidad operacional. En septiembre de 1993, después de repartirles alimentos y medicinas a más de 50 000 habitantes de Mostar Este, la gente se echó a la calle e impidió durante varios días que los militares españoles abandonaran la zona. Cuando el Puente Viejo quedó destruido como consecuencia de los bombardeos, fueron los españoles quienes construyeron una pasarela sobre el Neretva que unió las dos partes de la ciudad desgarrada. Muchos años después, en 2004, cuando pudo reconstruirse esa joya de la ingeniería otomana, devino innecesaria esa obra provisional que había mantenida unida la ciudad desde 1995. Hoy en Móstar una honra el nombre de España.
En España deberíamos hablar más de los españoles caídos en misiones internacionales. Este monolito en Toledo rinde honores a los 23 militares españoles y a un intérprete civil bosnio muertos durante las misiones desarrolladas en Bosnia y Herzegovina y recuerda el compromiso de España con la paz y la seguridad internacionales. Es reconfortante pensar que, para tantos bosnios, en los momentos más dolorosos de una guerra atroz, España y los hombres y mujeres a su servicio, representaron un alivio, una esperanza y un consuelo. Algunos entregaron su vida en ese empeño.