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Españoles… Franco ha vuelto

José María Zavala
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jmzavalagmxnet/8/8/12
viernes 02 de enero de 2009, 22:49h
Recuerdo la cara de algunos amigos europeos a los que les contaba que en mi ciudad había una estatua de Franco a caballo: los ojos como platos. Incluso uno me llegó a sugerir “pero… si eso es muy fácil… ¿Por qué no vais con unas cuerdas y un pico y…”. Entonces no dejaba de invadirme cierta vergüenza, porque se hacía más patente aún que no era normal que a estas alturas siguiese en pie la efigie de un dictador en pleno centro de una ciudad con más de 150.000 habitantes. ¡Ojalá hubiese sido un problema técnico! Por desgracia es una cuestión de cultura política.

Se han aprovechado las obras de reforma del aparcamiento subterráneo de la Plaza del Ayuntamiento (hasta hace no mucho aún permanecía la placa que rezaba “Plaza del Generalísimo”), para efectuar el traslado aprobado hace ya cuatro años. Esta maniobra no ha sido precisamente facilitada por el PP santanderino, que defendió repetidamente la opción de que el monumento permaneciese en su sitio original. La población local se mostró por lo general indiferente, cuando no nostálgica. La última vez que ese aparcamiento provocó obras en la plaza, el jinete hubo de ser apartado, pero recuperó triunfal su posición. Y la Constitución ya era vigente. Pero esta vez, en medio del clima provocado desde Madrid con la Ley de Memoria Histórica, no se ha librado. Vamos… una acumulación fatal de factores adversos. Pero puede estar tranquilo, porque irá a un lugar mejor, un museo de Historia en el que esté a resguardo de las implacables palomas, donde quizás no tenga la mala suerte de caer enfrente de ese odioso escudo de la II República descubierto hace pocos años justo enfrente de su caballo (¡qué paradoja!), y donde no esté semiescondido por hileras de arbustos. La estatua de Franco no se retira, se traslada.

Y es que efectivamente esa estatua no molestaba a nadie. Yo ni siquiera consideraría que “presidía” la plaza pues se encontraba de forma bastante marginal con respecto a ésta. Y por suerte, ni hablaba, ni se movía, ni entraba al Ayuntamiento a presidir los plenos. A mi lo que sí que me molestaba es cuando al trascender la polémica, el ahora ex-alcalde declaraba: “El Ayuntamiento tiene un cuadro en su museo de Goya relativo a Fernando VII que posiblemente haya sido el peor rey de la historia de España, (…), y no por eso vamos a quemar el Goya”. Tales muestras de necedad sí que son enervantes. A mi lo que me molesta es que la población local, a finales de los años 70, no tomase cuerdas y picos para arrancar la efigie, arrastrarla por la ciudad y gritar “¡ha muerto un dictador!”. A mi lo que me molesta es haber visitado no hace mucho la ciudad a finales de diciembre y ver que una corona seca lleva un mes haciendo honores al caudillo y nadie se ha atrevido a quitarla. Parece que a mucha gente la política del “puñetazo en la mesa” no le molesta en absoluto, que las relaciones de poder autoritarias –en un sentido amplio– le resultan de lo más normal. Y eso sí que es un problema.

Si nos enseñan a ser intolerantes con todo aquello que sea antidemocrático, ¿por qué el Franquismo a veces parece ser una excepción? Hay que aprender a interpretar esta época también “en vacío” y no siempre como el resultado de la oposición al bando republicano de la Guerra Civil. Si vamos a mostrar rechazo hacia las dictaduras, que sea hacia todas.

El mito sobre las estatuas ecuestres, que en este caso no se cumple, indica que si el caballo tiene una de las patas frontales levantada, el jinete murió por heridas recibidas en combate. ¿Le ganaremos algún día la batalla al autoritarismo?

José María Zavala

Sociólogo

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