Los tramos peligrosos en la red española de carreteras suman ya cerca de mil kilómetros. Resulta casi imposible deducir de los accidentes de carretera aquellos que se deben directamente al desastre de los baches, socavones e irregularidades que se han multiplicado en un 16% en los tramos peligrosos.
Andrea Aguado aporta datos contrastados que levantan todas las alarmas. Zarandeados por el atroz accidente en Urda, se olvida casi por todos subrayar el grado de deterioro en nuestras carreteras, producido por la falta de mantenimiento. Sobre la mesa de redacción de este periódico se incrementan las denuncias con fotos y durísimas imágenes de la situación en la que se encuentran gran número de carreteras españolas, utilizadas por los nacionales y también por los turistas, que este año superarán tal vez los 100 millones.
Salvo algún accidente de autobuses o camiones, el del automóvil queda relegado a una noticia a pie de página. Sin embargo, su crecimiento exponencial supone una considerable cantidad de muertos y, sobre todo, de heridos, lo que acongoja a todos, de manera permanente a los periodistas que cubren la información.
Según Andrea Aguado, el impacto de la siniestrabilidad en el conjunto de los tramos sin el adecuado mantenimiento se eleva a 351 accidentes, con un balance de 106 personas fallecidas y 352 heridos graves.
Los siniestros de carretera, salvo excepciones, carecen de la espectacularidad del que acompaña al de trenes y aviones. Pero las cifras son agrias y demasiado alarmantes. La realidad general del riesgo, conforme a la información contrastada de Andrea Aguado, se ha elevado desde 2,9% a 3,35%.
Si Alberto Núñez Feijóo gana las elecciones deberá encargar a un equipo de expertos que estudien los problemas de las carreteras y autovías españolas. Y a continuación, arbitrar los presupuestos necesarios para poner remedio a la degradación que se multiplica semana tras semana. Los deterioros e irregularidades se extiendan por nuestra red, destrozan la imagen de España ante los turistas y provocan cientos de accidentes que se podrían haber evitado si el mantenimiento exigible hubiera sido el correcto.