Otro futuro para el petróleo argentino
miércoles 07 de enero de 2009, 22:07h
La seguridad energética es un valor apreciado en un mundo que, si bien esta cada vez más globalizado, al mismo tiempo enfrenta grandes riesgos geopolíticos en el abastecimiento de petróleo y gas. Esta cuestión ocupara un lugar destacado en la agenda política de Argentina en los próximos años, teniendo en cuenta que si proyectamos las tendencias recientes el país pronto perderá el autoabastecimiento de hidrocarburos. En la historia petrolera argentina se distinguen tres etapas. La primera se inicia cuando Frondizi asume la Presidencia en 1958 y las importaciones significaban el 60 por ciento del consumo total, cuando los militares lo derrocan en 1962 estas importaciones se habían reducido drásticamente ya que apenas representaban el 7 por ciento del consumo, gracias a la nueva política petrolera que en pocos años casi triplica la producción. Pero en los años siguientes trepan los niveles de dependencia de las importaciones que se mantienen hasta la década del ochenta, a partir de cuando comienza, con el Plan Houston de Alfonsín y se consolida con Menem, la segunda etapa de expansión productiva que transforma a Argentina en exportador petrolero. Hacia fines de los noventa la exportación de petróleo representaba la tercera parte de la producción nacional. El gas también acompaño este proceso de consolidación del autoabastecimiento energético, en el cual la abundancia de las reservas no solo permitió expandir la penetración del gas en la matriz de consumo energético a uno de los máximos valores mundiales, sino también aportar divisas con exportaciones a países limítrofes como Brasil y Chile.
La tercera etapa corresponde a la administración Kirchner que implementa una política de estimulo al consumo energético a través de precios subsidiados, pero también de disminución de la producción como de desaliento a la exploración de hidrocarburos. La producción de petróleo cae todos los años desde fines de los noventa mientras que la de gas también cae desde el 2004. Pero la pérdida de reservas es aun más grave, en petróleo la merma equivale a dos años completos de producción y en gas a casi 7 años. Esta pérdida de reservas no se debe a una maldición geológica, sino que es simplemente el resultado del desaliento por parte del gobierno a la exploración. En los primeros cinco años de la década del noventa se perforaron un promedio anual de 113 pozos exploratorios, en los siguientes cinco años – con precios del petróleo tan bajos como 10 dólares el barril – se perfora un promedio de 75 pozos por año. Pero en el 2007, con muy altos precios por encima de los 100 dólares la perforación exploratoria cae al mínimo histórico de los últimos 30 años con apenas 45 pozos. Esta tendencia de caída en el esfuerzo por buscar nuevas reservas, lamentablemente se acentúa también durante el 2008, es así que en los primeros nueve meses se llevaban perforados apenas 27 pozos. Si no se invierte en exploración seguirá cayendo tanto la producción de gas como de petróleo, que como hemos visto viene ocurriendo. Se ha perdido ya la capacidad exportadora pero también el autoabastecimiento que apenas duro 20 años. Pero no estamos geológicamente condenados a ese destino de pérdida de la seguridad energética, un valor critico en el convulsionado mundo moderno.
Es alentador saber que es posible diseñar una política energética mucho más sensata que la vigente, para ello es imprescindible instaurar un nuevo régimen institucional previsible y estable, es decir con seguridad jurídica y sin impuestos volátiles que desalienten la producción. La producción de hidrocarburos tiene un alto riesgo geológico, por ello es muy negativo además añadirle un riesgo institucional asociado con la inestabilidad normativa. Hay que convocar a genuinos capitales de riesgo para expandir la frontera de petróleo y gas, pero no se tendrá éxito si se insiste con el decadente y arbitrario capitalismo de “amigos”, el sendero de la expansión se podrá recorrer únicamente con un capitalismo competitivo y sin manipulaciones, acompañado por un estado con visión estratégica. Vale la pena echar una mirada al pasado y extraer lecciones ´positivas, en este sentido la política petrolera de Arturo Frondizi es una buena referencia.
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Economista
ALIETO GUADAGNI es economista graduado en la Universidad Nacional de Buenos Aires, con estudios de postgrado en la Universidad de Chile y Doctorado en la Universidad de California (Berkeley)
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