El desafío intolerable de la piratería
sábado 10 de enero de 2009, 01:36h
Este viernes, el “Sirius Star”, superpetrolero saudí, ha quedado en libertad tras permanecer secuestrados desde el 15 de noviembre por los piratas somalíes. El barco con sus 25 tripulantes fue liberado tras pagar un rescate, cuya cifra, “no menos de tres millones de dólares”, no ha sido precisada. Desde enero a octubre de 2008, 86 buques han sufrido intentos de secuestro, el doble que en el mismo periodo de 2007, y las aguas frente a las costas de Somalia, Yemen, Kenia y Tanzania aparecen como las más peligrosas.
De momento, varias fuerzas internacionales han sido creadas para luchar contra la piratería. Sin embargo, los efectos derivados de la creación de estas diferentes flotas antipiraterías tardan a materializarse. Los intentos de captura siguen multiplicándose y las aguas frente a la costa de Somalia siguen siendo muy peligrosas. Las fuerzas navales que realizan sus operaciones en el golfo de Aden, el mar Rojo, el océano Índico y el mar Arábigo, deberían proponerse disuadir y prevenir contundentemente las acciones de piratería, planteándose como objetivo último llevar ante la justicia a los criminales implicados.
Sin embargo, los esfuerzos no se pueden limitar a eso ya que no serían suficientes para resolver el problema de la piratería. La fuerzas navales representan un necesario medio disuasorio, una condicio sine qua non para luchar contra el fenómeno pero no es suficiente. La sola acción disuasiva serviría para evitar que se amplíen las zonas de operaciones de los piratas, pero no eliminarían el problema. Reprimir la piratería es algo más complejo: la piratería se ha convertido en el negocio más próspero de Somalia y una “posibilidad fascinante” para enriquecerse en un país tan pobre. Sólo sirven medidas efectivas: en primer lugar, hay que considerar que representa un problema internacional y que, por lo tanto, requiere una solución internacional, concertada y efectiva. Para empezar, cualquier operación militar contra el territorio somalí debe ser disuasoria. Para ello, tiene que ser creíble; es decir, contundente, como lo han sido algunas operaciones puntuales francesas y la intervención decisiva de una fragata india hace algunas semanas. La guerra “de Gila” de ciertas potencias europeas, por el contrario, más que promover la disuasión, incentiva la agresión. Además de contundente, la intervención militar tiene que ser continuada, debería gestarse en un foro reconocido internacionalmente y llevarse a cabo por una fuerza multinacional. Secundariamente, la solución debe ser también política, ya que el problema comienza en “tierra”: Somalia es su mejor santuario no sólo por la cercanía a las rutas más transitadas del tráfico marítimo, sino por la ausencia de un “autentico Estado”. La comunidad internacional debería preocuparse de crear un Estado somalí negociando con los clanes que forman la trama social del país y con los islamistas. Su certeza jurídica y su efectividad política beneficiarían a todos los actores involucrados en este problema. Por eso, la solución militar debe ser acompañada por nuevas iniciativas diplomáticas y por el interés global de crear un Estado en una tierra de nadie donde la piratería representa una opción atractiva –y posible- para salir de la miseria.