Las agencias de calificación descalificadas
jueves 15 de enero de 2009, 23:42h
El temor reverencial que Standard & Poors, Moody’s y otras agencias de calificación despertaban en gobiernos y empresas de medio mundo ha disminuido considerablemente a raíz de la reciente crisis. Considerados como una suerte de “gurús” económicos, sus informes sobre riesgo crediticio y mercado de capitales eran aceptados sin rechistar. Nadie ponía en duda sus recomendaciones. Hasta que hechos como la crisis de las “hipotecas basura” –que se llevó por delante a los dos gigantes hipotecarios estadounidenses Fanny Mae y Freddie Mac-, los “valores contaminados” o el “caso Madoff” hicieron que más de uno se plantease si realmente las calificaciones estaban bien hechas. A la vista de la actual coyuntura económica mundial, parece que no era así.
Pero el problema no está sólo en sus previsiones erróneas. Por ejemplo, desde el punto de vista europeo, la actual organización fundamentalmente “anglosajona” de los mercados financieros infravalora el peso y la importancia crecientes de la zona de la moneda única. La canciller alemana, Angela Merkel, ha sido una de las voces más cabales en todo este asunto. De hecho, la creación de una agencia de calificación europea figura entre las distintas propuestas que Alemania hizo en el G-8 tras el estallido de la crisis crediticia. Otra de ellas versaba sobre la prohibición a las agencias de que califiquen productos que ellas mismas han ayudado a crear. Y es aquí donde esta el quid de la cuestión. Las agencias, jueces y parte en muchas ocasiones, han tenido una cuota de responsabilidad mayor de la que admiten. Y los resultados a la vista están. Tenían que haber sido conscientes –y probablemente lo estaban, aunque evitaran revelarlo- de lo endeble de muchos de los productos que tenían ante sí. En este sentido, es revelador el ejemplo que puso Angela Merkel: “en comparación con la industria, donde se tiene un profundo conocimiento de los productos que se manejan, los mercados financieros son mucho más opacos”. La claridad sería un buen punto de partida.